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La confianza en la pareja: el pilar invisible que sostiene o rompe el amor

Es uno de los pilares más importantes en toda relación de pareja. Puede entenderse como el eje que permite que dos personas se unan, compartan experiencias y construyan un vínculo significativo a lo largo del tiempo. En cierto sentido, la confianza funciona como un pegamento emocional que favorece la cercanía entre sus integrantes y ayuda a afrontar las diferencias que inevitablemente surgen en la convivencia.

Además, permite tolerar y gestionar esas diferencias sin que representen una amenaza para la relación. Gracias a ella, cada integrante puede mostrarse vulnerable, auténtico y genuino, con la certeza de que será escuchado, comprendido y acogido. También implica esperar que la otra persona cumpla lo acordado, respete lo prometido y esté presente en los momentos importantes de la vida en común.

En otras palabras, todo ello busca responder a una pregunta fundamental en toda relación íntima: «¿Puedo confiar en que estarás para mí?».

Precisamente sobre esta dimensión de la confianza reflexionó Alma Gabriela Gómora Figueroa, jefa de sede del programa Espora en el Instituto de Fisiología Celular de la UNAM, durante la conferencia «De la tranquilidad a la sospecha: cómo se construye, cuándo se trastoca y cómo se diluye la confianza en la pareja», realizada como parte del 10.º Ciclo de Conferencias UNAMirada desde la Psicología.

A lo largo de su participación, la especialista explicó cómo se desarrolla la capacidad de confiar desde las primeras etapas de la vida, de qué manera influye en las relaciones de pareja y cuáles pueden ser las consecuencias de su deterioro o pérdida.

La raíz de la confianza: primera infancia y apego

Para comprender cómo surge la capacidad de confiar, Gómora Figueroa señaló que es necesario remontarse mucho antes de las relaciones de pareja. Las personas llegan a sus vínculos afectivos con una base previa de confianza o desconfianza, denominada confianza básica, que comienza a formarse durante la primera infancia a partir de las experiencias tempranas con las figuras cuidadoras.

Desde el nacimiento, los seres humanos dependen por completo de otras personas para sobrevivir. La primera relación de amor suele establecerse con quien cumple la función de cuidador principal. Esta figura brinda atención, protección y apoyo, interpretando y respondiendo a las necesidades del bebé.

De acuerdo con la especialista, la calidad de esta relación temprana desempeña un papel decisivo en la formación de la confianza básica, pues constituye el primer modelo de lo que significa depender de alguien y sentirse seguro en presencia de otro.

De esta manera, comienza a construirse una sensación fundamental de seguridad en el mundo y en las relaciones humanas. Por ello, las experiencias infantiles de cuidado, atención y afecto influyen significativamente en la forma en que las personas confiarán posteriormente en sus parejas y en otros vínculos importantes. Aunque las experiencias posteriores también pueden modificar estas creencias, las relaciones tempranas constituyen una base relevante para el desarrollo de la confianza interpersonal.

Elementos fundamentales de la confianza

A partir de esta confianza básica se desarrolla la capacidad de construir relaciones significativas durante la vida adulta. Sin embargo, como destacó Gómora Figueroa, la confianza no surge de manera automática ni se mantiene por sí sola: requiere una serie de condiciones que la fortalecen y sostienen con el paso del tiempo.

La especialista explicó que la construcción y el mantenimiento de la confianza en cualquier relación se apoyan en varios componentes esenciales. El primero es la honestidad, entendida como la disposición a actuar con transparencia y sinceridad. El segundo es la fiabilidad, que consiste en que aquello que la persona comunica corresponda efectivamente con la realidad y pueda corroborarse mediante sus comportamientos.

El tercero es la coherencia, es decir, la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace. Finalmente, la constancia resulta indispensable, ya que este pilar relacional necesita reafirmarse continuamente a través de acciones repetidas y consistentes.

