Explora unam global tv
Explora unam global tv
explorar
Explora por categoría
regresar

De la UNAM a la Universidad de Alicante. Y, orgullosamente, de Nicolás Romero a España

Como orgulloso estudiante de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, me impulsa un profundo sentido de responsabilidad social, la convicción de lucha por efectuar cambios de raíz —es decir, desde la urdimbre de los problemas públicos— y, esencialmente, el inmenso amor que tengo por mi gente, por mi pueblo mexicano. Este orgullo no se limita únicamente a mi formación universitaria; nace de mi historia, de mí día a día como mexicano, como mexiquense y como nicolásromerense que ve, siente y vive las realidades que aquejan a la ciudadanía.

Esta fuente de inspiración y la vocación política que he tenido desde niño, guiaron mi camino hacia la Universidad de Alicante en España para investigar, estudiar, recuperar y adaptar buenas prácticas en materia de desarrollo urbano que pudieran ser de valor en el contexto mexicano.

La travesía comenzó al iniciar el bachillerato en el CCH Azcapotzalco, donde mi trayecto diario entre el Estado de México y la Ciudad de México se convirtió en una auténtica odisea. En esos movimientos en la cotidianidad citadina, entre combis, camiones y largas caminatas, fui testigo de múltiples escenas que reflejaban las desigualdades sociales que habitan nuestra ciudad.

Una de las escenas que marcaron mi vida fue en la colonia Doctores cuando en sus calles vi a una madre indígena sentada en el suelo vendiendo dulces, a unos pasos de un restaurante exclusivo que atendía a personas de alto poder adquisitivo. Esa imagen me dejó helado: probaba que en México coexisten realidades completamente distintas, y despertó en mí la necesidad de comprender lo que hay detrás de esta desigualdad estructural.

Además, todos los días veía a miles de personas que, como yo, se desplazaban durante horas desde los municipios del Estado de México hacia la Ciudad de México para trabajar o estudiar. Entre rostros cansados y cuerpos apretujados entendí que la vida en la periferia está marcada por carencias estructurales: falta de espacios públicos, escasez de agua, mala gestión de residuos, transporte deficiente, asentamientos en riesgo, contaminación, altos costos de vivienda y ausencia de desarrollo local. Todo esto dentro de una lógica urbana centralizada, donde la capital concentra las oportunidades y las periferias quedan reducidas a municipios-dormitorio, obligando a millones a llevar rutinas de reloj, de estrés y sin calidad de vida.

Pero no fue sino hasta que ingresé a la licenciatura en la FCPyS que tuve mi primer acercamiento formal a la investigación. Recuerdo que en un coloquio sobre la ciudad escuché por primera vez el término gentrificación. El concepto captó de inmediato mi atención por todo lo que implicaba y, al profundizar en él, pude darme cuenta que la administración pública tiene un papel central en el desarrollo urbano: es esta la que planea, ejecuta y regula el ordenamiento territorial por medio de los valores de uso del suelo, los programas de desarrollo urbano y las políticas de zonificación; es decir, el desarrollo urbano no es un fenómeno espontáneo, sino resultado de decisiones políticas y administrativas.

A partir de esa comprensión publiqué mi primer artículo académico: “La implacable trascendencia sistémica de la Colonia Doctores. Gentrificación urbana 1994-2015. Una perspectiva desde el análisis de gestión del gobierno abierto” en Encrucijada. Revista del Centro de Estudios en Administración Pública (Flores Diosdado, 2024b). En ese trabajo analicé cómo la planeación urbana con una falta de sentido público provoca que las y los residentes se vean obligados a desplazarse hacia las periferias por motivos de asequibilidad, incluso cuando sus espacios de trabajo están en zonas centrales, demostrando con ello que las decisiones gubernamentales, sin la colaboración ciudadana, lejos de contribuir al desarrollo social, lo perjudican.

¿DE DÓNDE VENGO Y HACIA DÓNDE VOY?

Después de un cúmulo de dudas que iban desde mi vida personal hasta mi vocación profesional, decidí que mi inspiración no podía quedarse ahí y comencé a investigar más sobre el tema para poder bosquejar estrategias que ponderaran lo deseable y lo posible de modo que pudiera proponer soluciones integrales y no limitarme únicamente a la detección del problema. Fue así como comencé a visualizar un nuevo horizonte: integrar mi trabajo de tesis con una experiencia internacional que lo nutriera desde otras realidades urbanas.

A principios de 2024, poco después de haber publicado ese primer artículo, conocí, por medio de la página en internet de la Dirección de Movilidad de mi facultad, la convocatoria de estancias de investigación internacionales de la Dirección General de Cooperación e Internacionalización (DGECI). Supe entonces que tenía frente a mí la oportunidad de materializar dos de mis sueños universitarios: ampliar los horizontes académicos de mi investigación y vivir una estancia internacional que enriqueciera mis experiencias humanas, personales, profesionales y políticas.

