A menudo, la historia oficial de la conquista de América se centra en la caída de Tenochtitlan como el evento fundacional de la colonia. Sin embargo, esta narrativa deja de lado una serie de resistencias prolongadas, complejas y profundamente significativas protagonizadas por otros pueblos indígenas, entre ellos los mayas.
La historia de los mayas no es una de derrota inmediata, sino de lucha continua, de resistencia activa —tanto militar como cotidiana— y de reinterpretación histórica desde su cosmovisión.
Una conquista larga, compleja y violenta
La conquista del área maya fue un proceso largo, complejo y profundamente violento, marcado por la resistencia indígena, las dificultades geográficas y las ambiciones españolas. A diferencia de otras regiones de Mesoamérica, Yucatán, Chiapas y Guatemala no ofrecían grandes riquezas minerales, pero su ubicación estratégica y su población indígena fueron suficientes motivos para atraer el interés de los conquistadores.
Mediante la conferencia “De la selva a las montañas, la defensa de los mayas ante la presencia española”, la Dra. Noemí Cruz Cortés, jefa del Departamento de Historia y Ciencias Sociales del Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) de la UNAM, nos relata cómo esta civilización resistió los embates españoles.
Un poco de contexto
El área maya fue una de las regiones más ricas y diversas de Mesoamérica. Se caracterizó por su vasta extensión territorial y su compleja configuración cultural. Durante el periodo posclásico tardío, alrededor del año 1200 d. C., esta región se distinguía no solo por su tamaño, sino también por la gran cantidad de pueblos, lenguas y sistemas políticos que la habitaban.
En el siglo XIII, se hablaban al menos 26 lenguas activas pertenecientes a la familia lingüística maya.
“Geográficamente, el área maya abarcaba aproximadamente 180,000 kilómetros cuadrados, cubriendo en su totalidad la península de Yucatán, que incluye los actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, así como partes de Tabasco y Chiapas. Su extensión también traspasaba fronteras políticas modernas, incluyendo todo el territorio de Guatemala, Belice, y las regiones del norte de Honduras y El Salvador”, explicó la Dra. Cruz Cortés.
Una de las características más notables de esta región en términos culturales fue su multilingüismo. Aunque algunas de estas lenguas se han extinguido con el tiempo, muchas de ellas aún se conservan en la actualidad.
Un territorio de contacto e intercambio
La región no estaba habitada exclusivamente por pueblos de filiación maya. En áreas como Chiapas y Tabasco, también coexistían grupos que hablaban otras lenguas mesoamericanas, como las lenguas zoques o mixe-zoqueanas. Por ejemplo, los zoques, cuya presencia en la región es muy antigua, mantenían relaciones culturales y comerciales con varios grupos mayas. También estaban presentes los pueblos de los mixes, los pipiles y los nahuas, lo cual demuestra que el área maya no era una zona aislada, sino un espacio de constante interacción, intercambio y a veces conflicto entre distintas culturas.
El área maya era un sistema vivo, dinámico y conectado con otras regiones mesoamericanas.
A pesar de que los grandes centros urbanos del periodo clásico, como Tikal, Palenque y Calakmul, ya habían sido abandonados como centros políticos, las poblaciones campesinas y los pueblos comunes siguieron habitando el territorio, manteniendo vivas sus tradiciones, conocimientos agrícolas y redes de intercambio. Estos pobladores jugarían un papel crucial en los procesos de resistencia frente a la conquista española siglos más tarde.

Kuchkabales, reinos y diversidad política
En la región norte, particularmente en la península de Yucatán, el territorio estaba dividido en 18 entidades político-territoriales conocidas como kuchkabal, que los españoles denominaron provincias, aunque funcionaban más como reinos independientes. Estos reinos mayas estaban bien estructurados, con autoridades políticas estables, sistemas tributarios, organización militar y centros ceremoniales propios.
En Guatemala, la situación política era distinta. Aunque también había diversidad étnica y lingüística, dos grandes estados hegemónicos dominaban la región: el Reino quiché, cuya ciudad principal era Q’umarkaj (Utatlán), y el Reino kaqchikel, con Iximché como ciudad capital. Junto a estos, habitaban otros pueblos mayas, como los mames, los rabinales, los poqomames y los tzutujiles, todos con sus propias lenguas, formas de gobierno y relaciones de poder.
