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¿Por qué los humanos no tienen garras ni grandes colmillos? La evolución eligió otra estrategia

A diferencia de otros depredadores, los humanos no desarrollaron garras ni grandes dientes para sobrevivir. ¿Por qué la evolución eligió esa estrategia?

Algunos especialistas señalan que, en lugar de adaptaciones físicas para la caza, nuestra especie evolucionó hacia habilidades cognitivas y sociales como la inteligencia, la cooperación y el uso de herramientas, que permitieron compensar esas “limitaciones” biológicas.

En entrevista para UNAM Global, Ulices Carrillo, encargado de la sala “Evolución, Vida y Tiempo” en Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM, explicó que la humanidad es una de las especies más exitosas del planeta.

El especialista recordó al antropólogo Florentino Ameghino, cuyas ideas fueron ampliamente criticadas y debatidas en su época. Ameghino sostenía que los grandes simios, como los gorilas, presentan una forma cercana a la humana, aunque más tosca y adaptada a la fuerza física, lo que favorece su supervivencia.

En contraste, planteaba que los seres humanos no contaban con una “bestialización” como otros simios, al carecer de grandes músculos o enormes dientes; sin embargo, esta aparente desventaja favoreció el desarrollo de una inteligencia y un pensamiento cognitivo más avanzados.

“Un chimpancé puede moverse ágilmente en los árboles; un gorila puede pelear uno a uno contra su depredador, no necesariamente ganar siempre, pero puede defenderse con una fuerza abrumadora.

“Los humanos no tenían esa fuerza abrumadora, ni colmillos o velocidad, y tampoco les resulta sencillo trepar a los árboles; sin embargo, desarrollaron la inteligencia, lo que les permitió compensar sus deficiencias físicas en su entorno”.

El pulgar

Los mamíferos ya tenían la habilidad de trepar y correr, pero en el caso de los primates, sobre todo de los humanos, el pulgar, que primero servía para trepar, les permitió sujetar cosas pequeñas.

En el caso de Ardipithecus ramidus, una de las especies clave en la evolución humana, se trataba de un homínido que ya podía desplazarse en dos patas, aunque conservaba un dedo gordo del pie divergente que le permitía sujetarse a las ramas.

Las manos humanas evolucionaron hacia una forma más pequeña en relación con el resto de los primates, pero esto les permitió crear cosas. Además, pudieron sujetar mejor las piedras; por ejemplo, otros animales deben agarrar el objeto con ambas manos para poder golpear.

Estas características, junto con el pensamiento cognitivo, fueron un éxito para la raza humana.

El tiempo que nos queda

“La especie humana (Homo sapiens) lleva entre 300 mil y 500 mil años en la Tierra, y no sabemos cuánto más nos quede, debido a problemas actuales como los efectos del cambio climático. Podría ser mucho tiempo o poco, no lo sabemos”.

La inteligencia es una resolución a los problemas del entorno; por eso, la humanidad aprendió a defenderse de sus depredadores y a cazar. No existe un diseño perfecto en la naturaleza, sino uno adecuado al entorno, y que los humanos estén en todo el mundo no significa que sean la especie dominante.

“Simplemente pensamos que no tenemos una competencia directa, aunque la pandemia nos enseñó que sí tenemos depredadores, como los virus que causan enfermedades y que, en cualquier momento, pueden ponernos un freno”.

La inteligencia no es exclusiva de los humanos

Los humanos no son los únicos seres inteligentes del planeta; cada especie lo es a su manera, porque ha logrado sobrevivir en el espacio en el que se encuentra. “Si las condiciones de nuestro entorno cambian, ya veremos si tenemos la capacidad de sobrevivir”.

De hecho, “en la evolución, la inteligencia nos ha ayudado muchísimo; nos permitió conquistar espacios y sobrevivir al entorno, pero eso no significa que otras especies no sean inteligentes”.

“No somos la especie perfecta, pero sí la que ha tenido éxito en este momento. No obstante, no sabemos si en otras condiciones sería la misma historia”.