En un patio escolar, un grupo de estudiantes observa con atención cómo un pequeño edificio de plástico comienza a vibrar. No se trata de un juguete ni de un experimento improvisado. Es una réplica estructural que permite comprender, en cuestión de segundos, uno de los fenómenos físicos más complejos que enfrenta México cada año: los terremotos.
La escena forma parte del Laboratorio Itinerante (LabIt), una iniciativa desarrollada en el Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México que busca llevar la ciencia de los sismos fuera de los laboratorios especializados y acercarla directamente a estudiantes y público en general.
Desde su creación en 2022, el proyecto ha tenido un objetivo claro: cerrar la brecha entre la complejidad matemática de la ingeniería sísmica y la comprensión cotidiana de cómo se comportan los edificios durante un terremoto.
La ciencia de los sismos, explicada con un edificio en miniatura
El corazón del laboratorio es una mesa vibradora portátil, un dispositivo capaz de reproducir movimientos sísmicos a pequeña escala. Sobre ella se colocan modelos de edificios impresos en 3D que permiten observar cómo cambian su comportamiento dependiendo de su altura, de la distribución de masas o de su rigidez estructural.


Cuando la plataforma comienza a moverse, el fenómeno ocurre ante los ojos del público. Algunos modelos resisten el movimiento; otros se deforman o amplifican la vibración. Lo que normalmente se explica mediante ecuaciones de dinámica estructural se convierte así en una experiencia tangible.
La mesa fue diseñada y fabricada por el propio equipo universitario. En el mercado internacional, un dispositivo similar puede costar alrededor de 800,000 pesos, sin incluir gastos de importación. Ante ese obstáculo, los investigadores optaron por desarrollar una alternativa propia de menor costo y orientada a fines educativos.
El resultado fue un sistema portátil que incluso obtuvo registro de diseño industrial ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), consolidando su carácter innovador.
Aprender ciencia tocándola
A diferencia de los grandes laboratorios sísmicos, instalaciones complejas y costosas, el LabIt está pensado para viajar. Su modelo móvil permite montar demostraciones en escuelas, museos y espacios públicos.

En cada presentación, los asistentes no solo observan. También interactúan con los modelos, modifican configuraciones estructurales y analizan cómo cambia la respuesta del sistema.
Este enfoque transforma el aprendizaje. En lugar de memorizar conceptos como resonancia, rigidez o masa estructural, los estudiantes pueden ver cómo estos principios influyen directamente en el comportamiento de un edificio durante un sismo.
El laboratorio combina tres dimensiones fundamentales:
- desarrollo tecnológico
- formación académica
- divulgación científica
Ciencia que sale del campus
Desde su inicio, el Laboratorio Itinerante ha realizado más de 40 demostraciones públicas y ha interactuado con más de 2,500 personas en distintos estados del país, entre ellos Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Guanajuato y Guerrero.
El proyecto también ha participado en congresos de ingeniería, actividades educativas y eventos internacionales, incluidas presentaciones ante comunidades científicas y museos en Estados Unidos.
Para los investigadores, el impacto va más allá de la enseñanza.
Comprender cómo funcionan los edificios durante un sismo también reduce la ansiedad social ante estos fenómenos y fortalece la cultura de prevención, un aspecto especialmente relevante en un país con intensa actividad sísmica como México.
Un laboratorio que también forma ingenieros
El proyecto no solo acerca la ciencia al público. También funciona como plataforma académica. Un ejemplo es la reciente titulación de un estudiante de ingeniería civil cuya tesis se centró en el desarrollo de modelos didácticos para enseñar vibración estructural mediante impresión 3D.
En ese sentido, el laboratorio cumple una doble función: comunicar ciencia y, al mismo tiempo, generar nuevo conocimiento.
La mayor dificultad de muchas disciplinas científicas es su abstracción. La ingeniería sísmica, basada en ecuaciones diferenciales y modelos matemáticos complejos, suele resultar inaccesible para quienes no están especializados en el tema.
El Laboratorio Itinerante propone lo contrario. Convertir esas ecuaciones en movimiento visible.
Cuando un modelo de edificio comienza a oscilar sobre la mesa vibradora, la física deja de ser un concepto abstracto. Se convierte en una experiencia directa que revela algo fundamental: detrás de cada edificio seguro hay décadas de investigación científica.
Y esa ciencia también puede viajar.
