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La venta del chivo prieto, de Laura Méndez de Cuenca

En esta novela breve se nos cuenta cómo la ambición por encima de todo y el amor filial ciego llevan a un desenlace inesperado.

Con la llegada al pueblo de Las Palmas, en Veracruz, de Severiana, una gachupina “de pelo en pecho, pizpireta, graciosa, de corta estatura y ojos muy decidores; oriunda de Burgos donde un peón caminero la había recogido del lecho de su madre moribunda. Huérfana, había crecido a la merced de Dios, como los cardos del monte: erizada, fuerte, salvaje. Al cumplir catorce años, el peón la puso a servicio en una familia de alemanes que no tardaron en emigrar a América llevando consigo a la rapaza. Se establecieron en Cuba”, y de ahí la Severiana llegó a Las Palmas, donde le llenó el ojo a un rico heredero, quien “sin distingos ni reparos, por conquistarla, dio al traste con su hacienda y votó al demonio el respeto social y el decoro”, y se casó con ella.

Con La Venta del Chivo Prieto (1902), su autora pone en práctica sus habilidades como cronista y su capacidad de síntesis al configurar con pocos elementos el espacio donde ocurre la historia; con unos cuantos trazos nos ofrece la suficiente información sobre la vida de los personajes para que imaginemos lo que son capaces de hacer.

En su Antología de poesía mexicana 1810-1914 (Promexa, 1979), José Emilio Pacheco hace un recuento sobre nuestra autora: “Novia de Manuel Acuña, viuda de Agustín F. Cuenca y en sus versos única discípula del ‘Nigromante’, Laura Méndez escribió una desconocida poesía que nada tiene en común con lo que en su época se esperaba de las mujeres. ‘Nieblas’ es una prueba de su excelencia. Persona de insaciable curiosidad intelectual que aún hacia 1925 asistía como oyente a las clases que daban en la Facultad de Altos Estudios los jóvenes poetas como Salvador Novo. Laura Méndez de Cuenca fue sobre todo una de las primeras y más activas feministas mexicanas. Dio clases en la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres y dirigió en Toluca la Normal para profesoras. Representó a México en muchos congresos internacionales de educación, colaboró en los periódicos revolucionarios…”.

Laura Méndez de Cuenca escribió La Venta del Chivo Prieto en diciembre de 1902, en Saint Louis, Missouri; en 1910 apareció en el volumen de cuentos Simplezas (Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas / Librería de Paul Ollendorff, París), que fue reeditado en 1984 por el Instituto Nacional de Bellas Artes y la editorial Premià en la colección La Matraca. En 1991 apareció en la colección de cuentos de diversos autores Las voces olvidadas, y en 2006 en Impresiones de una mujer a solas.

Esta edición del Instituto de Investigaciones Filológicas en su colección La Novela Corta. Una Biblioteca Virtual, en su serie Novelas en Tránsito, apareció en 2018.

Publicada en el clima intelectual del fin de siglo mexicano, la obra refleja el pensamiento positivista y su idea de que el ambiente —el calor, la pobreza y el aislamiento cultural de Las Palmas— determina la conducta humana. Méndez de Cuenca aprovecha este marco para mostrar cómo un medio social cerrado y sin educación formal puede incubar tragedias y resentimientos.

Asimismo, adopta recursos del suspenso anglosajón: el lector sabe más que los personajes y presiente la tragedia, pero la autora evita juicios morales y retrasa la revelación final para que el horror llegue de golpe. Este manejo del tiempo narrativo y de la tensión emparenta el relato con la narrativa breve de Edgar Allan Poe.

La figura de Severiana es especialmente compleja: mujer huérfana y marginada que desafía el modelo de madre abnegada. Su amor feroz por Máximo se mezcla con avaricia y ambición social, rasgos que desestabilizan los ideales femeninos de la época y que dialogan con el espíritu feminista y transgresor de la autora.

La recuperación digital de 2018 forma parte del esfuerzo de la UNAM por rescatar narrativa breve olvidada y visibilizar la aportación de escritoras mexicanas del siglo XIX y principios del XX, antes marginadas por el canon.