Por esta razón, la confianza no puede darse por sentada una vez que la relación ha comenzado. No basta con construirla al inicio y asumir que permanecerá intacta para siempre. Requiere cuidado cotidiano, atención constante y múltiples demostraciones de consideración hacia la otra persona. Cada interacción representa una oportunidad para fortalecerla o debilitarla.

Cuando ambos integrantes actúan con honestidad, coherencia, fiabilidad y constancia, contribuyen a que este pilar permanezca sólido a lo largo del tiempo.

La confianza en la pareja: una construcción compleja

Tras explicar las bases que permiten el desarrollo de la confianza, Gómora Figueroa abordó la manera en que esta opera dentro de las relaciones de pareja. La confianza se convierte en uno de los pilares fundamentales para el desarrollo de vínculos afectivos satisfactorios. Además de los componentes ya mencionados, la especialista explicó que existen diversos elementos emocionales que contribuyen a fortalecerla.

Uno de ellos es el anhelo y la ilusión, que se manifiestan en la expectativa positiva hacia la relación y en la emoción de compartir un proyecto afectivo con otra persona. También interviene el amor, entendido como la experiencia de sentirse escuchado, cuidado, valorado y admirado por el otro.

A estos elementos se suman la intimidad y la complicidad. La intimidad permite experimentar la sensación de ocupar un lugar significativo en la vida y en los pensamientos de la pareja, incluso sin compartir el mismo espacio físico. La complicidad, por su parte, surge de una conexión especial que genera apoyo mutuo, entendimiento y una visión compartida frente a las situaciones de la vida.

El deseo también desempeña un papel importante en la construcción de este vínculo. No se limita al ámbito sexual, sino que incluye la disposición a acercarse al otro, abrirse emocionalmente y apostar por la relación. Asimismo, la lealtad, el compromiso y la seguridad refuerzan la vida en común al sostener el respeto por los acuerdos establecidos, la coherencia entre palabras y acciones, y la sensación de respaldo en momentos de necesidad.

Más allá de estos elementos emocionales, la especialista destacó que la confianza también se organiza a partir de acuerdos que estructuran la convivencia. Algunos son explícitos y se comunican de manera clara, mientras que otros permanecen implícitos y se construyen a través de expectativas y dinámicas cotidianas. Incluso existen pactos inconscientes vinculados a las experiencias familiares y a los modelos de relación aprendidos a lo largo de la vida.

En conjunto, estos elementos muestran que la confianza no se reduce a una emoción aislada, sino que requiere una presencia emocional sostenida y una construcción cotidiana. Escuchar activamente, mostrar interés por la experiencia del otro, brindar apoyo en momentos difíciles y actuar con coherencia frente a los acuerdos establecidos son prácticas que la fortalecen. Cuando ambas personas se sienten vistas, valoradas y respetadas, la sensación de seguridad dentro del vínculo se consolida.

De la confianza idealizada a una confianza madura

Durante la conferencia, Gómora Figueroa explicó que la confianza no permanece estática a lo largo de la relación, sino que atraviesa distintas transformaciones. Una de ellas ocurre durante el paso del enamoramiento inicial hacia etapas más maduras del vínculo.

Durante la etapa inicial de enamoramiento, la confianza suele fortalecerse con rapidez debido a la intensa sensación de cercanía emocional. En esta fase, las personas suelen sentirse especialmente comprendidas, valoradas y priorizadas por su pareja. La idealización del otro favorece la percepción de una conexión única y significativa, generando sentimientos de bienestar y seguridad emocional.

Sin embargo, conforme la relación evoluciona, llega una etapa en la que la idealización disminuye y comienzan a hacerse visibles las diferencias individuales. Este proceso, que forma parte natural del desarrollo de la pareja, puede generar dudas, inseguridades y desilusiones. Al descubrir que el otro posee espacios privados, intereses propios y necesidades independientes, se pone a prueba la confianza construida durante las primeras etapas del vínculo.

Lejos de significar un debilitamiento automático de la relación, esta etapa puede representar una oportunidad para que la confianza evolucione hacia una forma más madura y realista. Conforme la pareja deja atrás la idealización inicial, surge el desafío de equilibrar el «nosotros» con el «yo»: construir un proyecto compartido sin renunciar a la individualidad.

