Publicado originalmente en 1975, Amor y magia amorosa entre los aztecas: supervivencia en el México colonial es una investigación pionera que combina antropología, etnohistoria, lingüística y estudios de género para reconstruir cómo los aztecas concebían el amor y la atracción, las relaciones afectivas y sexuales, la magia erótica, los rituales para atraer o retener a una pareja y las tensiones entre la moral oficial y las prácticas populares.

Noemí Quezada, quien formó parte del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM (actualmente Instituto de Investigaciones Antropológicas), trabajó con fuentes como el Códice Florentino, los Primeros Memoriales, el Códice Mendocino, así como las crónicas de Sahagún, Durán y Motolinía, además de vocabularios náhuatl del siglo XVI. Con ello demuestra que, pese a la imagen de rigidez moral que suele atribuirse a los aztecas, existía una vida afectiva y erótica rica, compleja y profundamente ritualizada.
La estructura del libro se organiza en tres grandes secciones: “Los dioses del amor en el panteón azteca”, “Marco de referencia de la magia amorosa” y “Las prácticas de magia amorosa entre los mexicas: supervivencias en el México colonial”.
Los dioses del amor en el panteón azteca
En el primer apartado, Quezada analiza cómo el amor y la sexualidad formaban parte esencial de la cosmovisión religiosa azteca. Se centra en tres divinidades principales:
- Xochiquétzal, diosa del amor, las flores, la belleza, el deseo y la fertilidad, protectora de jóvenes, artistas, bordadoras y amantes. Su figura encarna un amor sensual y placentero, pero también advierte sobre los peligros del exceso y la inestabilidad emocional.
- Tlazoltéotl, diosa de la “basura” o lo “sucio”, asociada tanto a los pecados venéreos, el deseo descontrolado y la prostitución, como a la confesión y la purificación sexual. Es una figura ambivalente: causa y remedio, tentación y redención.
- Xochipilli, “el señor de las flores”, dios de la música, el canto, la danza, el juego y el placer sexual, hermano mellizo de Xochiquétzal.
A través de este análisis, la autora construye el marco simbólico que permite comprender el surgimiento de los rituales y la magia amorosa, tema que se desarrolla a profundidad en la tercera sección.

Marco de referencia de la magia amorosa
En la segunda parte, Quezada establece la base teórica y cultural para entender la magia indígena. Esta sección, de carácter más conceptual, define nociones fundamentales —como magia y mago— y examina los fundamentos religiosos y simbólicos que sustentaban estas prácticas. También expone las normas morales y sexuales que delineaban lo virtuoso y lo transgresor, y que influyeron directamente en la valoración social de quienes recurrían a la magia para resolver asuntos amorosos.
Las prácticas de magia amorosa entre los mexicas: supervivencias en el México colonial
Finalmente, la última parte presenta las prácticas de magia amorosa desarrolladas por los aztecas. Encantamientos, uso ritual de plantas, elaboración de amuletos y la intervención de especialistas como hechiceros, curanderos y adivinadores formaban parte de un sistema donde el amor, la pasión y la sexualidad se entendían como fuerzas vinculadas a lo divino y, por tanto, susceptibles de ser ritualizadas.
Documentos inquisitoriales, testimonios de curanderos y descripciones de la época muestran cómo los rituales para atraer o retener a una pareja, las pócimas para despertar el deseo o las prácticas adivinatorias funcionaban como recursos para afrontar conflictos afectivos.

Una obra que invita a explorar
En conjunto, la obra de Noemí Quezada revela que el mundo afectivo y erótico azteca estaba lejos de ser un ámbito marginal o reprimido. Por el contrario, formaba parte integral de la vida social y religiosa, y sobrevivió en diversas prácticas a lo largo del periodo colonial. Su estudio no solo ilumina aspectos poco explorados de la cultura azteca, sino que demuestra la persistencia de imaginarios amorosos que, transformados, continúan resonando en las prácticas populares mexicanas hasta hoy.