El poder maya no estaba centralizado: era múltiple, disperso y profundamente organizado.
En la región del Petén, una zona de densa selva tropical, vivían pueblos mayas como los kekchí, los mopanes y los kejaches, quienes estaban organizados en pequeños reinos rodeados por la espesura forestal y altamente adaptados a su entorno.
Estos pueblos, además de tener estructuras políticas complejas, poseían un profundo conocimiento de la economía de la selva y del comercio. Dominaban rutas comerciales tanto terrestres como fluviales, e incluso marítimas, a través del sistema de navegación por cabotaje. Esto les permitió integrarse a redes económicas que se extendían más allá del área maya, conectándolos con Centroamérica, el altiplano central mexicano e incluso el Caribe.
Una conquista más difícil que en Tenochtitlan
“El área maya se presentaba como una pluralidad de civilizaciones, con rasgos compartidos —como la escritura jeroglífica, el calendario y ciertos patrones arquitectónicos y religiosos— pero con una diversidad interna profunda que complicó enormemente la tarea de conquista para los españoles. Esta diversidad, tanto lingüística como política, no solo dificultó el sometimiento rápido del área, sino que también permitió una resistencia prolongada que duró mucho más que en otras regiones de Mesoamérica”, comentó Cruz Cortés.
Yucatán: una conquista prolongada
La conquista de Yucatán estuvo liderada principalmente por Francisco de Montejo “El Adelantado” y su descendencia. Desde 1527, con una capitulación real que lo autorizaba a conquistar y poblar, Montejo emprendió la empresa por la costa nororiental de la península. Sin embargo, las condiciones del territorio —clima adverso, enfermedades, falta de recursos y una fuerte resistencia indígena— causaron el fracaso inicial. Muchos mayas, acostumbrados ya a cierto contacto con los europeos, como Nahum Pat, jefe del territorio de Cozumel, pactaban con los españoles, pero pronto se rebelaban ante los abusos y los altos tributos.
La resistencia maya en Yucatán fue táctica, prolongada y apoyada por alianzas locales.
“La segunda etapa comenzó en Tabasco en 1529, con Montejo nombrado gobernador. Esta vez enfrentaron resistencia armada y la constante huida de los mayas hacia la selva. La tercera etapa se enfocó en Campeche y Acalán, pero también fracasó durante años. Solo en 1542, tras una prolongada campaña y gracias a alianzas con linajes mayas poderosos, se fundó finalmente la ciudad de Mérida sobre la antigua capital maya de T’Hó, consolidando el dominio español en la región”, dijo la especialista universitaria.
Guatemala: pactos rotos y guerras prolongadas
La conquista de Guatemala fue liderada por Pedro de Alvarado, enviado por Hernán Cortés. Aunque recibió instrucciones de establecer relaciones pacíficas con los pueblos indígenas, Alvarado optó por la violencia. Los quichés resistieron, pero finalmente fueron derrotados y sus líderes ejecutados. Posteriormente, los kaqchikeles y los tzutujiles pactaron con los españoles, aunque nunca aceptaron plenamente el dominio español.
Aunque se “conquistó” en 1524, la resistencia indígena continuó durante todo el siglo XVI.
Chiapas: conquista sin recompensa
En Chiapas, la conquista fue dirigida por Luis Marín, quien logró establecer alianzas con pueblos como Zinacantán. Sin embargo, al igual que en Yucatán, muchos indígenas huyeron a las montañas. Esto dificultó el control efectivo del territorio y redujo su valor económico para los españoles, pues sin indígenas para explotar, no había riqueza que obtener.

Los lacandones históricos: el último bastión
Uno de los grupos que más resistencia opuso al dominio español fueron los lacandones históricos, hablantes de cholti. En 1531, Alonso de Ávila descubrió su ciudad lacustre en la selva, pero tras un saqueo, los lacandones huyeron. Durante décadas se negaron a aceptar el cristianismo y el control colonial. En 1555, asesinaron al fraile dominico Domingo de Vico, lo que desató la Guerra del Lacandón. La ciudad fue destruida en 1559, y sus habitantes desplazados o capturados.
