Una fractura de clavícula podría haber marcado el final de su carrera deportiva. Ocurrió en los últimos cinco minutos de un partido contra Guadalajara: un tackle, una caída y cuatro meses fuera de la cancha.
Mayte Cordero pensó que todo había terminado. “Yo dije: ya no veo un futuro en el rugby”, recuerda. La lesión no solo fue física, también fue un golpe emocional que la llevó a buscar apoyo profesional para superar la ansiedad y la frustración.
Pero el regreso fue más fuerte que la caída.
En septiembre, después de su proceso de rehabilitación, Mayte no solo volvió a jugar: fue elegida capitana del equipo mayor de Pumas Rugby. Semanas después, el 8 de noviembre, debutó con la selección mexicana de rugby en un partido contra Colombia. Lo que parecía el final se convirtió en un nuevo comienzo.
Estudiante de sexto semestre en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en la carrera de Física, Mayte comenzó a practicar rugby cuando ingresó a la universidad. Venía de tres años sin actividad física constante y decidió probar algo nuevo. “Nunca me había apasionado algo así. El rugby me puso a prueba, me enseñó disciplina y me enseñó lo que es amar algo”, cuenta.
El rugby la conquistó desde el primer día. “Cada vez que entro en contacto me siento viva. No es violencia, es una forma sana de liberar todo. Me ayuda física y mentalmente”.
Un deporte de estrategia y fuerza
A diferencia del futbol americano, en el rugby los pases siempre van hacia atrás o lateralmente. El objetivo es avanzar hasta la zona de anotación y marcar un “try”. El equipo se divide en forwards —la fuerza— y backs —la velocidad—. Es un deporte intenso, de contacto constante y gran exigencia física.
Mayte pasó de jugar apenas cinco minutos en su primer torneo a ser convocada para la capitanía. Sus entrenadores propusieron su nombre y sus compañeras la eligieron por votación.
“Nunca me lo imaginé. Sentía que me faltaba mucho camino, pero poco a poco he entendido que sí puedo”.

Hoy el equipo mayor de Pumas Rugby cuenta con alrededor de 40 jugadoras, de las cuales 23 son universitarias. En la concentración nacional en Puebla fueron convocadas 11 jugadoras de Pumas; diez asistieron y dos debutaron con la selección, entre ellas Mayte.
Física y rugby: dos pasiones que exigen disciplina
Desde secundaria sabía que quería estudiar Física. Aunque su familia le sugería otras opciones como arquitectura o derecho, ella tenía claro su camino.
“Siempre fue física. Me gusta que esté en todos lados y que te reta”.
Combinar una de las carreras más demandantes con un deporte de alto rendimiento no ha sido sencillo. Entrena lunes y miércoles de 4:30 a 6:30 de la tarde, además de sesiones de gimnasio y trabajo físico intenso que incluyen hasta 50 tackles por entrenamiento.
“Ha sido complicado encontrar el equilibrio, pero con organización y prioridades claras se puede”.
Su interés actual apunta hacia las neurociencias. Durante su recuperación comenzó a investigar sobre depresión, ansiedad y deporte.
“Quería entender qué me estaba pasando. Me gusta entender el porqué de las cosas”.
Hoy enfoca su formación académica hacia esa área, donde la física se relaciona con procesos como los electroencefalogramas, el electromagnetismo y el análisis estadístico.

Romper estereotipos
Mayte también ha enfrentado comentarios por practicar un deporte considerado “masculino” o estudiar una carrera históricamente dominada por hombres. En laboratorios, algunos compañeros no tomaban en cuenta sus aportaciones o le asignaban tareas secundarias.

A las chicas que desean estudiar una carrera de ciencias les dice:
“Te vas a encontrar con muchos retos, pero se puede. Insistiendo, dándote tu lugar y organizándote”.
Su meta es seguir en el rugby el mayor tiempo que su cuerpo se lo permita, crecer dentro de la selección nacional y especializarse en neurociencias.
Después de una fractura que parecía definitiva, aprendió algo más profundo que cualquier fórmula física o estrategia deportiva: que los límites también pueden romperse.
