Valentina Cedillo Cuevas, pasante de la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, ganó la quinta edición del Concurso Latinoamericano de Pianistas Jóvenes, realizado recientemente. El logro tuvo lugar tras años de formación y esfuerzo, y destaca la excelencia de los músicos formados en la UNAM. Su triunfo demuestra que la disciplina y la pasión siguen siendo pilares en la educación artística universitaria.
Desde muy pequeña, Valentina Cedillo Cuevas, pasante de la carrera de Piano en la Facultad de Música (FaM) de la UNAM, sintió nacer en su interior la certeza de que su vida estaría dedicada por completo a este instrumento. Con apenas cinco o seis años, alentada por sus padres, descubrió un amor natural por el piano. Así comenzó a tejerse una relación profunda que, con el tiempo, se consolidaría como parte esencial de su identidad.
Cuando ella tenía 10 años, sus padres la inscribieron en el Ciclo de Iniciación Musical de la FaM. Su facilidad con el instrumento era evidente y, poco después, ingresó al curso propedéutico. Fue entonces cuando comprendió que el piano no era solo una pasión, sino una forma de vida. Por eso, al momento de elegir carrera, no tuvo dudas: quería ser pianista.
Durante su formación en la UNAM, y con el apoyo de sus profesores y compañeros, Valentina fue trazando su camino y fortaleciendo su técnica. Esto le permitió participar en distintos concursos, experiencias que consolidaron su aprendizaje.
“La universidad te da las herramientas para buscar lo que necesitas; uno tiene que tener hambre y ambición por lo que quiere”.
— Valentina Cedillo Cuevas, pianista, Facultad de Música (FaM-UNAM).
Con el tiempo, ese esfuerzo dio frutos. Recientemente, Valentina ganó la quinta edición del Concurso Latinoamericano de Pianistas Jóvenes, un logro que coronó años de preparación, presentaciones y competencias.
Una experiencia enriquecedora
Participar y ganar en un concurso internacional de piano no es tarea sencilla. Valentina decidió competir en la categoría de adultos —la más alta del certamen—, enfrentándose a nueve pianistas de distintos países latinoamericanos. Aunque viajó sola porque no tenía otra opción, lo aprovechó para concentrarse plenamente en su interpretación, evitando distracciones y enfocándose en el objetivo que había preparado durante dos años.

El proceso fue exigente: tuvo que adaptarse a un entorno nuevo, con poco tiempo para practicar y la presión de tocar en escenarios desconocidos. Aun así, logró mantener la calma y confiar en su preparación. Para ella, la clave estuvo en la disciplina: incluso en momentos sin su instrumento, estudiaba partituras y se concentraba en la música desde la mente.
Finalmente, su dedicación se vio recompensada con el primer lugar, una noticia que la sorprendió profundamente.
“Me sentía en shock, porque uno se prepara y toca para ganar, pero al mismo tiempo trata de no hacerse expectativas… Me tardó en caer el veinte, pero fue un gran aliciente y un logro importante para mi trayectoria”.
— Valentina Cedillo Cuevas, pianista, Facultad de Música (FaM-UNAM).
Una forma de conectar
Cuando Valentina se dispone a tocar el piano, siente una mezcla de nervios y emoción. Para ella, la interpretación es un acto tanto técnico como emocional. “Uno tiene que tener la cabeza fría, pero el corazón encendido”, afirmó.
También considera fundamental que exista una conexión entre el público, el piano y el intérprete: una sola energía compartida.
A lo largo de su joven carrera, ha evolucionado para cautivar a la audiencia. En sus inicios, la música de Ravel la fascinó por sus sonoridades y capas sonoras; sin embargo, en esta etapa de madurez artística ha encontrado una conexión más profunda con Beethoven, a quien considera un verdadero genio.
Su labor no se limita a los escenarios formales. Durante su servicio social ofreció catorce conciertos didácticos dirigidos a públicos diversos —desde niños hasta adultos mayores—, convencida de que la música también es una forma de conexión, aprendizaje y entrega.
Nuevos proyectos
Para la joven pianista, este premio representa una motivación para seguir creciendo. Además de abrirle nuevas puertas profesionales, reafirma su convicción de que la disciplina es tan importante como el talento.

En los próximos meses ofrecerá una serie de conciertos —entre ellos, uno en la Sala Carlos Chávez del Centro Cultural Universitario—, participará en un concurso nacional en Mérida y se preparará para participar en audiciones para ingresar a una maestría en el extranjero. Su objetivo inmediato es titularse, un paso que marcará una nueva etapa en su formación artística.
“El talento es importante, pero sin disciplina pierde su valor con el tiempo. Además, cada persona tiene su propio camino; compararse con los demás solo desvía la atención del crecimiento personal”.
— Valentina Cedillo Cuevas, pianista, FaM-UNAM.
Un agradecimiento especial
Aunque el premio es personal, Valentina no dejó pasar la oportunidad de agradecer el apoyo que la maestra Anikó Krisztina Deli le brindó. Deli, condecorada como la mejor instrumentista de su generación en el Conservatorio Kodály, la ayudó a redirigir su carrera y a establecer objetivos claros cuando más lo necesitaba.

De igual forma, destacó el papel que su familia y sus amigos han tenido a lo largo de su trayectoria: incluso en los momentos difíciles, ellos siempre confiaron en ella, así como lo hizo —y lo sigue haciendo— la propia FaM.
