El puma (Puma concolor), conocido también como león de montaña, es uno de los depredadores más enigmáticos de América. Su presencia, silenciosa pero vital, garantiza el equilibrio de los ecosistemas: regula poblaciones de venados, jabalíes y otros herbívoros, lo que permite la regeneración de bosques y pastizales. No es casualidad que este felino se haya convertido en símbolo de resiliencia ecológica y, al mismo tiempo, en emblema de identidad universitaria.


Un día internacional nacido del fuego
El 30 de agosto se conmemora el Día Internacional del Puma, una efeméride propuesta en Argentina por la ONG Pumakawa, tras los devastadores incendios que arrasaron áreas naturales en Córdoba en 2020. El fuego dejó decenas de ejemplares sin hábitat y expuso la fragilidad de la especie frente a la acción humana. Desde entonces, esta fecha busca visibilizar la importancia del felino en los ecosistemas y reforzar la necesidad de su protección en todo el continente.
En México, donde el puma habita desde las selvas de la península de Yucatán hasta las cumbres nevadas de la Sierra Madre, la conmemoración adquiere un eco especial: aquí es el segundo felino más grande después del jaguar y está considerado una especie indicadora del buen estado ambiental.
El Puma de la UNAM
La historia del puma también está entrelazada con la Universidad Nacional Autónoma de México. En la década de 1940, el coach Roberto “Tapatío” Méndez vio en sus jugadores de futbol americano las mismas cualidades que distinguen al felino: fuerza, rapidez, valentía e inteligencia. De ahí nació el mote que, con el tiempo, se convirtió en emblema de toda la Universidad.
El vínculo se consolidó en 1947 con la llegada de Casti, la primera cachorra que fungió como mascota oficial en los estadios. Su nombre honraba a Guillermo Castilleja y acompañó al equipo hasta 1954. A lo largo de los años, la tradición se mantuvo con ejemplares como Palillo (1959-1965), Ulises (1966-1972), Pibe y Maya (década de 1980), además de camadas como Milú y Vendi. Posteriormente llegaron Toshka, Élmer y finalmente Miztli, cuyo nombre en náhuatl significa “puma” y que se convirtió en un símbolo entrañable para varias generaciones universitarias hasta su fallecimiento en 2018.
Ciencia y conservación desde Veterinaria
Tras Miztli, la tradición continuó con Iyari, una puma concolor llegada en 2013 con apenas tres meses de edad. Su nombre en lengua wixárika significa “corazón” y su papel es distinto: ya no acompaña eventos masivos, sino que vive bajo cuidado especializado en la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia. Allí, médicos, biólogos y estudiantes no sólo atienden su bienestar, sino que promueven programas de educación ambiental y docencia, empleándola como embajadora de la conservación.
Hasta ahora, Iyari sigue siendo la última puma emblema viva de la UNAM, albergada en la Facultad de Medicina Veterinaria, con funciones exclusivamente educativas y sin participación en actividades públicas o deportivas. Esta decisión responde a un dictamen del Comité de Bienestar Animal de la Universidad, que determinó que no habrá nuevos ejemplares vivos en esta tradición.
El desafío de conservarlo en libertad
Pese a su adaptabilidad, el puma enfrenta serias amenazas: la caza furtiva, el tráfico ilegal y la pérdida de hábitat. En México, está protegido bajo convenios internacionales como la CITES y se requiere permiso especial para su caza. Sin embargo, la expansión urbana lo ha obligado a coexistir cada vez más cerca de comunidades humanas, donde suele despertar miedo y, en ocasiones, persecución.
Organismos como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas subrayan que su presencia es sinónimo de un ecosistema sano. Sin pumas, advierten, los desequilibrios ecológicos podrían derivar en sobrepoblación de presas y pérdida acelerada de cobertura vegetal.
Entre el símbolo y la especie viva
En la UNAM, ser Puma va mucho más allá de portar los colores auriazules: significa asumir la fuerza y el espíritu de un felino cuya conservación depende de la ciencia y de la conciencia ciudadana.
Conmemorar el Día Internacional del Puma es, en ese sentido, una oportunidad doble: honrar al emblema universitario y recordar que, en libertad, este depredador sigue siendo pieza clave de nuestra biodiversidad.
