Explora unam global tv
Explora unam global tv
explorar
Explora por categoría
regresar

¡Un lustro de asombro! El Club de Ciencias del CCH Oriente llega a sus 5 años

El entusiasmo por descubrir, experimentar y comprender el mundo que nos rodea ha sido el motor del Club de Ciencias del CCH Oriente desde su creación. Este espacio se ha consolidado como un semillero de talento joven, creatividad científica y aprendizaje colaborativo. A lo largo de este lustro, el club no sólo ha impulsado proyectos y actividades que acercan la ciencia a la comunidad estudiantil, sino que también ha fomentado la curiosidad y el pensamiento crítico como herramientas de transformación.

El profesor Alonso Antonio Yescas Galicia, docente de física en el Colegio de Ciencias y Humanidades Plantel Oriente de la UNAM, relató el origen, desarrollo e impacto del Club de Ciencias, un proyecto que nació a partir de los desafíos educativos enfrentados durante la pandemia.

Yescas Galicia explicó que el club surgió cuando advirtió que las clases tradicionales habían sido rebasadas por las nuevas tecnologías, lo que volvió evidente la necesidad de transformar la manera en que se enseñan las ciencias. De ahí nació la idea de crear un espacio donde los estudiantes pudieran aprender de forma más dinámica y profunda, aprovechando las tecnologías de la información, los sensores, la programación y diversas herramientas tecnológicas.

“Dejar caer un balín o una pelota para estudiar la caída libre resulta muchas veces tedioso o insuficiente, y los alumnos no comprenden del todo las fuerzas involucradas en los fenómenos físicos que los rodean. Por ello decidí incorporar sensores y sistemas de medición que permitieran obtener datos reales, analizarlos y compararlos con los modelos teóricos”, comentó.

Con esta estrategia, los estudiantes descubren que la realidad física no siempre se comporta como los modelos ideales, lo que despierta en ellos una curiosidad científica genuina. Esa inquietud, a su vez, los conduce hacia carreras como ingeniería, química o física, al encontrar en la ciencia una herramienta para comprender su entorno y un campo fértil para la solución de problemas.

A lo largo de estos años, el maestro Alonso ha contado con el apoyo de diversos colegas de la institución. Actualmente colaboran con él los profesores Raymundo Ibarra Carrasco y otros docentes del plantel.

Un proyecto con diversas misiones

La visión del Club de Ciencias, ubicado en el SILADIN (Sistema de Laboratorios para el Desarrollo y la Innovación), tiene distintas aristas. Una de ellas consiste en motivar a los alumnos para que sean productivos en la sociedad, capaces de enfrentar conflictos y aportar soluciones a partir de los aprendizajes adquiridos en el bachillerato. Asimismo, se busca que los jóvenes transformen la percepción de que ciencias como la física, la química o las matemáticas son disciplinas complicadas e inaccesibles.

“Al comenzar a trabajar con Arduino, circuitos, sensores y prototipos reales, encuentran un sentido distinto al estudio. Ven un LED encenderse por primera vez, logran hacer funcionar un programa en lenguaje C o son capaces de manipular un sistema que ellos mismos ensamblaron. Esa experiencia les devuelve la motivación. El aprendizaje significativo ocurre cuando los alumnos descubren que las ciencias no son sólo fórmulas, sino herramientas para crear y comprender el mundo”, destacó.

Voluntad para saber

Una de las particularidades del club es que los interesados no necesariamente deben contar con conocimientos científicos avanzados, ya que el plan de trabajo está cuidadosamente estructurado. Cada ciclo se desarrolla a lo largo de un año y se divide en dos fases. En la primera, los jóvenes eligen su proyecto, investigan los fundamentos teóricos y, de manera paralela, aprenden a programar en lenguaje C, base para trabajar con Arduino y con los sensores que posteriormente utilizarán. Esta etapa concluye con la definición clara del proyecto, el acopio de materiales y el dominio inicial de las herramientas tecnológicas necesarias.

La segunda fase está dedicada a la construcción de prototipos, la realización de pruebas, la instalación de sensores, la recolección de datos y su análisis. Es una etapa más experimental que permite la maduración de cada proyecto.

