Conoce a Sceloporus grammicus, una aliada ecológica en la UNAM
En los jardines de Ciudad Universitaria, entre grietas, rocas y árboles, habita un pequeño reptil que parece confundirse con el paisaje y cumple un papel vital en el ecosistema urbano: la lagartija de escamas del mezquite (Sceloporus grammicus).

Una vecina habitual del pedregal
Alejandra Alvarado Zink, divulgadora de la DGDC UNAM, la describe como una de sus especies favoritas por la frecuencia con la que la visita.
“Ya tenemos cita”, bromeó.
Esta especie, también conocida como lagartija mezquiteña, es originaria de México y del sur de Estados Unidos, y puede encontrarse desde Texas y Chihuahua, hasta Guerrero y Oaxaca.
En Ciudad Universitaria encuentra un hábitat ideal, gracias a la arquitectura del paisaje y a las condiciones del pedregal:
“Le encantan las rocas, los jardines con vegetación silvestre y las grietas entre los edificios”, contó la maestra Alvarado.
Escamas, color y camuflaje
Su nombre común se debe a las pequeñas escamas quilladas, como tejas diminutas que cubren su cuerpo. Aunque su color grisáceo las camufla bien con el entorno, los machos suelen tener un vistoso color azul verdoso en el vientre.
Estas coloraciones vibrantes no solo son un deleite visual, sino también una señal de salud y fertilidad.
Lagartijas vivíparas: una rareza evolutiva

Además de su apariencia, esta lagartija destaca por una característica evolutiva fascinante: es vivípara. A diferencia de otros reptiles que ponen huevos, Sceloporus grammicus da a luz crías vivas, lo que les permite sobrevivir mejor en ambientes cambiantes como los del pedregal.
“Durante la lluvia, mamá lagartija se mete en una cuevita, y ahí lleva integrados a sus hijos”, explica Zink.
Cada hembra puede parir entre dos y doce crías. Dependiendo de las condiciones ambientales y la disponibilidad de alimento, puede reproducirse estacionalmente o durante todo el año.
Esta “plasticidad reproductiva” ha despertado el interés de investigadores, que estudian cómo el ambiente influye en la biología de estos reptiles.
Un insecticida natural… sin químicos
Más allá de su encanto visual y capacidades biológicas, las lagartijas de escamas cumplen una función esencial como controladoras naturales de plagas.
“Es como tener tu propio insecticida portátil, pero sin toxicidad”, dijo Alvarado Zink.
Se alimentan de hormigas, polillas, arañas y otros insectos. Además, su presencia indica buena salud ambiental, ya que son bioindicadores que reflejan la calidad del ecosistema donde habitan.
Su abundancia habla bien del equilibrio ecológico del campus.
¿Cómo proteger a estas aliadas?
Aunque no están en peligro de extinción, la maestra enfatizó la importancia de mantener condiciones propicias para su supervivencia.
“Hay que evitar plaguicidas y herbicidas, circular con precaución dentro del campus y no tirar basura en las áreas verdes”, insiste.
En Ciudad Universitaria, el respeto a los límites de velocidad también protege a la fauna local, incluidas estas pequeñas vecinas escamosas.
Un llamado a la observación consciente
Por último, la divulgadora invitó a conocer la biodiversidad que nos rodea:
“Es padre poder decir quién es quién en el mundo de los animalitos”, concluye con entusiasmo.
En tiempos de urbanización creciente, reconocer y valorar especies como Sceloporus grammicus es un primer paso para conservar los equilibrios ecológicos que aún subsisten en medio del concreto.
