En los últimos años, los incendios forestales en México han superado el millón de hectáreas afectadas anualmente, un fenómeno que diversos especialistas relacionan con el cambio climático. A medida que aumentan las temperaturas globales y se modifican los patrones de lluvia, las condiciones que favorecen la aparición y propagación del fuego en los bosques se vuelven más frecuentes.

Sequías más prolongadas, olas de calor más intensas y vegetación más seca incrementan la vulnerabilidad de los ecosistemas forestales. Al mismo tiempo, los incendios contribuyen a agravar el cambio climático. Cuando grandes extensiones de bosque se queman, liberan enormes cantidades de dióxido de carbono (CO₂) y otros gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esto reduce además la capacidad de los bosques para absorber carbono en el futuro, generando un ciclo en el que el cambio climático favorece los incendios y estos, a su vez, intensifican el calentamiento global.
Comprender esta relación es fundamental para desarrollar estrategias de prevención, manejo forestal y políticas ambientales que permitan proteger los ecosistemas, la biodiversidad y las comunidades humanas que dependen de ellos.
El contexto actual de incendios en México
Para dimensionar la magnitud del problema, los registros oficiales muestran la evolución de los incendios forestales en México durante los últimos años.
| AÑO | INCENDIOS FORESTALES | HÉCTAREAS AFECTADAS |
| 2011 | 12,113 | 956,404.80 |
| 2012 | 7,282 | 347,901.37 |
| 2013 | 10,406 | 413,593.99 |
| 2014 | 5,325 | 155,533.52 |
| 2015 | 3,809 | 88,538 |
| 2016 | 8,422 | 275,391 |
| 2017 | 8,896 | 726,361 |
| 2018 | 6,970 | 488,161.87 |
| 2019 | 7,410 | 633,678 |
| 2020 | 5,913 | 378,928 |
| 2021 | 7,337 | 660,734.57 |
| 2022 | 6,719 | 735,206 |
| 2023 | 7,611 | 1,047,493 |
| 2024 | 8,002 | 1,672,216 |
| 2025 | 7,016 | 1,230,212 |
| *2026 | 1,238 | 57,576 |
Los datos más recientes de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR) muestran cifras significativas. En 2024 se registraron más de 8 000 incendios forestales que afectaron alrededor de 1.67 millones de hectáreas, la mayor superficie dañada desde que se llevan registros sistemáticos. Esto representa un aumento cercano a 60 por ciento respecto a 2023.
Los reportes oficiales de 2025 también indican una situación crítica. Durante ese año se registraron miles de incendios que quemaron más de un millón de hectáreas en el país, con varios estados del norte y centro de México entre los más afectados.
https://www.facebook.com/PINCCDELAUNAM/videos/1404603000856755
La propia CONAFOR ha relacionado las condiciones climáticas extremas, como sequías persistentes y temperaturas elevadas, con la mayor severidad de los incendios registrados en años recientes.
Para analizar este fenómeno en el contexto nacional, el Dr. Diego Pérez Salicrup, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad (IIES) de la UNAM, abordó el tema en la conferencia “El cambio climático y la ocurrencia de fuegos en México: ¿la cosa está que arde?”.
El investigador explicó que el aumento de las temperaturas, las variaciones en los patrones de precipitación y las sequías más intensas están modificando la frecuencia, intensidad y extensión de los incendios forestales en el país.
“El cambio climático apunta hacia un escenario caracterizado por mayores temperaturas y menor humedad, condiciones que, en términos generales, favorecen la ocurrencia y la intensidad de los incendios forestales. Aunque esta relación es compleja y depende de múltiples factores ecológicos y sociales, constituye uno de los ejes centrales para comprender las tendencias actuales de los incendios en México”, comentó.
Interpretar correctamente los datos
Para Pérez Salicrup también es fundamental interpretar adecuadamente los datos ambientales. Observar un aumento en el número de incendios no siempre significa que la situación sea necesariamente peor. Para entender el fenómeno es necesario considerar múltiples variables, como la superficie afectada, la severidad de los eventos, el contexto climático y las variaciones entre años.
Cambios en la escala de los gráficos o en la forma de presentar la información pueden generar percepciones exageradas de catástrofe si no se analizan todos los factores involucrados.
Una interpretación incorrecta puede incluso conducir a estrategias inadecuadas, como intentar eliminar por completo el fuego de los ecosistemas. Durante décadas, en Estados Unidos se aplicó una política orientada a suprimir todos los incendios, incluso aquellos de origen natural o manejados tradicionalmente por comunidades locales.