Confiar implica entonces reconocer que cada integrante conserva espacios, intereses y necesidades propias, sin que ello suponga una amenaza para la relación. Cuando esta diferencia puede aceptarse y respetarse, la confianza se fortalece sobre bases más sólidas que las del enamoramiento inicial.

¿Qué puede deteriorar la confianza y qué ocurre cuando se rompe?

Después de explicar cómo se construye y transforma la confianza, la especialista abordó algunos de los factores que pueden debilitarla o incluso fracturarla.

Entre ellos destacan las incongruencias entre lo que una persona dice y lo que hace, el incumplimiento de acuerdos previamente establecidos, la falta de consistencia en los comportamientos y la presencia de mensajes ambiguos que generan incertidumbre.

Cuando una persona percibe que las acciones de su pareja contradicen aquello que había prometido o acordado, comienzan a surgir dudas que impactan la seguridad emocional y la sensación de estabilidad dentro de la relación.

De igual forma, la disminución del apoyo emocional, del acompañamiento y del respaldo que antes se recibía puede generar sentimientos de abandono o desinterés, lo que afecta profundamente el vínculo.

Asimismo, la confianza comienza a diluirse de manera más evidente cuando aparecen mentiras, ocultamientos y traiciones que dañan los acuerdos establecidos. También ocurre cuando surgen formas de violencia, faltas de respeto, abuso, manipulación o control que generan miedo, inseguridad o dependencia.

Dentro de estas dinámicas se encuentran situaciones como el sometimiento de una persona a la voluntad de la otra, la invalidación constante de sus opiniones o experiencias, prácticas como el gaslighting, que provocan confusión y cuestionamiento de la propia percepción de la realidad, así como burlas disfrazadas de humor que minimizan o desacreditan la experiencia de la otra persona. Estas conductas no solo afectan la confianza, sino que también erosionan la dignidad y el bienestar emocional de quienes las experimentan.

Finalmente, Gómora Figueroa señaló que este pilar relacional también se deteriora cuando la relación pierde sus espacios exclusivos de intimidad y complicidad. Toda pareja desarrolla formas particulares de conexión, actividades compartidas y significados que fortalecen el vínculo. Cuando estos espacios dejan de existir o son reemplazados por relaciones externas que adquieren mayor relevancia, puede surgir la percepción de que la relación ha dejado de ser una prioridad.

Una de las expresiones más severas de este deterioro puede ser la infidelidad. Sin embargo, incluso en una situación tan compleja como esta, algunas parejas logran superar la experiencia cuando ambos miembros están dispuestos a comprender lo ocurrido, asumir responsabilidades, reparar el daño y reconstruir los acuerdos que sostienen la relación.

Este proceso requiere compromiso, honestidad y un trabajo consciente para recuperar la cercanía y la seguridad perdidas. Aunque no siempre es posible, la reconstrucción de la confianza puede lograrse cuando existe disposición genuina para afrontar el conflicto y transformar la relación.

No se tiene, se construye

A manera de cierre, la especialista subrayó que la confianza en la pareja no es un estado fijo ni un atributo permanente, sino un proceso dinámico que se construye, se pone a prueba y se transforma a lo largo del tiempo.

Se alimenta de la honestidad, la coherencia, la constancia, la intimidad, el compromiso y la capacidad de responder a una necesidad fundamental en toda relación humana: saber que el otro estará presente cuando se le necesite.

Sin embargo, también es un elemento vulnerable. Puede erosionarse ante la incongruencia, el incumplimiento de acuerdos, la falta de presencia emocional o la aparición de dinámicas de control, violencia o traición.

En este sentido, más que un punto de partida o de llegada, la confianza constituye un proceso continuo de construcción y negociación entre la seguridad y la incertidumbre. De su fortaleza depende, en gran medida, la calidad, la estabilidad y la profundidad del vínculo amoroso.