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Hongos brillantes como luciérnagas: un fenómeno difícil de estudiar

En lo más profundo de los bosques húmedos, donde casi no llega la luz, existen pequeños organismos capaces de encender la noche, se trata de los hongos Mycena bioluminiscentes.

Estos diminutos organismos producen su propio brillo verdoso gracias a reacciones químicas que apenas empezamos a descifrar. Su tenue resplandor revela pistas sobre la evolución, la biología y la ecología de los hongos.

Al respecto, Lisette Chávez García, académica de la Facultad de Ciencias, quien actualmente imparte la materia de Holomycota y organismos afines, explicó que el género Mycena se caracteriza por presentar esporomas, que en su mayoría son muy pequeñitos y frágiles.

Los hongos son tan pequeños que llegan a medir desde milímetros a unos cuantos centímetros. Se caracterizan por tener un hábito solitario, es decir, solo crece un esporoma (sombrero y pie), o bien pueden tener un hábito gregario, donde varios esporomas crecen muy cerca unos de otros en el mismo sustrato.

“El sustrato es su casa y al degradarlo, también se convierte en su alimento”, expresó la entrevistada.

¿Cómo logran tener luz propia?

Antes del 2010 se desconocía la razón. No fue hasta el 2024 que se publicó un artículo científico con una explicación certera de por qué algunos hongos tienen bioluminiscencia.

Se trata de un fenómeno químico, mediante el cual el micelio que está oculto bajo la tierra, o el esporoma, e inclusive ambos, son capaces de producir y emitir luz, añadió la académica universitaria.

La bioluminiscencia fúngica ocurre gracias a una reacción química entre una molécula llamada luciferina y una enzima denominada luciferasa. Cuando esta reacción tiene lugar, los hongos generan una luz verdosa visible, esta reacción química es dependiente del oxígeno.

Además de los hongos Mycena, hay algunos otros géneros que su bioluminiscencia puede percibirse solo en el micelio. O bien, hay algunos otros que puede encontrarse, tanto en la fase somática (cuando solo crece, se alimenta y explora nuevos hábitats) como en la producción de esporomas.

Bioluminiscencia o fluorescencia

Es importante recalcar que la bioluminiscencia no es lo mismo que fluorescencia, la fluorescencia es el mecanismo donde un hongo absorbe la luz ultravioleta (UV) y la refleja en colores amarillentos brillantes, por la presencia de determinadas moléculas en el esporoma de algunas especies; la presencia de luz UV es un requisito para observar estas características en los esporomas. En cambio, la bioluminiscencia no es el reflejo de luz UV, si no la emisión de luz verdosa, donde hay reacciones químicas en el interior de organismo para producirla y emitirla, solo basta que el esporoma, micelio o ambos, esté en condiciones de oscuridad para poder observarla, destacó la académica universitaria.

¿Todos los hongos del género Mycena brillan?

El género Mycena es uno de los más diversos dentro del Reino de los hongos. Sin embargo, no todas van a ser bioluminiscentes, solo una minoría puede emitir luz propia. No existe un número exacto, porque no hay un compendio actualizado de cuáles son sus especies bioluminiscentes. Para el 2010, se había registrado apenas 33 especies de Mycena con la capacidad de emitir luz propia.

Es importante recalcar que Mycena no es el único género de hongos que presenta bioluminiscencia, pero sí es el que presenta más especies con esta particularidad. Al respecto, se han registrado 132 especies de hongos bioluminiscentes en todo el mundo, que pertenecen al Phylum Basidiomycota, caracterizados por la presencia de células microscópicas, llamadas basidios, productoras de esporas.

¿Qué función tiene la bioluminiscencia?

De acuerdo con Lisette Chávez García estudiar los organismos bioluminiscentes, más allá de los hongos, permite entender no solo su ecología, sino también aspectos evolutivos y bioquímicos.

“La luz que producen los organismos que tienen esta particularidad cumple funciones biológicas clave”, señaló. En general, en el mundo natural, la bioluminiscencia puede estar involucrada en el apareamiento, defensa, alimentación o advertencia.

En luciérnagas, por ejemplo, la luz emitida atrae a su pareja potencial; mientras que peces abisales la luz funciona como un señuelo en la caza de presas para alimentarse. Algunos organismos incluso emiten luz para disuadir a sus depredadores o avisar que son peligrosos.

