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Más que tonalidad: la riqueza del color en la visión náhuatl

En la cultura náhuatl, el color no solo era un elemento visual, sino una fuerza vital que conectaba a las personas con los dioses, la naturaleza y la vida social. Este enfoque se aborda en el libro Nombrar y pensar el color en la cultura náhuatl prehispánica, de Elodi Dupey García, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM, una obra que ofrece una mirada profunda sobre el papel ritual, estético y simbólico del color.

En la cultura náhuatl, el color no era un elemento meramente decorativo, sino que estaba íntimamente vinculado con la materialidad, la energía vital, la cosmología, la estética y la vida social. Cada tono poseía un significado específico que conectaba a las personas con los dioses, la naturaleza y los ciclos de la vida y la muerte.

Los colores se utilizaban en rituales, vestimenta, arte y códices, transmitiendo mensajes sobre jerarquía, identidad, poder y espiritualidad. Lejos de ser un asunto estético, el color funcionaba como un medio de comunicación cultural, reflejando la complejidad del mundo náhuatl y su visión del universo como un sistema ordenado, donde cada elemento tenía su lugar y su sentido.

¿Cómo nombraban y pensaban el color los pueblos mesoamericanos?

Para comprender mejor esta visión, Elodi Dupey García, del IIH de la UNAM, publicó el libro Nombrar y pensar el color en la cultura náhuatl prehispánica. La obra ofrece una mirada profunda y original sobre la manera en que los pueblos mesoamericanos concebían y utilizaban el color.

“La obra de Dupey García no se limita a un catálogo de palabras o pigmentos: propone una verdadera teoría indígena del color, reconstruida con rigor filológico e interdisciplinario, y ofrece nuevas herramientas para comprender la relación entre color, imagen y percepción. Esto nos permite mirar la cultura mesoamericana desde una perspectiva más rica y compleja.”
Sanja Savkic, presentadora del libro y doctoranda en artes indígenas de las Américas, UNAM

Desde una perspectiva cosmológica, el universo náhuatl se estructuraba en cinco colores fundamentales: rojo, amarillo, blanco, negro y azul-verde. Cada uno correspondía a una dirección del espacio y a un nivel del cosmos, configurando una verdadera arquitectura cromática del mundo. Los colores no eran simples categorías perceptivas, sino principios de organización del universo y de la vida.

Savkic explicó que “en este texto veremos que el color era más que una propiedad; era intensidad vital, resplandor y energía. La experiencia cromática era táctil y fluida: los términos náhuatl integraban ideas de textura, densidad y movimiento, mostrando que el color se concebía como sustancia que fluye, impregna y anima la forma”.

Color, poesía y simbolismo en la cultura náhuatl

Esta visión se refleja también en el lenguaje poético náhuatl. En los Cantares mexicanos, el jade y la flor —símbolos de belleza y juventud— representan la unión entre lo precioso y lo divino. El color aparece entonces como metáfora de la creación artística y de la revelación sagrada, donde lo sensible y lo espiritual se funden en una misma experiencia.

Una forma de dar personalidad

Roberto Martínez González, investigador del IIH, participó también en la presentación del libro y destacó el papel del color como portador de energía, personalidad y significado. Como ejemplo, mencionó dos colores: el blanco del hueso, que expresa claridad, dureza, memoria y tiempo; y el rojo, asociado a la sangre y al calor.

“Pintar los huesos con colores específicos no solo los identifica con deidades, sino que también recrea simbólicamente ese acto de dar vida.”
Roberto Martínez González, investigador del IIH, UNAM

Esta comprensión se extiende a los huesos pintados hallados en contextos rituales. En la cosmovisión náhuatl, los huesos son restos de los ancestros, asociados al mito de la creación del ser humano, donde una deidad desciende al inframundo para recogerlos y, al mezclarlos con su propia sangre, infunde el tonalli, la energía vital. Pintar los huesos con colores específicos —azul, negro, rojo o amarillo— no solo los identifica con deidades como Cihuacóatl, Mictlantecuhtli o Ehecatl, sino que también recrea simbólicamente ese acto de dar vida.

Pensar el color desde esta perspectiva es abrir una puerta a la cosmovisión mesoamericana: una red donde todo está vinculado por correspondencias vivas. Las antiguas pinturas rojas de las cuevas o los muros no son simples rastros del pasado; en ellas, materia y espíritu no se oponen, sino que se funden en una misma vibración de luz y vida.

El color como fuerza vital y simbólica en la cosmovisión náhuatl

El libro de Elodi Dupey García nos invita a repensar el color no solo como fenómeno visual, sino como una fuerza vital y simbólica que estructuraba la vida, la religión y el arte en la cultura náhuatl. Su investigación revela cómo, a través del color, los pueblos mesoamericanos entendían el mundo y su lugar en él, ofreciendo una comprensión más profunda y enriquecedora de su cosmovisión y creatividad.