José Juan Tablada: modernidad, poesía visual y legado
Leer hoy a José Juan Tablada es volver a uno de los momentos decisivos en la construcción de la modernidad literaria mexicana. Poeta, cronista, diplomático, crítico de arte y pionero del japonismo en lengua española, Tablada nació en la Ciudad de México, atravesó los paisajes de su infancia en Tlaxcala y Puebla, participó en la bohemia modernista, se exilió tras la Revolución y terminó sus días en Nueva York, antes de que sus restos fueran trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres en 1946. Ese trayecto —intenso, contradictorio, cosmopolita— late en el Material de Lectura que la UNAM le dedica, un volumen que permite seguir la huella de un escritor siempre en movimiento.

El tomo reúne los distintos rostros de Tablada: el modernista, el miniaturista, el japonista, el vanguardista, el cronista urbano y el observador de la naturaleza. La presentación de Héctor Valdés ilumina ese tránsito y propone una lectura que reconoce, en la obra del poeta, una permanente tensión entre tradición y ruptura: de los ecos franceses a la reconfiguración visual del verso; de la sensualidad modernista a la síntesis extrema de los haikús.
La primera parte del volumen recupera al Tablada inicial, cuyos poemas —“En el parque”, “Comedieta”— revelan el gesto pleno del modernismo: escenarios pictóricos, delicadeza sensorial, erotismo apenas velado. Aun así, incluso en estos textos tempranos aparece la vocación visual que definirá su obra futura: sus versos se comportan como pinceladas que iluminan y encuadran, anticipando la conversión del poema en objeto plástico.
El cambio decisivo ocurre con su estancia en Nueva York y su acercamiento a las estéticas orientales. En los ideogramas, madrigales ideográficos y haikús incluidos en el tomo, Tablada no se limita a imitar formas extranjeras: las incorpora como una estructura de pensamiento. La síntesis, la intuición y el vacío operan como principios poéticos. El poema dedicado a Hokusai —uno de los núcleos del volumen— integra paisaje, luz y movimiento para fundar una nueva relación entre poesía e imagen.
Otro de los ejes del libro es el bestiario: sapos, libélulas, loros, pijijes y ruiseñores, tratados como miniaturas que combinan ironía, observación naturalista y humor. Estos textos no buscan la estampa costumbrista: son ejercicios de mirada que descubren mundos en gestos mínimos. “Los zopilotes” invoca el México ritual; “El loro”, la melancolía doméstica atravesada por la sátira.
A ello se suma el Tablada urbano, cosmopolita, atento a los artificios de la modernidad. Automóviles descritos como “dragones cubistas”, la figura luminosa de la Bella Otero, las multitudes de la Quinta Avenida: la ciudad se convierte en un laboratorio de imágenes rápidas, eléctricas, en diálogo con las vanguardias europeas.
El volumen también recuerda al Tablada periodista y crítico, cuya labor fue decisiva para la proyección internacional del arte mexicano. Desde Nueva York difundió la obra de Miguel Covarrubias, del Dr. Atl o de Diego Rivera; escribió sobre muralismo, estética oriental, cine, música y cultura urbana, y se convirtió, sin proponérselo, en un puente intelectual entre México, Estados Unidos y Asia. Su crítica y su mirada cosmopolita complementan al poeta que transforma la página en un espacio visual.
En Material de Lectura se muestra, en conjunto, a un autor refractario a las etiquetas: modernista, vanguardista, satírico, místico, visualista. En su obra conviven la contemplación y la burla, el exotismo y la crítica, la erudición y la sencillez. Por eso, como señaló Octavio Paz, Tablada fue “el poeta más joven”: un escritor que se reinventó a sí mismo en cada etapa, siempre en busca de una imagen más pura y más exacta.
El legado del poeta permanece vivo en la UNAM, que resguarda manuscritos, ediciones tempranas y archivos fundamentales para su estudio. Este volumen dialoga con esa labor crítica: abre la puerta a nuevos lectores y recuerda que Tablada sigue interpelando la literatura contemporánea desde el cruce entre tradición, modernidad y asombro.
