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Estadio Olímpico Universitario: símbolo de identidad de la UNAM y del deporte mexicano

En el corazón de Ciudad Universitaria se encuentra uno de los recintos más emblemáticos de México: el Estadio Olímpico Universitario, espacio que representa la identidad de la UNAM y escenario de algunos de los momentos más importantes del deporte y la vida cultural del país.

Construido sobre la roca volcánica del Pedregal de San Ángel, el inmueble fue concebido como parte fundamental del proyecto arquitectónico de Ciudad Universitaria. Su diseño, a cargo de los arquitectos Augusto Pérez Palacios, Raúl Salinas Moro y Jorge Bravo Jiménez, integró modernidad, funcionalidad y paisaje en una obra que con el paso del tiempo se convirtió en referente de la arquitectura mexicana del siglo XX.

La construcción del estadio inició el 7 de agosto de 1950 y desde el principio contempló una visión artística que quedó plasmada en el mural de Diego Rivera “La universidad, la familia y el deporte en México”, ubicado en los taludes del recinto. Aunque la obra quedó inconclusa tras la muerte del muralista, permanece como uno de los elementos más representativos del inmueble y de la integración plástica que caracteriza a Ciudad Universitaria.

El estadio fue inaugurado el 20 de noviembre de 1952 y pocos días después vivió uno de los episodios más recordados en la memoria deportiva universitaria: el clásico de futbol americano entre Pumas de la UNAM y Burros Blancos del IPN, encuentro que consolidó al recinto como la casa del espíritu puma y uno de los principales puntos de reunión de la comunidad universitaria.

A lo largo de su historia, el Olímpico Universitario ha sido sede de competencias nacionales e internacionales de gran relevancia. En 1955 recibió los Juegos Panamericanos y en 1956 el Campeonato Panamericano de Futbol.

Su momento más trascendente llegó en 1968, cuando se convirtió en la sede principal de los Juegos Olímpicos de México. En su pista y cancha se realizaron las competencias de atletismo, además de las ceremonias de inauguración y clausura de la justa olímpica.

Fue ahí donde Enriqueta Basilio hizo historia al convertirse en la primera mujer en encender un pebetero olímpico. Para esos Juegos, el estadio fue modernizado con pista de tartán, nuevo sistema de iluminación y una pizarra electrónica, elementos innovadores para la época.

El inmueble también fue una de las sedes de la Copa Mundial de Futbol de 1986 y de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1990, consolidando su prestigio internacional como uno de los escenarios deportivos más importantes del país.

Más allá de los grandes eventos, el Estadio Olímpico Universitario mantiene un profundo vínculo con la comunidad de la UNAM. Ha sido escenario de partidos históricos de los Pumas, competencias atléticas, ceremonias universitarias, conciertos y actividades multitudinarias que forman parte de la memoria colectiva de generaciones enteras.

Su relevancia arquitectónica y cultural quedó reconocida cuando Ciudad Universitaria fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, distinción que incluye al estadio como una de las piezas centrales del conjunto universitario.

Actualmente, el Olímpico Universitario continúa siendo la casa de los equipos representativos de la UNAM y uno de los recintos deportivos más importantes de México. Entre piedra volcánica, tradición y pasión auriazul, el estadio permanece como símbolo vivo de la historia, identidad y espíritu de la Universidad Nacional.