En el proceso de postulación me di a la tarea de investigar a fondo tanto universidades como ciudades que representaran un aporte significativo a mi formación académica y profesional, pero también que fueran ejes urbanos replicables y con potencial para aportar al caso de la Ciudad de México. Así, entre búsquedas y causalidades, y gracias a la recomendación de una amiga, conocí al doctor José Antonio Segrelles Serrano, catedrático de la Universidad de Alicante y experto en geografía y ordenación del territorio. Al conocer su trabajo y explorar la experiencia urbana de Alicante, comprendí que estaba ante un modelo que conjugaba calidad de vida, visión territorial y planeación incluyente y sustentable: justo lo que necesitaba para mi investigación.

Cuando llegué a Alicante y a la universidad viví una experiencia de ensueño. Jamás olvidaré aquella primera imagen del Castillo de Santa Bárbara y las olas del mar azul cielo que se reflejaban en mis ojos. Alicante me recibió con su casco antiguo lleno de historia, sus servicios públicos eficientes, su ordenamiento territorial incluyente y su modelo urbano amigable que armoniza su paisaje con las personas. Pero lo que más me marcó fue la calidez con la que su gente me acogió, en un ambiente fraterno que hizo que me sintiera en casa, bajo la protección simbólica de “La cara del moro” (la silueta de un rostro en los acantilados del monte Benacantil) que resguarda el espíritu noble de Alacant (Alicante en valenciano). Fue ahí donde comprendí que una ciudad planeada no sólo transforma el espacio, sino también la vida de quienes la habitan.

Siempre estaré agradecido con el doctor Segrelles, que me abrió generosamente las puertas de la Universidad de Alicante desde el Grupo Interdisciplinario de Estudios Críticos y de América Latina (GIECRYAL). Su acompañamiento fue mucho más que académico, pues compartió conmigo su conocimiento, su vocación docente y su invaluable tutoría en esta experiencia. Mi estancia estuvo llena de aventuras intelectuales, pero sobre todo de aprendizajes humanos: desde su invitación a participar en sus clases de geografía económica y en prácticas académicas en otras ciudades de España, hasta la oportunidad de publicar, bajo su guía, un artículo que significó mucho para mí por lo trascendente de su trasfondo con mi gente: “Gestión hídrica en los municipios de Nicolás Romero en el Estado de México y de Alicante en España: un estudio comparativo sobre el ciclo urbano del agua”, en la revista GeoGraphos del Departamento de Geografía Humana (Flores Diosdado, 2024a).

Además, compartí múltiples experiencias con sus estudiantes intercambiando ideas sobre desarrollo territorial; tuve un acercamiento a herramientas como QGIS (un sistema de información geográfica de código abierto), realicé exposiciones y, en más de una ocasión, alrededor de un café, me sumergí con el profesor en profundas conversaciones sobre nuestras visiones del mundo y de América Latina. Sin duda el doctor Segrelles fue mi brújula en esta andanza septentrional y su generosidad, su compromiso intelectual y sobre todo su calidad humana dejaron una huella imborrable en mi vida.

Hoy puedo decir con humildad y gratitud que uno de mis sueños se hizo realidad: estudiar en otro país. Siempre hubo señales que me guiaron hacia España: en canciones, bailes, proyectos escolares, incluso en la política. Por eso, con emoción y compromiso, reconozco el gran honor que la UNAM, por medio de la DGECI y de mi querida Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, me confirió al representarla en la Universidad de Alicante.

Espero que mi retribución a este privilegio sea que en un futuro mi tesis pueda ser un punto de partida como marco de referencia para la creación de políticas públicas que se pongan al servicio de la ciudadanía y que por medio de acciones transforme realidades que dejen huella en la vida de quienes habitamos las periferias, pues creo firmemente que una buena planeación y regulación urbana mejoraría la calidad de vida de mi gente. La ciudad es el hábitat humano por excelencia, sólo hay que aprender a vivir en ella de forma sustentable e incluyente.

Finalmente, exhorto a la comunidad universitaria a que aproveche las oportunidades que la UNAM nos brinda pues los sueños, cuando se sostienen con convicción y amor, se convierten en proyectos de vida, sin olvidar que ser mexicano y encima, universitario, es un gran honor que rebasa fronteras, pues “por nuestra raza hablará el espíritu” … De la UNAM a la UA y, orgullosamente, de Nicolás Romero a Alicante en España.

Luis Fernando Flores Diosdado es estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública (Administración Pública) en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM (2021-2025). De agosto a noviembre de 2024 realizó una estancia de investigación en la Universidad de Alicante, España.