En el norte del desierto de Sonora, donde la frontera entre México y Estados Unidos es también un espacio de encuentro cultural y académico, dos estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México vivieron experiencias que transformarían su forma de entender su profesión.
Aunque sus trayectorias eran distintas —uno proveniente del diseño y otro del periodismo—, ambos coincidieron en un mismo destino: la ciudad de Tucson, Arizona, y en un mismo programa universitario que busca abrir la formación académica hacia el mundo.
Para Mauricio Guerrero Matilde, estudiante de Diseño y Comunicación Visual en la FES Cuautitlán, la idea de estudiar en el extranjero comenzó mucho antes de llegar a la universidad.

Desde los 12 años imaginaba cómo sería vivir en otro país. No quería viajar como turista, sino experimentar una inmersión cultural y profesional que pusiera a prueba sus capacidades en un entorno distinto.
“Con el tiempo ese sueño se convirtió en una motivación constante durante mis años universitarios”, recuerda.
Sin embargo, su camino no siempre fue claro. Durante el bachillerato en el CCH Naucalpan pensó en estudiar una carrera científica, como Química Farmacéutico Biológica, siguiendo la tradición familiar. Pero sus intereses personales terminaron imponiéndose: el arte, el dibujo, la animación y la creación de contenidos multimedia lo llevaron a elegir el diseño.
Años después, cuando ya cursaba la licenciatura, buscó oportunidades de movilidad académica para estudiar fuera de México. No fue seleccionado en una primera convocatoria y por un momento creyó que aquel sueño quedaría en pausa.
La oportunidad reapareció a través del Programa para el Impulso a la Titulación por Actividades Académicas en el Extranjero (PITAAE), una modalidad que permite a estudiantes realizar proyectos académicos fuera del país como parte de su proceso de titulación.
La aceptación en el programa marcó el inicio de una etapa inesperada: su llegada a Tucson para colaborar con UNAM-Tucson y con la University of Arizona.
Diseño mexicano en escenarios internacionales
Durante su estancia, Mauricio participó en proyectos de comunicación visual orientados a la difusión cultural y académica.
Con UNAM-Tucson colaboró en la elaboración de carteles y materiales gráficos para promover cursos, talleres y actividades en redes sociales. También desarrolló diseños para el Consulado de México en Tucson, una experiencia que le permitió comprender el papel del diseño como herramienta para fortalecer los vínculos culturales entre comunidades.
Al mismo tiempo trabajó en Arizona Arts, el área cultural de la University of Arizona, donde participó en proyectos de diseño editorial en inglés para promocionar espectáculos artísticos.
Uno de los trabajos que más recuerda fue el diseño del programa editorial para MOMIX: Alice, una reinterpretación escénica de Alicia en el país de las maravillas. El proyecto representó un reto particular: el diseño editorial no era una de sus principales fortalezas, pero el proceso lo llevó a desarrollar nuevas habilidades y descubrir otras posibilidades dentro del campo profesional.
Otro proyecto significativo fue la creación de un banner promocional para el lanzamiento de una lata de cerveza de edición especial durante el evento LAUNCH 2024–2025, realizado en colaboración con Pueblo Vida Brewing Company y el diseñador Ryan Trayte.
En ese trabajo utilizó modelado 3D para generar un render hiperrealista de la lata, sustituyendo la fotografía tradicional del producto.
“Fue emocionante poder aplicar creatividad, técnica y experimentación en un proyecto real”, señala.
La experiencia no sólo amplió su formación profesional. También le permitió recorrer ciudades como Phoenix, Sedona, Las Vegas, Los Ángeles y Carolina del Norte, así como construir amistades que —dice— forman parte de los recuerdos más valiosos de su estancia.
Hacia el final del programa, el Consulado de México en Tucson le ofreció la posibilidad de colaborar mediante una visa laboral. Sin embargo, un acontecimiento personal cambió el rumbo de ese momento: el fallecimiento de su padre lo obligó a regresar de emergencia a México semanas antes de la fecha prevista.
Aun así, considera que la experiencia marcó profundamente su vida.
“Me permitió entender que el diseño también puede dialogar con otras culturas y contextos. Es una manera de comunicar que atraviesa fronteras”, afirma.
