¿Por qué tantas personas recurren a la espiritualidad cuando atraviesan momentos difíciles? Más allá de las creencias religiosas, las prácticas espirituales pueden generar experiencias de conexión, calma y sentido de comunidad que influyen en el bienestar emocional.
Participar en rituales, meditar o rezar no solo tiene un significado cultural o simbólico, sino que también puede ayudar a reducir el estrés y fortalecer los vínculos con otras personas, factores que juegan un papel importante en la salud mental.

En entrevista para UNAM Global, Rabina Villagrán Vázquez, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, explicó que “la espiritualidad es la búsqueda de lo sagrado y la construcción de creencias coherentes sobre algún propósito superior; es decir, la idea de que estamos vinculados con algo más que lo terrenal, con algo que tiene que ver con el universo, con algo que trasciende a nosotros mismos”.
Un elemento relevante para la salud mental
Dentro de la psicología, la espiritualidad se ha considerado un elemento relevante para la salud mental. Por ejemplo, en situaciones relacionadas con la muerte —como la pérdida de un ser querido o de un animal de compañía— muchas personas recurren a la espiritualidad para tratar de comprender estos acontecimientos y encontrar sentido dentro de lo que perciben como un orden o una organización más amplia.
Algunos autores señalan que la espiritualidad se relaciona con la trascendencia y puede analizarse a partir de tres dimensiones:
• Dimensión intrapersonal: se relaciona con la introspección o la vida interna de las personas. Tiene que ver con la paz interior, la calma y el crecimiento personal. En este ámbito se desarrollan prácticas como la reflexión personal o algunas formas de religiosidad.
• Dimensión trascendente: se refiere a la conexión con lo divino, lo sagrado o aquello que rebasa al individuo. También incluye la dimensión relacional, es decir, el vínculo con otras personas dentro de un grupo o comunidad.
• Dimensión ética o valorativa: está vinculada con valores como la honestidad, el respeto, la compasión y otros principios que orientan la conducta.

Qué ocurre en el cerebro
Cuando una persona realiza prácticas como la oración o la meditación se observan cambios en la actividad cerebral. Por ejemplo, pueden activarse regiones asociadas con la atención y la regulación emocional, como la corteza prefrontal, lo que contribuye a disminuir la rumiación y la ansiedad.
Si bien el cerebro responde tanto a estímulos reales como imaginados, no los procesa de forma idéntica; sin embargo, los pensamientos anticipatorios pueden activar respuestas fisiológicas de estrés.
En este sentido, prácticas como la meditación o la repetición de oraciones pueden ayudar a enfocar la atención, reducir la activación excesiva y favorecer estados de calma.
Bienestar psicológico
Existen estudios que señalan que, cuando las personas atraviesan situaciones difíciles, algunas tienden a interpretarlas dentro de un marco de sentido más amplio. Este tipo de interpretación puede ayudarles a encontrar tranquilidad y a sobrellevar mejor la experiencia.
Conceptos como el karma, por ejemplo, ofrecen a ciertas personas una forma de entender las consecuencias de sus acciones dentro de un orden significativo.
La sensación de propósito o sentido de vida tiene un impacto observable en el bienestar psicológico y puede contribuir a modular los niveles de estrés.
“Pensar que estás vivo y que tienes un propósito en la vida genera un estado de bienestar”. De hecho, la percepción de sentido vital se asocia con mejores indicadores de salud mental.
¿La espiritualidad fortalece la resiliencia ante pérdidas?
Sí, enfatizó la académica universitaria, porque la espiritualidad se relaciona con los sistemas de creencias. En un mundo donde hay enfermedad y pérdida, puede ayudar a aceptar que no todo está bajo control.

Aceptar situaciones complejas dentro de un marco de sentido brinda tranquilidad a muchas personas y puede favorecer procesos de aprendizaje.
No obstante, es importante que, frente a estas situaciones, las personas también tomen decisiones y busquen atención oportuna, por ejemplo, ante una enfermedad.
“Las personas que son más espirituales, aunque no tienen el control de las situaciones, sí cuentan con herramientas de resiliencia que les permiten salir adelante”.
