Explora unam global tv
Explora unam global tv
explorar
Explora por categoría
regresar

Kukulkán, Quetzalcóatl y la serpiente de luz

Un puente entre el cielo y la tierra en la cosmovisión mesoamericana

Cuando el sol desciende en los equinoccios sobre la escalinata norte de Chichén Itzá, una serpiente de luz y sombra baja lentamente del cielo al mundo terrenal. Es Kukulkán, la deidad emplumada que adoraban los mayas.

¿Qué significa Kukulkán?

En entrevista para UNAM Global, Tomás Pérez Suárez, investigador del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas, explicó que para entender la palabra Kukulkán hay que remontarse a Mesoamérica, desde tiempos olmecas.

La palabra Kukulkán proviene del idioma maya: k’uk’, que significa “pluma” o “plumaje”, y kan, que significa “serpiente”; es decir, serpiente emplumada. En la cultura mexica también existía el dios Quetzalcóatl, cuyo nombre deriva del náhuatl quetzal (ave de plumas verdes brillantes) y coatl (serpiente). Ambos conceptos remiten a la misma figura simbólica.

Un mito muy antiguo

Kukulkán representa un dragón mitológico, un ser que no existe en la naturaleza, sino que está compuesto por elementos de distintos animales, lo cual le confiere un profundo simbolismo. Las plumas se asocian con el cielo; la serpiente, al arrastrarse, con la tierra.

Kukulkán es un ser que conecta el cielo con la tierra.

“Seguramente han escuchado ese concepto en el cristianismo, pero es muy antiguo y proviene también de los tiempos olmecas”, señala el investigador.

Este ser es conocido como el monstruo cósmico o dragón olmeca, una deidad que sintetiza los tres planos del universo: cielo, tierra e inframundo. Los olmecas fueron los primeros en representarlo gráficamente, aunque probablemente ya formaba parte del bagaje cultural compartido desde tiempos remotos, quizá desde los pueblos siberianos que migraron a América.

El concepto del dragón —un reptil con alas que vuela y se arrastra— no es exclusivo de una sola cultura. Se trata de arquetipos universales, estructuras mentales comunes a toda la humanidad.

El monstruo de todas las capacidades

Siempre ha existido la idea de un “arriba” y un “abajo”, con los humanos habitando en el medio. Así, un ser que puede transitar por todos los niveles del cosmos debe poseer un aparato locomotor especial.

“En las religiones occidentales, eso se convierte simplemente en un acto de fe”, añade el experto.

El dragón olmeca estaba provisto de garras, manos y alas, lo que el estudioso Miguel Covarrubias denominó el “monstruo de todas las capacidades”, ya que podía sujetar, volar y desplazarse por los diferentes ámbitos del universo.

Esta deidad originada entre los olmecas suele portar un símbolo en forma de “X”, conocido como cosmograma: representa un plano vertical dividido en tres niveles (cielo, tierra, inframundo) y un plano horizontal que marca los cuatro rumbos del universo.

El Sol siempre sale por el este y se oculta por el oeste; el norte y el sur se asocian con lo superior y lo inferior.
“En la visión cristiana, sería el equivalente a decir que Dios está en todas partes.”

Los olmecas compartieron este sistema simbólico e ideológico con gran parte de Mesoamérica. Durante el periodo Posclásico, hacia el año 1000 d.C., tras el colapso de las culturas mayas, emerge la ciudad de Tula.

Quetzalcóatl: el héroe cultural

La cultura tolteca de Tula desarrolló al máximo el concepto de la serpiente emplumada. En su lista de gobernantes aparece Quetzalcóatl, por lo que es necesario distinguir entre tres figuras:

  1. El personaje mítico.
  2. El personaje histórico.
  3. El personaje legendario.

El mítico proviene de tiempos olmecas. Ya entre los mexicas se habla de Ometéotl, la deidad suprema dual, compuesta por Omecíhuatl (parte femenina) y Ometecuhtli (parte masculina). Esta pareja de dioses crea el cosmos y luego se retira a lo más alto del cielo. Para interactuar con el mundo, crean dioses intermediarios, como sus hijos: Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Huitzilopochtli y Xipe Tótec.

Quetzalcóatl cumple el papel de héroe cultural: entrega beneficios a la humanidad, baja al inframundo para recuperar los huesos de generaciones pasadas y, con la sangre de su propio cuerpo, da forma a los nuevos seres humanos.

A lo largo de los mitos, mantiene una constante confrontación con su hermano Tezcatlipoca.

Kukulkán en la región maya

Las primeras referencias escritas a Kukulkán provienen de Fray Bartolomé de las Casas, aunque su significado es confuso. La palabra no aparece en los jeroglíficos mayas; se conoce principalmente gracias a fuentes etnohistóricas del siglo XVI.

Sin embargo, sí existen representaciones gráficas de serpientes emplumadas desde tiempos muy antiguos, lo que indica que la idea ya estaba presente desde la cultura olmeca.

Curiosamente, Kukulkán y Quetzalcóatl significan lo mismo en sus respectivos idiomas, lo que ha llevado a pensar que hubo una influencia militar o cultural del altiplano central —posiblemente de Tula— en la región maya, que habría impuesto una nueva ideología durante el periodo Posclásico.

No obstante, eso no significa que el concepto no existiera antes en el área maya. Probablemente ya lo conocían, aunque con otro nombre o forma, posiblemente a través del contacto previo con los teotihuacanos.

La serpiente de luz de Chichén Itzá

En Chichén Itzá se encuentra la iconografía más rica de Kukulkán: columnas y pilares con formas serpentinas, cabezas de serpiente que sostienen los dinteles del cielo.

Este ser actúa como medio de comunicación entre los distintos niveles del cosmos.

Durante los equinoccios, se observa un fenómeno único: una serpiente de luz y sombra desciende por la escalinata del templo, simbolizando el contacto entre el cielo y la tierra.

“Logra esa comunicación entre los dos niveles del cosmos —concluye el especialista—, y de ahí surge el concepto de que Dios está en todas partes, como lo entendemos en Occidente, tanto en el cielo como en la Tierra.”