Aprender periodismo en otro idioma
A miles de kilómetros de distancia de aquella primera experiencia que despertó su curiosidad por el mundo, Mario Alberto Sosa Ramírez también llegaría a Tucson gracias al mismo programa.
Su historia comenzó años antes, cuando tenía 18 años. En ese momento acompañó a la hermana de un amigo que estudiaba temporalmente en Japón.

“Le dije casi de manera impulsiva: ‘No sé cómo, pero voy contigo, aunque tenga que dormir en el suelo’”, recuerda.
Ese viaje sembró una inquietud que lo acompañaría durante toda su formación universitaria: conocer otras culturas y compartir la propia.
Sin embargo, durante sus años de licenciatura la oportunidad de estudiar en el extranjero no llegó. Fue hasta el final de la carrera, cuando preparaba su proceso de titulación, que descubrió el PITAAE y decidió postularse al programa de periodismo bilingüe impulsado por UNAM Tucson.
Para su sorpresa, fue seleccionado.
Gracias a la colaboración entre la UNAM y la University of Arizona, su práctica profesional se desarrolló en un entorno académico internacional bajo el acompañamiento de la doctora Catalina Stern Forgach, directora de UNAM Tucson, y de Jessica Retis, directora de la Escuela de Periodismo de la universidad estadounidense.
Desde su llegada se integró a un proyecto de investigación dedicado a catalogar programas bilingües de licenciatura y posgrado en periodismo en Estados Unidos.
Al mismo tiempo manifestó su interés por asistir a algunas clases.
Lo que comenzó como una curiosidad terminó convirtiéndose en una experiencia académica intensa: apenas una semana después ya participaba como oyente en seis cursos de nivel maestría en la Escuela de Periodismo.
Aunque no recibiría créditos formales, la experiencia fue decisiva.
Trabajó con estudiantes internacionales, colaboró en proyectos académicos, participó en la producción de un documental sobre migración en la frontera y enfrentó uno de los retos más significativos de su estancia: estudiar completamente en inglés.
“Nunca antes había tomado clases en otro idioma. Al principio fue difícil seguir el ritmo, pero poco a poco fui ganando confianza”, explica.
Con el paso de los meses, esa adaptación lo llevó incluso a convertirse en presentador del noticiero universitario.
Un aprendizaje que va más allá del aula
La experiencia en Tucson no se limitó al ámbito académico.
Mario también participó en actividades culturales organizadas por UNAM Tucson, entre ellas la elaboración de la ofrenda del Día de Muertos.
En esa ciudad, la celebración adquiere un significado particular: además de recordar a los seres queridos fallecidos, también rinde homenaje a las personas que han perdido la vida intentando cruzar el desierto de Sonora.
Participar en esa conmemoración —dice— le permitió comprender la dimensión humana de la región fronteriza.
“Fue una manera de entender la frontera no sólo como un límite geográfico, sino como un espacio lleno de historias”, comenta.
Durante su estancia convivió con estudiantes provenientes de distintos países, asistió a eventos universitarios y consolidó amistades que ampliaron su visión del mundo.
Al finalizar el programa recibió incluso la invitación para postularse a estudios de maestría.
Hoy, al recordar su paso por Tucson, lo define como una experiencia que transformó su perspectiva personal y profesional.
“De alguna manera estaba cumpliendo el sueño que comenzó cuando tenía 18 años: viajar, conocer y aprender de otras culturas”, afirma.
Una universidad que se conecta con el mundo
Aunque sus trayectorias se desarrollaron en disciplinas distintas, las experiencias de Mauricio Guerrero y Mario Alberto Sosa reflejan un punto en común: la posibilidad de que la formación universitaria se construya también fuera del aula.
Programas como el PITAAE permiten que estudiantes de la UNAM participen en proyectos internacionales, colaboren con instituciones académicas en otros países y amplíen su horizonte profesional.
Para Mauricio, el diseño puede convertirse en un lenguaje que conecta culturas.
Para Mario, el periodismo se fortalece cuando dialoga con realidades distintas.
Ambos coinciden en que la experiencia no sólo implicó aprender nuevas herramientas o conocimientos, sino también descubrir otras maneras de comprender su profesión.
Y, sobre todo, de entender el mundo.
En ese cruce de caminos —entre el desierto de Arizona y las aulas de la UNAM—, el diseño y el periodismo demostraron que la educación universitaria también puede viajar.
