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Cuando la tristeza se vuelve constante

Si haces un poco de memoria, seguramente recordarás momentos en los que has sentido tristeza a lo largo de tu vida. Esta es una emoción profunda que te puede generar sentimiento de desánimo, pérdida o desesperanza, pero te has preguntado: ¿Qué es lo que ocurre si la tristeza se instala de forma persistente?

La distimia, conocida actualmente como trastorno depresivo persistente, es una condición que comparte síntomas con el trastorno depresivo mayor, y que afecta notablemente la calidad de vida. En esta condición, los síntomas como ánimo decaído, cansancio, baja autoestima, problemas de sueño, concentración y apetito se vuelven frecuentes y llegan a instalarse en el cuerpo durante dos años o incluso más.

No existe una única causa que explique porque los síntomas perseveran a lo largo del tiempo, es la combinación de distintos factores como antecedentes familiares de depresión, maltrato o violencia, experiencias traumáticas, rasgos de personalidad al igual que perfeccionismo, autocrítica y etapas de vulnerabilidad biológica, como adolescencia o menopausia, los que en su conjunto podrían generar este padecimiento.

El primer paso para tratar la distimia es realizar un diagnóstico que determine la intensidad de los síntomas. En la mayoría de los casos, la primera línea de tratamiento es la psicoterapia y, en ocasiones, se recomienda combinarla con medicación antidepresiva. Al integrar ambos enfoques, es posible llegar a una mejoría entre la tercera y sexta semana de tratamiento con medicamentos. Además, es muy importante sumar hábitos saludables de autocuidado, como el ejercicio, una buena alimentación, cumplir con todas las horas de sueño y continuar con acciones fundamentales para potenciar la recuperación. Un aspecto central es evitar las etiquetas. Muchas personas con distimia suelen describirse a sí mismas como “flojas”, “negativas” o “distraídas”, cuando en realidad lo que experimentan son síntomas de un trastorno que puede tratarse. Reconocerlo es clave para dejar de cargar con la culpa o el estigma y, en su lugar, buscar apoyo profesional.