Aun así, algunos sobrevivientes fundaron una nueva ciudad, Ek´Balam, y permanecieron libres durante más de un siglo. En 1695, ya diezmados por el hambre y la pobreza, fueron finalmente sometidos por dos expediciones militares. De acuerdo con el historiador Jan de Vos, este grupo fue «exterminado con el contacto español».
Ek’Balam resistió más de 100 años después de la destrucción de la ciudad original.
“Es importante no confundir a estos lacandones históricos con los lacandones actuales, quienes son descendientes de otros grupos mayas que migraron a la región posteriormente, adoptando el nombre de lacandones”, aclaró la Dra. Cruz Cortés.
Tayasal: la última ciudad maya libre
Tayasal, también conocida como Noh Petén, ubicada en la región del lago Petén Itzá, fue el último bastión de independencia del mundo maya frente a la conquista española. A diferencia de la caída de Tenochtitlan en 1521, Tayasal resistió hasta 1697, casi dos siglos después.
Tayasal mantuvo su autonomía durante 176 años tras la caída del imperio mexica.
Durante este tiempo, los pueblos itzaes que habitaban Tayasal mantuvieron contactos esporádicos con los españoles. Aunque algunos aceptaron relaciones diplomáticas o alianzas superficiales, lo cierto es que se negaban a pagar tributo, a vivir bajo dominio hispano o a abandonar su autonomía. El aislamiento geográfico y político que mantuvieron durante tres siglos fue una forma eficaz de resistencia. Hubo diversos intentos de sometimiento desde regiones vecinas, como Belice, Guatemala y Yucatán, pero todos fracasaron hasta que en 1697 Martín de Ursúa logró conquistar Noh Petén tras una ofensiva militar bien organizada.
Poca difusión a la relación con los ingleses
A diferencia de la visión española, los ingleses tuvieron relaciones de enorme importancia con los pueblos mayas, particularmente en zonas cercanas a la bahía de Bacalar y la laguna de Términos. Estas regiones, limítrofes con Belice, fueron ocupadas en distintos momentos por ingleses, quienes veían en los mayas a socios comerciales, no a súbditos.
Los mayas preferían a los ingleses porque no imponían tributos ni encomiendas.
En contraste con los españoles, los ingleses no imponían tributos ni encomiendas, lo que facilitó relaciones más cordiales. Por ello, los mayas preferían muchas veces cooperar con los ingleses antes que con los españoles, generando un foco de alarma para la Corona española, que respondió militarizando la zona.
Una historia silenciada: la conquista más allá de Tenochtitlan
La Dra. Cruz Cortés lamentó que la historia de la conquista de los mayas suele ser ignorada en los relatos escolares y oficiales, ya que se privilegia una visión nacionalista centrada en la caída de Tenochtitlan como punto de partida de la nación mexicana, dejando de lado la complejidad del resto de Mesoamérica.
La caída mexica no fue el fin: los mayas resistieron por generaciones.
“Textos como el Chilam Balam de Chumayel relatan cómo los mayas registraron los eventos coloniales: no como crónicas convencionales, sino como profecías; otro ejemplo significativo de la manera en que los mayas resignificaron la conquista lo encontramos en las narraciones que realizan sobre Tecún Umán, un capitán indígena que enfrentó a Pedro de Alvarado en los Altos de Guatemala, en las cuales combinan elementos del cristianismo con su propio sistema de creencias, reinterpretando la conquista como una lucha entre fuerzas espirituales, no solo entre ejércitos humanos”, dijo.
Recuperar la memoria indígena
Por tanto —concluye el autor—, es fundamental contar también la historia de los pueblos que resistieron durante siglos, que no se rindieron ante los españoles y que, incluso después de la conquista militar, mantuvieron viva su cultura, ya que esto significa devolver la voz a quienes durante siglos fueron presentados como vencidos pasivos, cuando en realidad fueron agentes activos de su destino, luchadores incansables y guardianes de su cultura.
