Tuve la fortuna de encontrar mi vocación. Gracias a un giro del destino que me dio el impulso necesario para atreverme a buscar una segunda carrera —con todo lo que eso implicaba—, volví a la escuela a una edad no típicamente universitaria. Empecé a trabajar medio tiempo, soportando tanto el juicio externo como el mío propio. Llena de presión y dudas, cuando inicié mis nuevos estudios en la FES Acatlán jamás imaginé que tendría experiencias tan enriquecedoras.

El tiempo pasó muy rápido y lo logré: terminé mis estudios. Ya había decidido cubrir todos los créditos de mis asignaturas antes de buscar opciones para realizar mi servicio social. Era algo que me generaba mucho estrés porque, a diferencia de la carrera —que cursé completamente en línea—, no sabía si podría encontrar opciones a distancia o presenciales en el municipio donde radico, una ciudad de la costa oaxaqueña.
Efectivamente, las alternativas eran pocas, y las presenciales estaban lejos de mi ciudad. Así que escribí a las únicas dos instituciones que ofrecían la posibilidad de prestar el servicio a distancia. Una de ellas fue la UNAM Los Ángeles.

Desde el primer contacto comenzó un acompañamiento que me brindó toda la información y seguridad que necesitaba. Me explicaron los requisitos y las actividades del programa; cuando decidí continuar y fui aceptada, el coordinador y los compañeros que también realizaban ahí su servicio me recibieron con calidez y entusiasmo. Agradezco, sobre todo, su paciencia y la amabilidad con la que me integraron y prepararon para las actividades que realizaría, principalmente estar frente a grupo impartiendo talleres para estudiantes de español como segunda lengua.
Quizá suene exagerado, pero al venir de un contexto laboral distinto al de la enseñanza —debido a mi primera carrera—, esperaba un ambiente muy competitivo. Fue una grata sorpresa encontrarme con otros profesores que también estaban lejos, en geografías muy distintas, y que me permitieron aprender de ellos.
Todas las actividades fueron ideales para aplicar lo que aprendí en la Licenciatura en Enseñanza de Español como Lengua Extranjera (LICEL), lo cual me hizo sentir en crecimiento constante. Disfruté enormemente el trabajo con los estudiantes y, sobre todo, las sesiones de retroalimentación con el coordinador, donde tomaba conciencia de mis aciertos y de las áreas de oportunidad para llevar mis estrategias a un punto óptimo.
Paralelamente, al cierre de mis actividades de servicio social, me enteré del Programa para el Impulso a la Titulación por Actividades Académicas en el Extranjero (PITAAE), pero desafortunadamente no se concretó. Me acerqué entonces al coordinador para proponerle implementar mi proyecto de tesis en la UNAM Los Ángeles, aun sin el respaldo de esa beca, y felizmente aceptó. Así pude iniciar mis prácticas profesionales dando clases específicamente a estudiantes de español como segunda lengua de la tercera edad. Se trata de un curso-taller en un contexto turístico en Oaxaca, concretamente en torno a la celebración del Día de Muertos. Esta experiencia, que está por concluir y será evaluada ante el sínodo en mi examen profesional, me ha brindado una oportunidad que no esperaba: convertirme en parte del equipo docente de la UNAM Los Ángeles. ¡No lo podía creer! No sabía si estaría a la altura, pero, con todo y miedo, acepté.

Creo que para quienes estudiamos la LICEL desde lugares distantes este tipo de oportunidades parecen imposibles. Estamos lejos de la facultad, de los servicios, los eventos y de muchas otras cosas que ofrece la Universidad, por lo que a veces nuestra relación con ella parece inexistente. Encontrar este programa de servicio social me hizo sentir menos lejos; supuso una aventura maravillosa en la que no solo me probé, sino que me sigo probando como docente cada día. Inesperadamente hallé un espacio para madurar y fortalecer mis habilidades pedagógicas, después de dudar tanto —no solo de mí, sino de las oportunidades disponibles para alguien como yo—. Solo puedo decir que me siento profundamente agradecida y emocionada por el trabajo que estoy desarrollando ahora y por lo que vendrá.
Así que no lo piensen más: si están considerando unirse al programa de servicio social de la UNAM Los Ángeles, no podría recomendarlo más. Vale totalmente la pena el esfuerzo y el tiempo que se dedica a preparar materiales, elaborar secuencias didácticas y analizar las sesiones con los estudiantes. Si les emociona enseñar, como a mí, les aseguro que vivirán momentos increíbles de aprendizaje y, quién sabe, quizá con el tiempo su historia se parezca a la mía.
