En años recientes, un insecto que fue fundamental en Mesoamérica por la producción de un colorante utilizado para teñir telas se ha vuelto imprescindible en industrias muy diversas, como la alimentaria, la cosmética, la textil y la farmacéutica.
El nombre científico de este insecto es Dactylopius coccus, del que se conocen dos tipos: la cochinilla fina, correspondiente al insecto domesticado —y por tanto cultivado— en plantas de nopal, y la silvestre. Es importante señalar que la hembra cultivada es la que produce el colorante.

“Lo primero que me gusta poner sobre la mesa es que la grana cochinilla es un pigmento, un colorante producto de una experimentación de muchos años en Oaxaca”, señala Huemac Escalona Lütig, del Instituto de Investigaciones Históricas.
La cochinilla produce una sustancia química, el ácido carmínico, como mecanismo de defensa frente a sus depredadores, en especial algunas variedades de hormigas: cuando éstas atacan al insecto, la cochinilla segrega el ácido carmínico, que repele al agresor.
Durante la época colonial se comercializaron ambos tipos de cochinilla, aunque la fina fue más valorada debido a la mayor concentración de ácido carmínico —el colorante— que producía.
Originalmente, la cochinilla era considerada una plaga, como hasta hoy sigue siéndolo en muchas especies de nopales y, en general, de cactáceas. Sin embargo, a través de la observación y la experimentación, se transformó en un colorante con diversos usos.
Gracias a su utilidad, la grana se incorporó a los circuitos mercantiles que ya existían antes de la llegada de los españoles. “Me gusta decir que es una aportación de las culturas originarias de esta parte de Mesoamérica”, afirma el investigador.
Para cualquier sociedad, los colores son importantes no sólo en términos económicos, sino también identitarios y simbólicos, particularmente en su relación con la religión.
“A la llegada de los españoles hubo cambios muy significativos en la producción, circulación, comercialización y consumo de este colorante, transformaciones que modificaron a las sociedades indígenas vinculadas con la grana cochinilla de manera similar, pero al mismo tiempo distinta”, explica Escalona Lütig.
Similar porque el color tenía usos comunes; distinta porque el objetivo de la comercialización no tenía el mismo sentido para las culturas indígenas que para los españoles, para quienes el fin principal era la generación y acumulación de riqueza.
En la dinámica comercial mesoamericana, la acumulación de riqueza no era intrínseca. Se trataba más bien de una cuestión suntuaria y simbólica que representaba poder, pero no se concentraba exclusivamente en el aspecto económico.
“El interés de los mercados europeos en la grana se debe a que no tenía competencia y era el único colorante que cumplía con ciertos criterios de calidad, sobre todo en la fijación en los textiles”.
Las potencias europeas del siglo XVI competían por la obtención de especias; sin embargo, la búsqueda de colorantes era una preocupación permanente entre las élites, no sólo aristocráticas, sino también comerciales, entrelazadas en complejos sistemas de jerarquías, poder y hegemonías políticas y económicas.
El rojo como símbolo de poder
Desde la época romana, el color rojo tuvo un papel central como símbolo del poder imperial. En la última etapa del Imperio romano, la Iglesia católica —al convertirse en iglesia de Estado— heredó esta simbología, que posteriormente pasó a los reyes europeos legitimados por el Papa mediante el uso del rojo.
“El rojo significaba lo sacro, el poder de la sangre derramada en las batallas, pero también estaba relacionado con los lazos sanguíneos de las aristocracias”.
Cuando los españoles llegaron a lo que hoy es México no encontraron las especias que esperaban, al no haber arribado a las Indias. El siguiente objetivo de su interés fueron el oro y la plata, así como todo aquello que pudiera explotarse en función de los mercados europeos; en ese contexto, los colorantes adquirieron relevancia.
En Tenochtitlan, Hernán Cortés observó que el mercado de Tlatelolco estaba organizado en distintos rubros, uno de los cuales correspondía a los colorantes. En esa sección se comercializaban pigmentos naturales obtenidos de plantas y animales.
Había palo de Campeche, grana cochinilla y otros colorantes, así como pigmentos preparados para su uso por tlacuilos —quienes pintaban códices—, pintoreros textiles y artesanos de la plumaria.
Todo lo que Cortés observó fue comunicado al rey, quien ordenó que se realizaran pruebas con estos colorantes.
La grana cochinilla fue uno de los primeros productos sometidos a evaluación por los tintoreros del rey en España, donde se descubrió su gran valor como colorante. A partir de ello surgieron preguntas sobre cómo, quiénes y dónde se producía. El rey ordenó entonces sistematizar su producción con fines de exportación a Europa.
Regiones productoras de grana cochinilla
Dentro de la dinámica comercial mesoamericana, diversas regiones tuvieron relevancia. Existía una competencia entre Tlaxcala, Tenochtitlan y Cholula por la grana proveniente de regiones de Oaxaca, como la Mixteca y los Valles Centrales. También se producía grana en Michoacán y Jalisco; sin embargo, la que circulaba con mayor intensidad en las redes mercantiles mesoamericanas era la de Oaxaca.
