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REALIZAN LEVANTAMIENTO DE SUELOS EN CIUDAD UNIVERSITARIA

  • El campus central de la UNAM es un aula viva que permite fomentar su conservación, así como conocer y documentar funciones ecológicas, dijo Silke Cram Heydrich
  • Se realizará un mapa según su uso, anunció

Para conocer y describir los diversos suelos de Ciudad Universitaria, un grupo de especialistas encabezado por Silke Cram Heydrich, investigadora del Instituto de Geografía (IGg) de esta casa de estudios, realiza un levantamiento de estos para documentar sus funciones ecológicas como soporte de vegetación, hábitat de organismos, infiltración de agua y captura de carbono.

“Los suelos tienen un gran valor que debemos conocer y que nos genera un beneficio a todos los seres vivos; el campus central de la UNAM es un aula viva que nos permite documentar sus funciones
ecológicas y fomentar su cuidado”, afirmó la bióloga y doctora en agronomía, quien también es la secretaria ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA).


Luego documentar los tipos de suelo, se buscará proponer un plan que permita mejorar y mantener sus funciones ecológicas, que son vitales, y evitar seguir sellando con construcciones y pavimento la superficie, adelantó la especialista.

También se realizará un mapa de suelos según sus diversos usos: los naturales, que son soporte de vegetación originaria y están en la REPSA (área protegida dentro de Ciudad Universitaria) y en los pedregales remanentes; los modificados, ubicados en jardines y camellones con una función de recreación; y los sellados o tapados con cemento, que anulan sus funciones ecológicas, explicó Cram Heydrich en entrevista.

La científica reconoció que la superficie sellada domina, pues hay más suelos tapados con cemento que naturales o ajardinados. Los naturales, que no han sido modificados por el ser humano, son leptosoles que se desarrollan sobre la roca volcánica, es decir, jóvenes y muy someros y pedregosos caracterizados por tener roca dura cerca de la superficie, a menos de 25 centímetros de profundidad, detalló.

En tanto, los tecno-suelos han sido creados por el ser humano, rellenando los pedregales con cascajo, residuos y otros materiales para obtener superficies planas en las que se pone pasto y otras especies
exóticas ornamentales.

La Ciudad Universitaria se construyó sobre el derrame lávico del volcán Xitle, en el sur de la Ciudad de México, que hizo erupción hace mil 700 años. En el proceso cubrió una superficie de 80 kilómetros cuadrados y tapó parcialmente la antigua ciudad de Cuicuilco y dejó flujos de lava en la zona del Pedregal de San Ángel. Ese lapso es poco tiempo para que se desarrolle un suelo profundo, se requieren miles de años para contar con ellos.

Aun así, el natural somero cumple dos funciones importantes: soporta una vida silvestre nativa muy diversa e infiltra toda el agua de lluvia.

En esos procesos de génesis se conoce su origen y formación. Se va descomponiendo la roca y forma un patrón en el suelo que identificamos por capas u horizontes. El más superficial acumula mayor materia orgánica, está más oscuro y húmedo. Van variando las características hasta llegar a la roca o sustrato que formó el suelo y entonces podemos identificar diferencias.

Con estudios en suelos urbanos desde 2008, la experta cuenta con un proyecto PAPIME donde promueve, además de la investigación, prácticas de campo para estudiantes con el fin de hablar sobre los suelos en las ciudades y la necesidad de cuidarlos.

Tecno-suelos, abundantes

Cram Heydrich manifestó que la superficie de la lava es rugosa. Para obtener una superficie plana se le puso un sustrato y se sepultó el suelo natural, obteniendo uno artificial llamado tecno-suelo.

Las urbes tienen muchos que cumplen algunas funciones ecológicas. “Necesitamos describir sus funciones y cómo lo hacen, pues hay algunos formados hace 70 años, desde que empezó la construcción de Ciudad Universitaria, pero hay otros más jóvenes, que recién sepultados
no cumplen aún las mismas funciones ecológicas”.


Para ver y tomar muestras de las zonas con construcciones, Cram Heydrich y su grupo aprovechan reparaciones que se están haciendo en CU para mejorar la red del agua y drenaje, que requieren zanjas para ver lo que hay bajo el pavimento.

Precisó que en campo en las áreas ajardinadas hacen calicatas (hoyos) para observar el suelo; detectan qué horizontes tiene, describen características como porosidad, color, dureza, pH y qué cantidad posee
de arcilla, arena y limo (sedimento compuesto por partículas de roca y minerales). También hasta dónde y cómo crecen las raíces de las plantas y con qué materiales se rellenaron los sitios.


En el laboratorio realizan análisis de las muestras para saber la cantidad de materia orgánica y otras características que permitan complementar la información de campo para decir cómo está funcionando.


La especialista apuntó que desarrollarán un manual de prácticas que puedan llevarse a cabo con alumnas y alumnos en CU, e incluirá consejos sobre el cuidado y manejo del suelo. Por ejemplo, no barrer la hojarasca que cae de los árboles, pues es como una piel que lo protege, mantiene a los organismos que allí habitan y evita su degradación.


Otra propuesta es estudiar los paleosuelos, suelos antiguos que fueron tapados por el derrame lávico y que pueden apreciarse en algunas zonas. “Es un recurso valioso porque nos cuenta la historia de nuestros antepasados. Hay que cuidar y proteger esos sitios, que sean lugares para visitar, informarse y crear consciencia de la importancia del suelo que pisamos”, finalizó.