El impacto del cambio climático se observa en todo el mundo y ha provocado múltiples desastres socioeconómicos y ambientales. Además, los grandes intereses petroleros se han opuesto a los cambios energéticos, explicó en entrevista María Amparo Martínez Arroyo, investigadora del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM.
Las últimas COP se habían realizado en países petroleros, una contradicción evidente. Sin embargo, esta edición número 30 es especial porque se lleva a cabo en América Latina, específicamente en Brasil, en plena región del Amazonas, uno de los ecosistemas que deben protegerse con mayor urgencia debido a las amenazas derivadas de la crisis ambiental y climática.
Las primeras contribuciones nacionalmente determinadas se presentaron para iniciar el Acuerdo de París en 2015; la siguiente ronda fue en 2020 y las más recientes corresponden a 2025, conocidas como las 3.0. Además, las revisiones se realizan de manera alternada: la primera ocurrió en 2023 y la siguiente será en 2028.
La resistencia global a abandonar los combustibles fósiles
Uno de los temas más complejos —y repetidamente bloqueado en las COP— es la eliminación gradual de los combustibles fósiles. La razón es simple: el sistema económico mundial depende de ellos. “Hay intereses enormes que se oponen al cambio. La economía global se construyó sobre petróleo, gas y carbón”, afirma Martínez.
Estos combustibles, junto con la pérdida de ecosistemas, son los principales responsables de la acumulación de gases de efecto invernadero que alteran el balance energético del planeta. Incluso con más de dos décadas de advertencias científicas, las emisiones no han disminuido lo suficiente para mantener el calentamiento por debajo de 1.5 °C. “Ya en muchos sitios la temperatura ha rebasado ese límite. A nivel global todavía no, pero es probable que ocurra en la próxima década”, advierte.
A esto se suma la postura de países que creen que podrán enfrentar por sí solos los impactos del calentamiento, algo que, para la científica, resulta ilusorio. Por ello insiste en la importancia de las COP como espacios multilaterales donde existe presión colectiva para avanzar.
¿Quiénes contaminan más?
Aunque México se ubica alrededor del lugar 12 entre los países emisores, las grandes potencias concentran la mayor parte de las emisiones. Entre los primeros lugares están China, Estados Unidos, la Unión Europea, India y Rusia. “Los primeros diez países representan entre 70 y 80 % de las emisiones globales”, explica.
A nivel nacional, las principales fuentes de CO₂ son la quema de combustibles fósiles en el transporte y la industria, la fabricación de cemento, actividades agrícolas y ganaderas, y la pérdida de ecosistemas que antes capturaban carbono.
Antecedentes
La Conferencia de las Partes (COP) es una reunión anual que congrega a los países miembros de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). El objetivo es plantear compromisos y acciones para responder a la crisis climática. Hasta ahora se han realizado 30 reuniones, la más reciente en Brasil.
El cambio climático es un fenómeno global, pero algunos países —por su mayor desarrollo— han generado una acumulación histórica de gases de efecto invernadero. En contraste, los países en desarrollo no han contribuido al mismo nivel.
El año pasado se identificó que el mundo estaba muy lejos de cumplir los objetivos del Acuerdo de París debido a la falta de ambición climática. Por ello, Brasil propone colocar a las personas y los ecosistemas al centro de la acción climática.
En la UNAM
La UNAM ha colaborado directamente con el gobierno mexicano para elaborar las contribuciones nacionales (NDC), trabajando bajo un principio que coincide con la agenda de Belém: priorizar la reducción de daños.
“En la Universidad hemos participado en un grupo muy grande de investigadores. El enfoque ha sido claro: avanzar hacia daños neto cero, es decir, minimizar en lo posible los impactos que ya están ocurriendo”, señala.
Seis ejes para enfrentar la crisis
En la COP30 se discuten seis grandes líneas de acción que guiarán los esfuerzos globales de la próxima década:
- Transición energética, industria y transporte.
- Gestión sostenible de bosques, océanos y biodiversidad.
- Transformación de la agricultura y los sistemas alimentarios.
- Construcción de resiliencia en ciudades, infraestructura y agua.
- Promoción del desarrollo humano y social.
- Medidas transversales: financiamiento, tecnología, investigación, capacitación y educación.
Aunque todo marco internacional es perfectible, la investigadora destaca que estos ejes colocan en el centro a las personas y a la naturaleza, y que el principal reto es lograr acuerdos que se traduzcan en acciones concretas.
El camino para México
Para Martínez, enfrentar el cambio climático implica cumplir los compromisos internacionales, pero también transformar los hábitos de desarrollo interno: proteger ecosistemas, mejorar prácticas de consumo y producción, reducir desigualdades y fortalecer la información científica entre la población.
“Los países menos preparados son los que recibirán los impactos más fuertes”, advierte.
México, por su ubicación geográfica —entre dos océanos, con montañas, valles y una región mayoritariamente tropical— y por sus condiciones socioeconómicas y ambientales, es especialmente vulnerable. Por ello necesita identificar sus áreas más susceptibles y organizarse para protegerse mejor.
La investigadora concluye con una invitación: “Cumplir nuestros compromisos climáticos no solo es una obligación global. Le hace bien a México, a su salud, a su desarrollo y a su gente”.
