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COP30: la meta climática luce cada vez más lejana

Debido al cambio climático, la Tierra ha cambiado: los océanos seguirán calentándose, se perderá el hielo marino y los glaciares, el nivel del mar aumentará y habrá condiciones meteorológicas extremas como sequías, inundaciones y olas de calor en las ciudades con mayor frecuencia, intensidad y duración.

Al respecto, Ana Cecilia Conde Álvarez, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, explicó en entrevista para UNAM Global que con el cambio climático los eventos extremos se vuelven más intensos, duran más, son más frecuentes y, por ende, más peligrosos.

“En México este año hubo más lluvia, con inundaciones, y anteriormente tuvimos tres años de sequía. No estamos preparados para estos eventos, sobre todo si deforestamos. Con las lluvias se vienen los deslaves y los cerros encima de las carreteras y las casas”.

Por dicha situación, la Organización de las Naciones Unidas creó la Conferencia de las Partes (COP) de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Hasta el momento, en la edición número 30, llevada a cabo en Brasil, están integrados 190 países, quienes llevan una política basada en la mejor ciencia posible. Su objetivo es identificar las acciones humanas para averiguar qué se puede revertir o cambiar.

Antecedentes

De las 30 reuniones, la más importante ha sido la COP de París, en donde se realizó un acuerdo y, a partir de ahí, se han hecho esfuerzos para implementar algunas acciones. Por ejemplo, que no suba la temperatura global más de dos grados.

Sin embargo, en las últimas reuniones se ha mencionado que la meta no se logrará, aunque siguen los esfuerzos: bajar emisiones —sobre todo la quema de combustibles fósiles— y conservar los bosques, la vegetación y los mares. Eso cambiaría bastante el sistema climático.

Además, se han llevado a cabo COP en países altamente explotadores de petróleo, como Emiratos Árabes, Egipto y Azerbaiyán.

Uno de los temas centrales es el impacto de los eventos climáticos extremos. El índice de riesgo climático señala que entre 1995 y 2024 se registraron 9,700 eventos extremos, con 830 mil muertes y daños por 4.5 billones de dólares. Los países más afectados: islas pequeñas y naciones del sur global.

La esperanza

La última COP, llevada a cabo en Brasil, tiene un fuerte empuje de los pueblos originarios. Posiblemente los resultados estén orientados a disminuir injusticias e inequidades, y aumentar el presupuesto para cuidar la Amazonia.

En el caso de México, podría haber un impulso de financiamiento para el cuidado de sus bosques.

¿Por qué no cumplen los acuerdos?

Una cuarta parte de los asistentes a la COP pertenece a grandes corporaciones globales y actores industriales con fuerte influencia económica. Estos grupos acuden para proteger sus intereses y participar en la negociación climática desde una lógica empresarial, que con frecuencia no coincide con las necesidades urgentes de los pueblos más vulnerables.

Su presencia y presión han dificultado la adopción de compromisos más profundos y vinculantes. Por eso es fundamental que también se escuchen las voces de las comunidades afectadas.

Además, Estados Unidos, a través del gobierno de Donald Trump, aseguró que produciría más carbón y más petróleo, y retiró apoyos económicos a muchas iniciativas orientadas a combatir el cambio climático.

El mayor creador de emisiones de CO₂ es China, pero si el conteo se realiza por habitante entonces es Estados Unidos. “Se necesitan tres chinos para emitir lo que un solo norteamericano contamina”. Además, está la Unión Europea, sobre todo Alemania, y México contribuye con el 1.3% del problema.

Aunque todos los países tienen su propia responsabilidad, México realiza propuestas para reducir las emisiones y avanzar en la adaptación.

En el gobierno de Jair Bolsonaro, en Brasil, se comenzó a tumbar la selva para plantar soya, crear minería y buscar metales. A eso contestaron los pueblos originarios: “No vamos a permitir eso porque el pueblo, la naturaleza y la comunidad están ligadas; si muere una, mueren las otras”.

Otras opciones

La producción de energía fósil es un gran negocio que no quieren soltar. Sin embargo, las energías alternativas han ganado una fuerza enorme, como la energía solar, que ha abaratado la electricidad.

Las celdas solares servirían muy bien en lugares donde no llega la electricidad. Por ejemplo, en África o en algunos sitios de México donde hay comunidades aisladas y muy pequeñas. Además, existen otras energías como la eólica y la proveniente de las mareas.

Sin embargo, en términos económicos, tiene que ser negocio y rentable. De hecho, ya hay algunas comunidades que lo han implementado.

Qué pasa si no frenamos el cambio climático

La respuesta es clara y contundente: ya está pasando.

“Estos eventos nos están agarrando de sorpresa”, dijo la entrevistada. De hecho, la secretaria de Medio Ambiente, Alicia Bárcena, abrió su intervención en la COP recordando las lluvias devastadoras que afectaron recientemente a México: cinco estados, 90 municipios incomunicados, 100 mil viviendas dañadas y 80 vidas perdidas. Todo esto después del huracán Otis, uno de los más sorpresivos registrados en el país.

“Nos estamos inventando un planeta mucho más caliente que aquel al que estamos acostumbrados”, afirma la científica. Y eso afecta todo: océanos, bosques, biodiversidad, ciudades. “Los impactos se van a agudizar porque seguimos cambiando al planeta”.

El papel de México

La posición del país en esta COP tiene un elemento nuevo: el compromiso de la Secretaría de Medio Ambiente con los manglares.

“Si los conservamos, ganamos en todo”, señala. Los manglares secuestran grandes cantidades de CO₂, protegen a comunidades costeras y preservan biodiversidad. “Es ganar-ganar”.

También resalta la importancia de empoderar a las mujeres como actoras —no víctimas— en la agenda climática, así como el papel de los jóvenes, especialmente en la exigencia de políticas públicas efectivas.

¿Qué pueden hacer los ciudadanos?

Aunque cambiar focos o reducir consumo es importante, eso no basta para enfrentar un problema global. “Nos sentimos solos, y así surge la angustia climática, sobre todo en los jóvenes”.

La clave está en la comunidad:

  1. Organizarse localmente: colonias, escuelas, colectivos.
  2. Buscar ejemplos exitosos: comunidades mexicanas que han salvado bosques, ríos o impulsado economías locales con soluciones basadas en la naturaleza.
  3. Formarse e informarse para actuar con impacto real.

“Si vamos a pasar a la acción, tenemos que ser parte de una sociedad activa”, concluye.