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Entre pinceles y perseverancia: alumna de la FAD obtiene el Premio Estatal de la Juventud Edomex 2026

Hay sueños que no se pintan de inmediato. Se van trazando poco a poco, entre dudas, sacrificios, puertas que se cierran y otras que, después de mucho insistir, finalmente se abren. Para Denisse Canel Ramírez, alumna de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la UNAM, dedicarse al arte significó precisamente eso: desafiar los pronósticos, mantenerse firme ante las dificultades y convertir la constancia en una forma de vida.

Hoy, después de años de trabajo, exposiciones, concursos y una búsqueda artística que continúa transformándose, los reconocimientos comienzan a confirmar que el esfuerzo ha valido la pena. Entre ellos se encuentra el Premio Estatal de la Juventud 2026 del Estado de México, que Denisse recibió en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural.

Una inspiración para mejorar día con día

En 2024, Denisse conoció el Premio Estatal de la Juventud del Estado de México, un reconocimiento que distingue a jóvenes mexiquenses por sus aportaciones en ámbitos como la academia, la cultura, la innovación, el emprendimiento, la participación social y el cuidado del medio ambiente. Desde entonces, obtener la distinción en la categoría de Trayectoria Artística y Cultural se convirtió en una meta personal.

Al principio, Denisse consideraba que su trayectoria era suficiente para conseguirla, pero, al conocer los antecedentes de quienes habían sido reconocidos, descubrió que se trataba de jóvenes con años de trabajo, numerosos logros y experiencias que respaldaban sus candidaturas.

En lugar de verlo como un motivo para desistir, tomó esas historias como un punto de referencia. A partir de entonces, comenzó a plantearse nuevos objetivos año con año, buscando fortalecer su trayectoria y sumar experiencias que le permitieran acercarse a la distinción que se había propuesto alcanzar.

El reto era aún mayor porque la categoría no se limitaba a una sola disciplina. Denisse competía no solo con otros artistas visuales, sino también con jóvenes dedicados a la danza, la música, el cine y otras expresiones artísticas y culturales. En ese contexto, el reconocimiento representaba mucho más que un premio: era la posibilidad de ver reflejados varios años de trabajo, perseverancia y crecimiento profesional.

Tras intentarlo durante tres años, finalmente recibió la noticia que había esperado. Fue a través de una llamada telefónica de Sergio Jassiel Zamora, director del Instituto Mexiquense de la Juventud (IMEJ), institución encargada del concurso. Recuerda que, al escuchar que había sido seleccionada, simplemente no podía creerlo.

La noticia también llegó en un momento particular de su trayectoria. Aunque sus logros habían crecido con el paso de los años, Denisse sentía, paradójicamente, que cada vez tenía que hacer más para merecer el reconocimiento. Por eso, recibirlo significó no solo alcanzar una meta que se había planteado años atrás, sino también detenerse a reconocer todo lo que había construido en el camino.

La ceremonia de premiación se realizó en el Palacio de Gobierno, donde recibió una medalla, un certificado y un estímulo económico. También se contempla un próximo encuentro con la gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, como parte de las acciones para continuar impulsando el desarrollo de los jóvenes artistas.

Resiliencia para vivir del arte

El premio representa uno de los logros más recientes de una trayectoria que comenzó mucho antes y que estuvo marcada por distintas dificultades. En sus primeros años, su familia se opuso a que estudiara artes, pues era frecuente que le dijeran que “estudiar arte no era sostenible”.

Lejos de aceptar ese discurso, Denisse decidió trabajar todavía más y buscar todas las oportunidades posibles. Tocó puertas en galerías, participó en bienales y concursos, se relacionó con otros profesionales del medio y comprendió que la capacidad de socializar y construir vínculos también es fundamental dentro del mundo artístico.

Con el tiempo, logró sostenerse a través de coleccionistas, becas, concursos y apoyos gubernamentales. Después de tres o cuatro años de trabajar intensamente, asegura que finalmente ha alcanzado una etapa de mayor tranquilidad.

Su experiencia le ha permitido comprobar que sí existen caminos para vivir del arte y que estos pueden encontrarse tanto en iniciativas públicas como privadas. Para ella, la clave ha estado en combinar la producción artística con la búsqueda constante de oportunidades y la construcción de una red profesional.

Esa misma búsqueda también ha influido en la manera en que entiende y desarrolla su obra.

En evolución constante

A partir de estas experiencias, la pintura de Denisse ha evolucionado. Durante los últimos dos años, sus temas se han vuelto más complejos y las investigaciones que sustentan su producción artística se han ampliado. Incluso contempla la posibilidad de publicar sus investigaciones teóricas junto con sus obras.

