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Jimena: de estudiante de Veterinaria a La Flor Más Bella del Ejido para cuidar Xochimilco

Jimena Chávez Rivas ama los animales, la naturaleza y la tierra que la vio nacer en Xochimilco. Estudiante del décimo semestre de la licenciatura en Medicina Veterinaria y Zootecnia en la UNAM, recientemente obtuvo el segundo lugar en el certamen La Flor Más Bella del Ejido, uno de los encuentros culturales más emblemáticos de su tierra natal. Para ella, la ciencia y la cultura no son caminos separados, sino dos formas de servir a su comunidad.

Su vocación nació cuando era niña. Durante una visita al Museo Dolores Olmedo observó a un veterinario con los xoloitzcuintles. Intrigada, le preguntó qué había estudiado para poder convivir con aquellos animales.

«Me respondió que veterinaria y que su trabajo era jugar con los xolos. En ese momento pensé que podía dedicar mi vida a algo que disfrutara profundamente», recuerda entre sonrisas. Años después, está a punto de concluir la carrera.

Jimena creció entre los canales, las chinampas y las tradiciones de Xochimilco. Su familia le transmitió desde pequeña el valor de las fiestas patronales, la historia de los pueblos y el respeto por la naturaleza. Su madre solía contarle historias sobre aves, flores y animales, relatos que despertaron en ella el deseo de proteger ese patrimonio natural y cultural.

«Desde pequeña tuve muy claro que quería aportar algo a la tierra que me vio nacer», afirma.

Hoy espera hacerlo como médica veterinaria. Su objetivo no solo es cuidar la salud de los animales, sino también acercar el conocimiento científico a las personas para que comprendan y protejan la biodiversidad de Xochimilco.

La ciencia también puede contarse con historias

Durante su formación universitaria comprendió que el conocimiento científico solo transforma cuando logra llegar a la sociedad.

Por ello escribió un libro de cuentos infantiles inspirado en la fauna de la zona lacustre de Xochimilco en el que aparecen especies poco conocidas más allá del ajolote, como la carpa barrigona y el martín pescador.

«No puedes cuidar algo que no amas. Yo quiero que la gente se enamore de los animales, de la flora y de la fauna de la región para que quiera protegerlos».

Incluso en la Universidad ha buscado unir el conocimiento científico a las expresiones culturales. En una exposición sobre caprinocultura presentó un bordado inspirado en la tradición del tenango para explicar la relación entre las comunidades y la crianza de cabras, una experiencia que le confirmó que la ciencia también puede comunicarse mediante el arte.

Una flor que representa mucho más que un certamen

Jimena comenzó a participar en La Flor Más Bella del Ejido hace cuatro años, impulsada por la curiosidad. Quería descubrir qué representaba ese certamen del que tanto había escuchado hablar en Xochimilco. Con el tiempo descubrió que se trataba de mucho más que un concurso.

Durante las capacitaciones, las participantes conocen la historia de los ejidos, las tradiciones, la milpa, los mercados, el patrimonio cultural y natural de la Ciudad de México, además de preparar un discurso sobre temas sociales, históricos o culturales.

El atuendo tradicional que portan también está lleno de simbolismos. Confeccionado artesanalmente, representa al altiplano central; sus collares están elaborados con semillas y los aretes son de filigrana; las trenzas indican el estado civil de cada participante, mientras los bordados reflejan la creatividad y la identidad de quien los porta.

En su caso, decidió incorporar elementos que representan dos de sus grandes pasiones: la talavera y los animales.

«Siempre busco transmitir algo con cada atuendo. La talavera y los animales son dos cosas que amo.»

Perseverancia que dio frutos

Jimena participó cuatro años consecutivos en el certamen porque, más que buscar una corona, regresaba por las amistades, el aprendizaje y la posibilidad de impulsar proyectos comunitarios junto a otras jóvenes.

«Se volvió una tradición en mi familia. Nadie había participado antes y, sin quererlo, todos terminaron emocionándose conmigo».

Este año obtuvo el segundo lugar, un resultado que, asegura, nunca esperó. «Yo incluso le pedí a mi mamá un cambio de ropa porque pensé que cuando terminara el concurso me cambiaría para quedarme a apoyar a la ganadora».

Su discurso estuvo dedicado a la manera en que, desde la medicina veterinaria, puede contribuir a preservar el patrimonio natural de Xochimilco y acercar ese conocimiento a niñas y niños.

Durante la final respondió que una corona no hace más valiosa a una mujer. «Cualquier mujer puede lograr grandes cosas. Yo he conseguido muchas sin una corona, y seguiré haciéndolo».

Llevar a la UNAM de regreso a su comunidad

Jimena considera que estudiar en la UNAM le abrió oportunidades que muchas generaciones anteriores no tuvieron. «Agradezco a la Universidad porque me ha dado las herramientas para regresar ese conocimiento a mi comunidad».

Cuando termine la carrera espera trabajar tanto en la medicina veterinaria como en proyectos de divulgación científica y educación ambiental dirigidos a niñas y niños de Xochimilco.

Su mayor sueño, dice, es que las nuevas generaciones aprendan a valorar la riqueza natural que las rodea.

«Quiero que la gente vea a Xochimilco con mis ojos porque cuando amas algo, entonces quieres cuidarlo».