Pocos gatos han conquistado tanto la cultura popular como los de pelaje naranja o también llamados naranjosos. Estos felinos se han convertido en protagonistas de historias, caricaturas como El gato con botas y, más recientemente, de incontables memes en redes sociales. Su fama no se limita al color: durante años han sido retratados como animales especialmente traviesos, curiosos e impredecibles.
Detrás de esa popularidad, sin embargo, existen dos preguntas que durante décadas intrigaron tanto a dueños como a científicos: qué origina su característico color y si existe alguna relación entre ese rasgo y su comportamiento. La primera ya tiene respuesta. La segunda, en cambio, continúa abierta.

El gen que resolvió un misterio
Los genetistas sabían que el color naranja de los gatos se heredaba de una forma particular. Desde principios del siglo XX se había observado que el rasgo estaba ligado al cromosoma X, lo que explicaba por qué la mayoría de los gatos completamente naranjas son machos y por qué muchas hembras presentan el característico patrón carey o calicó. Sin embargo, había una pieza que faltaba en el rompecabezas: ¿qué gen era el responsable?
La respuesta llegó en junio de 2025, cuando dos grupos de investigación, trabajando de manera completamente independiente, publicaron en la revista Current Biology estudios que llegaron prácticamente a la misma conclusión. Ambos identificaron al gen ARHGAP36 como el protagonista del color naranja en los gatos domésticos, poniendo fin a uno de los misterios más antiguos de la genética felina.
El primer estudio, liderado por el genetista Christopher Kaelin, del Laboratorio de Genética de la Universidad de Stanford, analizó el ADN de decenas de gatos con distintos colores de pelaje. Los investigadores encontraron una pequeña deleción —es decir, un fragmento de ADN que se perdió durante la evolución— en una región reguladora cercana al gen ARHGAP36.
A primera vista, el cambio parecía insignificante. No modificaba la secuencia del gen ni alteraba la proteína que produce. Sin embargo, sí cambiaba algo mucho más importante: cuándo y dónde se activa ese gen.
Los genes pueden compararse con instrucciones escritas en un libro. Pero además de esas instrucciones, existen «interruptores» que indican en qué células deben leerse y en cuáles no. En los gatos naranjas, esa pequeña deleción funciona precisamente como un interruptor defectuoso: hace que ARHGAP36 se active en los melanocitos, las células responsables de fabricar los pigmentos que dan color al pelo.
Ese pequeño cambio modifica por completo la producción de pigmentos. En lugar de fabricar principalmente eumelanina, responsable de los tonos negros y marrones, los melanocitos comienzan a producir más feomelanina, el pigmento que genera los colores anaranjados y rojizos. El resultado es la coloración que ha convertido a estos gatos en algunos de los más reconocibles del mundo.
Lo más llamativo fue que un segundo equipo llegó, de forma independiente, a la misma conclusión. Paralelamente, un grupo encabezado por Hidehiro Toh, del Instituto Kyushu de Japón, comparó los genomas de numerosos gatos domésticos e identificó también una variante reguladora localizada junto a ARHGAP36.
Su trabajo confirmó que el gen no está «mutado» en el sentido tradicional. La proteína que produce sigue siendo prácticamente la misma. Lo que cambia es el lugar donde se expresa. Es decir, la evolución no modificó la herramienta, sino el momento y el sitio en que esa herramienta comienza a utilizarse.
¿Por qué la mayoría de los gatos naranjas son machos?
Ambos estudios coinciden además en explicar otro fenómeno que intrigó durante décadas: la distribución del color entre machos y hembras.
Como ARHGAP36 se encuentra en el cromosoma X, basta con que un macho (XY) herede una copia de la variante para que todo su pelaje sea naranja. Las hembras (XX), en cambio, necesitan dos copias para ser completamente naranjas. Si solo heredan una, ocurre un fenómeno conocido como inactivación del cromosoma X: durante el desarrollo embrionario, cada célula «apaga» aleatoriamente uno de sus dos cromosomas X.
Como consecuencia, algunas zonas del cuerpo expresan la variante naranja y otras no, creando los famosos patrones carey y calicó que parecen un mosaico de colores.
Este hallazgo no solo explica por qué la mayoría de los gatos naranjas son machos; también constituye un ejemplo extraordinario de cómo una modificación muy pequeña en el ADN puede producir un cambio visible en todo un organismo sin alterar directamente la proteína de un gen.
En otras palabras, la evolución no siempre crea novedades cambiando los genes; muchas veces modifica simplemente la manera en que estos se regulan.

¿Puede este gen explicar también la personalidad de los gatos naranjas?
Pero el descubrimiento no solo despertó interés por la genética del color. También reavivó una vieja pregunta que lleva años circulando fuera de los laboratorios.
Desde hace tiempo, internet ha convertido a los gatos naranjas en protagonistas de miles de fotografías, videos y memes. Existe incluso la popular broma de que todos comparten «una sola neurona», una forma de describir comportamientos aparentemente impulsivos, torpes o caóticos. Pero ¿existe alguna base biológica para esa reputación? Los dos estudios son claros: no.
Ninguno encontró evidencia de que la variante responsable del color también determine la personalidad de los animales. Su objetivo era explicar la pigmentación, y eso fue precisamente lo que lograron.
Sin embargo, los investigadores tampoco descartan que el descubrimiento abra nuevas líneas de investigación.
A diferencia de otros genes relacionados exclusivamente con el color del pelaje, ARHGAP36 también participa en procesos biológicos que ocurren en otros tejidos del organismo, incluido el sistema nervioso durante determinadas etapas del desarrollo. Eso no significa que el gen vuelva más inquietos, juguetones o impulsivos a los gatos naranjas.
Significa, simplemente, que ahora existe un nuevo punto de partida para investigar si esa percepción popular tiene algún fundamento biológico o si se trata únicamente de un estereotipo reforzado por generaciones de dueños y por la cultura de internet.
El misterio de los naranjosos
Por ahora, la evidencia científica indica que el misterio del color ya quedó resuelto, mientras que el de la personalidad sigue siendo un territorio abierto para futuras investigaciones. En otras palabras, la ciencia ya explicó por qué existen los gatos naranjas, pero todavía no por qué tantas personas están convencidas de que se comportan de una manera particular. Si ese famoso estereotipo tiene algún fundamento biológico o es simplemente una construcción de la cultura popular es una pregunta que, por ahora, sigue sin respuesta.