Aunque la intención era proteger los bosques, esta estrategia produjo un efecto inesperado. La acumulación de hojas, ramas y vegetación seca incrementó la cantidad de combustible disponible en los ecosistemas.
Como resultado, cuando finalmente ocurre un incendio, este suele ser mucho más intenso y difícil de controlar. Por ello, cada vez más especialistas coinciden en que aprender a convivir con el fuego y manejar ciertos incendios de forma controlada puede ser una estrategia más segura y ecológicamente adecuada.
Beneficios ecológicos y perjuicios del fuego
Esta perspectiva ha llevado a replantear la manera en que se entiende el fuego en los ecosistemas.
Desde un punto de vista ecológico, el fuego constituye un disturbio natural presente en numerosos ecosistemas desde hace miles de años. Puede modificar la estructura de la vegetación, liberar nutrientes almacenados en la biomasa, abrir nichos ecológicos y favorecer procesos de regeneración natural.
Sin embargo, en los socioecosistemas el fuego también tiene implicaciones sociales y económicas importantes. Los incendios forestales pueden afectar el bienestar de las poblaciones, las actividades productivas, la calidad del aire y la salud pública.
Asimismo, a lo largo de la historia las sociedades humanas han utilizado el fuego como una herramienta para modificar y manejar el paisaje. Se emplea en prácticas tradicionales como la preparación de terrenos agrícolas, el manejo de pastizales, la eliminación de residuos vegetales y diversas actividades productivas.
Políticas y manejo del fuego en México
El fenómeno de los incendios forestales es complejo. Por ello, las políticas de manejo del fuego han comenzado a evolucionar.
En México existen programas orientados a:
• coordinar esfuerzos interinstitucionales para la prevención de incendios
• rehabilitar paisajes afectados
• construir brechas cortafuego
• realizar quemas prescritas bajo control técnico
• capacitar a comunidades locales en el manejo del fuego
Estas acciones buscan reducir tanto la vulnerabilidad de los ecosistemas forestales como la de las poblaciones humanas.
Estudio de caso: Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca
Un ejemplo que permite comprender la interacción entre fuego, comunidades y ecosistemas se encuentra en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca.
El Dr. Diego Pérez Salicrup y su equipo han desarrollado investigaciones extensas en esta región para entender la estacionalidad de los incendios, las fuentes de ignición y las formas en que las comunidades locales manejan el fuego.
La región presenta una marcada estacionalidad. La época de lluvias ocurre de mayo a octubre, seguida de la temporada seca de noviembre a mayo. El periodo crítico de incendios coincide con los meses más secos y cálidos, entre febrero y mayo.
El análisis de las comunidades locales reveló que casi ningún incendio registrado en los últimos diez años ha sido de origen natural. El fuego se utiliza principalmente con fines agrícolas, para producir forraje, manejar bosques o mantener caminos y canales.
Estas prácticas dependen de conocimientos transmitidos de generación en generación y suelen realizarse bajo un control cuidadoso.
El estudio de 17 localidades dentro de la reserva mostró que las quemas agrícolas, cuando se realizan adecuadamente, no afectan de forma significativa la migración de la mariposa monarca ni generan incendios forestales importantes.

Necesario ir a fondo
Este tipo de estudios locales forma parte de un esfuerzo más amplio por comprender el papel del fuego en los ecosistemas mexicanos.
En México, la investigación sobre el fuego aún tiene un enorme potencial. Grupos de investigación en universidades como la UNAM o en diversos estados como Guanajuato y Baja California continúan avanzando en el estudio de incendios y sus interacciones con la vegetación, el cambio climático y las prácticas culturales locales.
Un ejemplo práctico es el incendio en Cerro de la Cruz, en Uruapan, donde se observó que los bosques de coníferas se recuperan rápidamente tras el fuego, mostrando adaptaciones naturales. En contraste, ecosistemas áridos o selvas tropicales húmedas son mucho más vulnerables, especialmente durante años secos o fenómenos como “La Niña”. Este tipo de información es crucial para entender los riesgos y planificar estrategias de manejo.
Comprender su impacto
En un contexto de cambio climático y transformaciones del uso del suelo, comprender el papel del fuego en los ecosistemas se vuelve cada vez más urgente. Lejos de ser únicamente una catástrofe ambiental, los incendios forestales forman parte de procesos ecológicos complejos en los que interactúan el clima, la vegetación y las actividades humanas.
Por ello, en un país con una gran diversidad de ecosistemas y tradiciones de manejo del fuego, aprender a convivir con este fenómeno podría ser clave para reducir riesgos, proteger la biodiversidad y enfrentar los efectos del cambio climático en las próximas décadas.