Actualmente participan alrededor de cincuenta jóvenes de todos los semestres, lo que da cuenta de la pluralidad que enriquece el ambiente social del grupo. Este intercambio entre distintas edades, visiones y experiencias fortalece el sentido de comunidad.

“Yo soy de primer semestre y, honestamente, sí se siente ese ambiente de comunidad. Hay buena convivencia y, aunque soy de los más jóvenes, me siento respaldado por mis compañeros y por los profesores, que siempre están al pendiente. Creo que la comunidad del CCH Oriente es muy cálida y acompañante, y en este club queda demostrado”, comentó Carlos Alonso Yescas Hernández.

Lo que se está construyendo

Actualmente se desarrollan tres proyectos y un cuarto que inició en el segundo semestre del año. El terrario, uno de los proyectos estrella del club, acumula ya un año de observaciones continuas. En este pequeño ecosistema cerrado, los estudiantes analizan el ciclo del carbono, el ciclo del agua y los procesos de transferencia de calor —conducción, convección y radiación— utilizando sensores de dióxido de carbono para medir cuánto se genera, cómo lo absorben las plantas durante el día y cómo lo liberan durante la noche. El profesor lo describe como estudiar un “pequeño planeta Tierra”, lo que incluso lleva a reflexionar sobre si los seres humanos vivimos dentro de un sistema semejante.

Esta misma inquietud comparte Camila Rubí Díaz Barriga Martínez, alumna de tercer semestre y participante en este proyecto, quien, además de su interés futuro por estudiar medicina, decidió involucrarse activamente en las actividades del club. Una vez concluido el trabajo del terrario, se integrará a otro proyecto enfocado en el estudio de neuronas.

En el programa de neuronas se busca representar descargas eléctricas y alteraciones cerebrales mediante circuitos físicos programados. Alejandro Falcón Alcántara, alumno de tercer semestre, explicó que el objetivo es comprender el comportamiento del cerebro y cómo influyen enfermedades como la epilepsia.

A estos trabajos se suman proyectos relacionados con energía solar, la creación de fotocompuertas con sensores infrarrojos que se activan con la sombra, ejercicios de termodinámica, experimentos sobre transferencia de energía y distintos prototipos sustentables que utilizan fotoceldas.

El cuarto proyecto, que apenas comienza a desarrollarse, consiste en la construcción de una cocina solar a partir de una antena parabólica, la cual contará con una cama de vidrio para generar un punto focal de alta temperatura que permita cocinar alimentos.

Todos estos proyectos no sólo aplican conocimientos, sino que también fomentan la innovación científica y tecnológica dentro del ámbito escolar. Falcón Alcántara añadió que estas experiencias fortalecen habilidades como la solución de problemas, el trabajo en equipo y la comunicación de ideas complejas. “Son herramientas fundamentales para nuestro desarrollo integral y nos preparan para los desafíos académicos y profesionales del futuro”, dijo.

Consolidación, el siguiente paso

Aunque el club ha participado en la Semana de la Ciencia, la Muestra SILADIN y diversos foros, hasta ahora no ha competido formalmente debido a que los tiempos de convocatoria no siempre coinciden con el cierre anual de los proyectos. El año pasado, por ejemplo, estuvieron a una semana de lograrlo. Sin embargo, este año esperan participar por primera vez en ferias de ciencia y obtener sus primeras medallas, ahora que cuentan con proyectos más sólidos y con datos acumulados durante largos periodos de observación.

Para el profesor Alonso Antonio Yescas Galicia, la mayor recompensa es ver cómo sus alumnos recuperan el interés por aprender, eligen carreras científicas y se convierten en jóvenes capaces de aportar al país. En sus palabras, cada logro dentro del club contribuye a “construir un futuro mejor”.

“Me resulta profundamente gratificante encontrarme con exalumnos que participaron en el club y escuchar que esta experiencia les ayudó a descubrir su verdadera vocación. Ese es el propósito fundamental del club: contribuir a que México siga formando el talento y el espíritu inquieto necesarios para construir un futuro mejor, no sólo para nuestro país, sino para toda la humanidad. Quién sabe, tal vez entre estos jóvenes surja el próximo premio Nobel. Ese es el sueño que nos impulsa a seguir”, concluyó.