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Reparar, reutilizar, resistir: la economía circular popular en la Ciudad de México

A principios de esta década comenzó a tomar fuerza el concepto de economía circular popular. Este enfoque surge como una adaptación del modelo general de economía circular, cuyos fundamentos comenzaron a desarrollarse a partir de diversas corrientes teóricas desde la década de 1970, como la ecología industrial y la economía ambiental, y combina sus principios fundamentales —extender la vida útil de los productos, reciclar, reparar, reutilizar y compartir bienes— con las dinámicas propias de la economía popular, caracterizada por micronegocios familiares e independientes.

En la Ciudad de México, este fenómeno se ha convertido en un motor de bienestar social, económico y ambiental. No obstante, enfrenta obstáculos significativos que requieren atención desde la política pública y la planificación urbana.

Con el fin de comprender el panorama en la capital, un grupo de investigadores de la UNAM, encabezado por la Dra. Louise Guibrunet, del Instituto de Geografía, y en el que participaron Emilio Bunge González, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; Moisés Hiram Martínez Ruiz y Vania Alejandra Rodríguez Villalón, de la Facultad de Arquitectura; Clara Orozco Pérez, de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra, y Daniela Torres Patiño, de la Facultad de Filosofía y Letras, llevó a cabo un estudio interdisciplinario.

El trabajo analizó la organización de la economía circular popular en la Ciudad de México, identificó a sus principales actores, las estrategias que emplean para prolongar la vida de los productos y los desafíos que enfrentan en materia de infraestructura, acceso a mercados y regulación.

¿Qué es la economía circular popular?

De acuerdo con Guibrunet, la economía circular popular comprende actividades económicas realizadas por familias en micronegocios independientes, donde los dueños suelen ser también los trabajadores y emplean a familiares o personas cercanas.

Aunque muchos de estos negocios no se reconocen a sí mismos dentro de un modelo de sostenibilidad, contribuyen de manera directa a la reutilización, reparación, reciclaje y extensión de la vida útil de los productos.

Entre los ejemplos más comunes se encuentran talleres de reparación de ropa, calzado, bicicletas o electrodomésticos; tiendas de segunda mano; servicios de renta de bienes —como vestidos o vajillas para eventos— y pequeños centros de acopio familiares.

El estudio también identificó prácticas cotidianas que fortalecen este modelo, tales como:

  • Regalos y trueques. En mercados públicos es común que los locatarios obsequien productos no vendidos —el conocido “pilón”— a trabajadores, clientes o personas en situación de calle.
  • Reaprovechamiento de residuos. En carnicerías o puestos de frutas y verduras, cáscaras, huesos y restos orgánicos se destinan a la alimentación de animales u otras actividades.
  • Reducción del desperdicio alimentario. Se adoptan estrategias para evitar que productos comestibles terminen en la basura, lo que promueve el intercambio entre vecinos y la cooperación comunitaria.

A ello se suma el papel indispensable de los pepenadores, quienes contribuyen a la recolección, separación y reciclaje de residuos sólidos urbanos, cerrando el círculo de la economía popular.

Dimensión económica y social

El equipo de investigación identificó aproximadamente 27 253 negocios dedicados a la economía circular popular en la Ciudad de México. Destacan principalmente los talleres de reparación de automóviles, electrodomésticos y artículos diversos, como ropa, relojes o lentes.

Sin embargo, su distribución es desigual: aunque los talleres están presentes en casi toda la ciudad, existe una menor presencia de comercios de segunda mano y centros de reciclaje.

En términos ambientales, estos micronegocios contribuyen a reducir los residuos enviados a rellenos sanitarios, los cuales representan cerca del 10 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en el Valle de México. También facilitan la valorización de residuos —por ejemplo, mediante la producción de composta a partir de desechos orgánicos— y evitan que los materiales mezclados se vuelvan irrecuperables.

Obstáculos y desafíos

Pese a su relevancia, la economía circular popular enfrenta múltiples obstáculos. Más allá de las diferencias en su distribución e implementación en la Ciudad de México, persisten desafíos vinculados con la falta de recursos, la informalidad de muchos de sus actores y la escasa articulación con las políticas públicas.

Por ejemplo, los negocios de reparación o reutilización son poco comunes en algunas zonas de la ciudad debido a los altos costos de renta de los locales. Esto limita el acceso de los habitantes a estos servicios y fomenta una cultura de consumo desechable, en la que resulta más fácil reemplazar que reparar.

Asimismo, existe una falta de políticas públicas específicas en materia de economía circular. Para atender esta situación, la Dra. Louise Guibrunet y su equipo plantean la necesidad de:

  • Proveer espacios accesibles para talleres de reparación, centros de acopio y reciclaje, ya sea mediante rentas controladas o el uso de espacios públicos, como los PILARES —programa de Puntos de Innovación, Libertad, Arte, Educación y Saberes de la Ciudad de México— y parques.
  • Implementar leyes contra la obsolescencia programada y políticas de valorización de residuos.
  • Fomentar la cohesión comunitaria mediante la planificación urbana, asegurando que los barrios y mercados públicos faciliten la cooperación y el intercambio.

Replicabilidad en otras ciudades

Aunque el caso de la Ciudad de México es representativo, Guibrunet destaca que la economía circular popular es un fenómeno global. En muchas ciudades —especialmente en aquellas con menor riqueza— la población recurre a la reparación, el acopio, el reuso y el reciclaje para generar ingresos y sustento.

Replicar este modelo en otros contextos implica planificar espacios urbanos que permitan actividades orientadas al bien común, incluso cuando no generen beneficios económicos inmediatos, así como fortalecer la cohesión social mediante servicios accesibles de reparación y reciclaje.

Un modelo eficiente

La economía circular popular en la Ciudad de México muestra cómo la creatividad, la cooperación comunitaria y las prácticas familiares pueden generar beneficios ambientales, sociales y económicos. Para consolidarla se requiere reconocimiento institucional, políticas públicas adecuadas, regulación del mercado inmobiliario y una planificación urbana que incorpore estos espacios en todas las colonias.

Además de reducir emisiones y residuos, este modelo promueve la colaboración vecinal y ofrece sustento económico a miles de familias. La participación activa de habitantes, micronegocios y sectores informales es fundamental para que siga creciendo y pueda replicarse en otras ciudades del país y del mundo.