Con la desaparición del poder hegemónico mexica, los tlaxcaltecas ocuparon un papel central en la interacción económica. Aunque en Tlaxcala ya se producía grana cochinilla, su producción se incrementó notablemente, convirtiéndose en la principal abastecedora de los mercados europeos durante el siglo XVI.
Existen registros de que nobles tlaxcaltecas viajaron a España y a otros puntos de Europa no sólo para entrevistarse con el rey y defender sus privilegios, sino también para negociar directamente con compradores de grana en lugares como Venecia.
Pese a este protagonismo, poco después surgieron otras ciudades productoras, como Cholula, Huejotzingo y Tepeaca, que compitieron en la producción y comercialización del colorante.
La grana cochinilla transformó radicalmente la demanda europea de colorantes y se vinculó con la reconfiguración del espacio mesoamericano tras la caída de Tenochtitlan y la consolidación de la Ciudad de México como capital española y, posteriormente, como sede del virreinato novohispano.
La región Puebla-Tlaxcala fue el motor de esta transformación y de la conformación de la Nueva España, incorporando a la grana cochinilla en esta nueva dinámica.
Tanto Tlaxcala como Puebla ocupaban una posición estratégica, pues esta última se convirtió en la principal ruta del siglo XVI entre la Ciudad de México y Veracruz.
Ello explica el desarrollo de la producción de grana en la región: existía población indígena suficiente, tierras fértiles, rutas comerciales consolidadas y una temprana integración a la dinámica colonial.
Oaxaca tardó más en incorporarse plenamente, ya que la colonización española fue más lenta. Aunque los españoles llegaron temprano, el desarrollo de su administración colonial se retrasó.
No fue sino hasta el siglo XVII cuando esta administración comenzó a asentarse con mayor firmeza. En contraste, en el centro de México y la región Puebla-Tlaxcala el proceso fue más rápido debido al crecimiento constante de la población española y al impacto de las epidemias, que trastocaron la organización sociopolítica indígena.
En este nuevo escenario, la región Puebla-Tlaxcala se desarrolló a partir de factores novedosos: las epidemias, la demanda europea del colorante, las estructuras de gobierno colonial, la introducción de animales y la expansión de la ganadería, que modificó profundamente el territorio y la estructura agraria. La propiedad de la tierra también se transformó, pues los españoles comenzaron a apropiarse de extensiones destinadas en gran medida a la ganadería.
La producción de grana y los cambios económicos y sociales
“Por ejemplo, Huejotzingo quizá ya producía grana, pero ahora incrementa su producción, al igual que Cholula. Tlaxcala parece desarrollarla a niveles muy altos en poco tiempo, pues en las cartas del cabildo de Tlaxcala de 1553 se registran numerosas quejas sobre la producción y venta de grana”, explica el investigador.
En dichas quejas se menciona que los macehuales —agricultores, pescadores y artesanos— dejaron de respetar las jerarquías sociales, pues los ingresos obtenidos por la venta de grana les permitieron abandonar la producción de maíz y comprarlo en el mercado. También se señala que ahora podían adquirir bienes antes inaccesibles, lo que, según las autoridades, erosionaba el respeto hacia sus gobernantes.
“Se produce una alteración de las estructuras sociales porque los indígenas de la base social, los macehuales, comienzan a comerciar directamente, sin los intermediarios que antes eran los nobles. Existía una nobleza indígena dedicada al comercio, y ahora los macehuales están ocupando esos espacios”.
La grana cochinilla y la producción de maíz
Una de las primeras consecuencias del auge de la grana fue el aumento en los precios de los alimentos. Si antes los macehuales destinaban parte de sus parcelas a la milpa, la calabaza, el chile y el frijol, ahora sembraban todo el terreno con nopales para producir grana. Con los ingresos obtenidos compraban los productos necesarios para su subsistencia.
Esto generó una mayor demanda de maíz, que debía importarse de otras regiones y a precios más altos. A esta escasez se sumaban los ciclos agrícolas adversos, como sequías y heladas.
Durante las epidemias, las crisis se intensificaron: al disminuir la población, había menos personas produciendo maíz. Aunque también se reducía la mano de obra para la grana, el alimento debía seguir llegando desde otros territorios.
Producción actual de grana cochinilla
“En la actualidad se produce cochinilla en el Estado de México, en Puebla y en el norte del país, particularmente en Coahuila, entidad que hoy concentra la mayor producción destinada al mercado contemporáneo”.
Gracias a los avances tecnológicos, especialmente en la agricultura de invernadero, es posible producir grandes cantidades de grana en regiones desérticas, ya que se controlan mejor los depredadores, la temperatura y la humedad, concluyó el investigador.