Una de sus investigaciones más importantes surgió a partir del concepto de la “sociedad del cansancio”, planteado por el filósofo Byung-Chul Han. A lo largo de varios años, desarrolló una serie de pinturas y textos relacionados con el agotamiento, la hiperproductividad y el ritmo acelerado de la vida contemporánea.

Esta reflexión quedó plasmada en su más reciente exposición, “Ciudad de los Sueños”, realizada en la Antigua Academia de San Carlos de la UNAM durante marzo y abril. En ella, abordó esta problemática más allá de los espacios laborales para mostrar cómo el cansancio se extiende a los lugares que habitamos.

Una imagen cotidiana, como la de las personas dormidas en el transporte público, se convirtió en una forma de representar a una sociedad que vive bajo un ritmo constante de productividad y agotamiento.

Actualmente, su interés se ha desplazado hacia otros fenómenos relacionados con la hiperdigitalización. Sus nuevas obras exploran la convivencia entre la realidad física y la digital, así como la manera en que la tecnología se relaciona con la hiperproductividad.

Aunque visual y estéticamente su trabajo continúa transformándose, considera que las distintas etapas de su producción mantienen una conexión entre sí. Las preocupaciones cambian, pero permanece el interés por observar y cuestionar las condiciones de la vida contemporánea.

La IA: una aliada que no sustituye al artista

En ese contexto, la inteligencia artificial también forma parte de su reflexión. La artista considera que la IA ya llegó al mundo del arte y que no tiene sentido satanizarla. Para ella, se trata de una herramienta que puede ser útil siempre que sea utilizada con criterio.

Sin embargo, establece una diferencia entre emplearla como apoyo creativo y utilizarla para sustituir prácticamente todo el proceso artístico. Desde su perspectiva, un artista visual tiene la capacidad de tomar un elemento generado por una herramienta de IA, transformarlo y utilizarlo dentro de una composición propia, aportando su sensibilidad y conocimiento.

Lo que cuestiona es que una persona simplemente tome una imagen generada, la imprima y le haga pequeñas modificaciones para presentarla como una obra.

La discusión, explica, no es completamente nueva. Algo similar ocurrió cuando herramientas como el proyector comenzaron a utilizarse para trasladar trazos a una superficie. Algunos artistas consideraron que hacerlo restaba valor al dibujo manual, mientras que otros lo entendieron como una forma de agilizar determinados procesos.

Desde su perspectiva, la tecnología puede ayudar a reducir tiempos, pero no debe sustituir el conocimiento y la sensibilidad que existen detrás de la creación artística.

“Pintar implica detenerse, observar y meditar; es un proceso que difícilmente puede reducirse a la lógica de producir cada vez más rápido”, expresó.

¡No se rindan!

Esta manera de entender el arte también está presente en el consejo que Denisse ofrece a quienes desean dedicarse profesionalmente a esta disciplina. Con toda la experiencia que ha adquirido a lo largo de su carrera, considera que es necesario consumir arte constantemente y no limitarse a lo aprendido dentro de las aulas.

Además, señala que es fundamental acercarse al mundo artístico profesional antes de terminar la carrera, visitar museos y exposiciones, participar en ferias, conocer los círculos institucionales y comenzar a construir relaciones dentro del medio.

También considera indispensable trabajar continuamente en una obra personal y mantener la honestidad respecto a las propias ideas. Para ella, los estudiantes no deberían descartar una idea simplemente porque creen que puede ser mala. La formación académica puede llevarlos a buscar constantemente que todo lo que produzcan sea perfecto, cuando, en realidad, una parte esencial del aprendizaje consiste simplemente en crear.

Un triunfo que abraza el esfuerzo

Después de años de insistencia, dificultades y trabajo, Denisse demuestra que dedicarse al arte no necesariamente significa vivir en la incertidumbre permanente. El camino puede ser complicado y requiere encontrar apoyos, construir redes, aprovechar oportunidades y trabajar con disciplina, pero también puede conducir a una profesión sostenible.

Su historia comenzó con una meta que parecía lejana y que terminó convirtiéndose en un reconocimiento a años de esfuerzo. Pero el premio no representa el final del camino. Su obra continúa evolucionando, nuevas exposiciones están por llegar y sus investigaciones siguen abriendo preguntas sobre el cansancio, la productividad, la tecnología y la vida contemporánea.

Al final, su consejo resume buena parte de su propia historia: nunca dejar de pintar. Porque detrás de cada reconocimiento hay horas de trabajo, dudas, sacrificios y, sobre todo, la decisión de seguir adelante incluso cuando todavía no existe la certeza de que el esfuerzo será reconocido.