En los hongos, sin embargo, la función exacta aún no está del todo clara. Chávez explicó que existen varias hipótesis.

1.- Resultado de su metabolismo: La luz podría ser un subproducto del proceso mediante el cual estos organismos degradan la lignina, uno de los compuestos más resistentes de la madera y la materia vegetal.

2.- Atracción de insectos: Una de las teorías más aceptadas propone que la luz atrae a los insectos —hormigas, avispas, escarabajos y moscas— que ayudan a dispersar las esporas. Al posarse sobre los esporomas, estos visitantes se llenan de esporas en sus patas, alas o dorso; al volar, las transportan a largas distancias.

Un caso interesante son los llamados faloides, hongos que no producen luz pero sí olores desagradables —como carne podrida— que atraen moscas que dispersan sus esporas. “Ese paralelismo nos ayuda a comprender por qué la luz fúngica podría desempeñar un papel ecológico equivalente”, comenta.

3.- Aposematismo: esto significa que en algunos hongos la luz es un indicativo de advertencia, del mismo modo que sucede en ciertos animales tóxicos o desagradables al gusto, que muestran colores llamativos.

Dónde se encuentran

Los hongos bioluminiscentes habitan principalmente, en bosques tropicales, subtropicales y selvas densas, incluso en bosques templados. El país con más especies registradas es Japón, con aproximadamente 36. Pero América Latina no se queda atrás.

En México, se han registrado 16 especies, de las cuales 11 han sido descritas por el micólogo Alonso Cortés Pérez, quien ha contribuido notablemente al conocimiento de estos organismos en territorio nacional. En Centroamérica y el Caribe, se reconocen 21 especies, mientras que en Sudamérica varias más.

Las dificultades de estudiar un organismo que brilla… pero de noche

Investigar estos hongos no es tarea sencilla. Algunos esporomas, son diminutos y frágiles; suelen crecer en hojarasca o madera en descomposición y pasan inadvertidos durante el día.

La recolección debe hacerse de noche, única manera de confirmar que realmente emiten luz. Esto complica las expediciones, pues la práctica común entre micólogos es hacer recolección por la mañana.

Chávez narra que en viajes recientes a la selva Lacandona hallaron géneros como Filoboletus y Gerronema, ambos potencialmente bioluminiscentes, sin embargo, al hacer la recolección durante el día no pudieron confirmar su bioluminiscencia.

“Son organismos tan pequeños que a veces caminamos sobre ellos y ni cuenta nos damos”, señaló.

Características

Están reconocidos como Píleo-estipitados, es decir, que presentan un píleo que es el sombrero y el estípite, que es el pie. “Son organismos muy frágiles”.

Además, todo el género Mycena se caracteriza porque sus esporas son de color blanco-, y a esa característica se les llama hongos leucosporeos.

Algunas especies presentan colores muy llamativos, por ejemplo, azules muy brillantes o rosados. Aunque la mayoría presentará coloraciones grisáceas, marrones, incluso hay algunas blancas.

También, se caracterizan porque son saprotrofos, es decir, que se alimentan de materia orgánica muerta o en descomposición. Por eso, es común encontrarlos en el mantillo, que son las hojas depositadas en el suelo de los bosques que comienzan a degradarse. También crecen en troncos muertos, tocones (fragmentos de troncos), en troncos degradados, no obstante, algunas crecen en los troncos de árboles vivos.

¿Cómo identificarlos? 

Para identificar especies del género Mycena no basta con observar características macroscópicas como la coloración, el tamaño o la forma del sombrero y del pie. También, es indispensable examinar rasgos microscópicos como la morfología de los basidios (células que producen esporas) y la presencia y forma de queilocistidios y pleurocistidios, que son células estériles ubicadas en el borde y la superficie de las láminas, respectivamente.

Además, es importante detectar el aroma, que puede ser parecido al cloro; la harina; el rábano o inclusive algunas especies tienen un aroma como el yodo.

Otra característica es que pueden presentar exudados, principalmente cuando se corta el esporoma o se aprieta. Por ejemplo, Mycena haematopus que al ser cortada presenta una secreción parecida a la sangre.