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Mujeres investigadoras del ICN llegan a niñas de Iztapalapa

Cuando Antígona era niña, cada año acudía al Museo de Electricidad y al Museo de Historia Natural. Esos recorridos la maravillaron y sembraron en ella la inquietud por dedicarse a la ciencia. Hoy es investigadora del Instituto de Ciencias Nucleares (ICN) de la UNAM y, en el Día Internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia, ejerció su especialización en divulgación científica.

En un evento llevado a cabo el 11 de febrero, el Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM festejó esta fecha con una serie de actividades en el parque Utopía Meyehualco, en Iztapalapa. Antígona Segura Peralta, coordinadora de la Unidad de Comunicación de la Ciencia del ICN, fue la encargada.

Las mujeres han sido excluidas sistemáticamente de muchos aspectos de la sociedad, en particular de la creación del conocimiento científico. “A pesar de ello, siempre hemos logrado hacer ciencia, hacer contribuciones e incluso entrar a las universidades cuando estaba prohibido”.

Para Antígona, la idea de que las mujeres sólo sirven para cuidar hijos y quedarse en el hogar es equivocada. De hecho, no hay evidencia científica que demuestre que las mujeres tengan capacidades diferentes a las de los hombres para hacer ciencia.

Cualquier persona fisiológicamente está cerebralmente preparada para hacer ciencia; la única diferencia es tener el gusto por hacerlo. “Es todo lo que tienen que tener”.

Sin embargo, la idea de que las mujeres deben cumplir un rol específico en la sociedad ha sido muy dañina. Es difícil que entren a las universidades para hacer ciencia, porque todavía son las principales cuidadoras. De hecho, tienen menos tiempo para generar conocimiento en comparación con los hombres.

El problema es sistémico, producto de una sociedad que nos ha otorgado un rol específico que, si bien podemos cumplir, también podemos transformar.

El evento

Las actividades consistieron en una serie de talleres, juegos y exhibiciones para contarle a la gente qué es lo que hacen las mujeres del ICN en la UNAM, desde estudiantes de posgrado hasta técnicas académicas.

Entre ellas destacó Pilar Carreón, quien en su ponencia realizó experimentos de química con niñas pequeñas. Les mostró cómo el nitrógeno, al enfriarse a temperaturas muy bajas, se vuelve líquido, pero al liberarlo al medio ambiente se vuelve gaseoso.

También se presentó Paola Molina Sevilla, quien habló sobre la importancia de las mujeres en el camino hacia la exploración espacial, en específico sobre Valentina Tereshkova, primera cosmonauta rusa, y su relevancia para abrir camino a las siguientes generaciones. Además, estuvo Ana Leonor Rivera para explicar por qué los humanos somos complejos.

¿Por qué en Iztapalapa?

De acuerdo con Antígona Segura, se decidió realizar el evento en este sitio para alcanzar a las personas que no tienen acceso a las actividades científicas o culturales de la UNAM, ya que Ciudad Universitaria les queda lejos. La idea era hablar con un público diferente al que normalmente acude a ese espacio.

“Cuando hablamos de ciencia, es muy importante la participación de todos los sectores de la población, en particular de las mujeres, que somos el 51 por ciento de la población, tanto en México como a nivel mundial”.

Sin embargo, el porcentaje de mujeres en la ciencia todavía es mínimo. Por ejemplo, en las áreas de física y en el ICN sólo hay alrededor del 5 por ciento del sector femenino, mientras que en el área de química sí hay una participación cercana al 50 y 50.

Este bajo porcentaje en física refleja que aún no se hace lo suficiente para permitir que las niñas y las mujeres se especialicen en esos espacios, añadió la investigadora universitaria.

“Para nosotras, la voz de las mujeres es la voz de la humanidad. Por eso no podemos dejarlas fuera de la ciencia, ya que tenemos nuestras propias perspectivas relacionadas con nuestras historias particulares”.

Una historia femenina en la ciencia

Antígona no tiene claro cuándo decidió ser científica, pero desde pequeña sentía una curiosidad imparable. Quería saber cómo se organizaban las hormigas, cómo se guiaban y a dónde llevaban la comida; además, le fascinaban los volcanes, el fenómeno de la vida y, sobre todo, las estrellas.

Así, buscó su pasión y llegó a la carrera de Física; luego realizó su maestría en Astronomía y finalmente un doctorado en Ciencias de la Tierra. En realidad, buscaba llenar su deseo de aprender.

Además, ha tenido la fortuna de relacionarse con grandes personalidades. Por ejemplo, cuando realizó un diplomado en divulgación científica, lo primero que hizo fue buscar a Julieta Fierro, quien justamente hacía divulgación junto con Miguel Ángel Herrera desde el Instituto de Astronomía. La recuerda como una persona amable y generosa que llenaba de curiosidad al público.

Cuando realizó su doctorado en Ciencias de la Tierra, en el área de Ciencias Espaciales, le tocó trabajar nada menos que con Rafael Navarro González, una eminencia en los estudios del planeta Marte. Más tarde, se quedó en el ICN como investigadora, donde lleva más de 20 años y también coordina el área de comunicación.

Su investigación

Desde que llegó al ICN se ha dedicado a estudiar la habitabilidad planetaria: entender cómo se forma un mundo habitable, cuáles son sus características y cómo distinguirlo de un mundo no habitado.

La idea es que en el futuro existan telescopios capaces de observar las atmósferas de planetas tipo terrestre, es decir, planetas rocosos como la Tierra.

¿Cómo reconocer un planeta habitable en el Universo? En el sistema solar hay cuatro planetas tipo terrestre: Mercurio, Venus, Tierra y Marte. “Por eso sabemos que existen planetas de tipo terrestre alrededor de otras estrellas”.

Hasta el momento se han detectado más de 7 mil exoplanetas, es decir, planetas que giran alrededor de otras estrellas, pero sólo una veintena están dentro de la zona habitable. “No sabemos si tienen agua o atmósfera porque los instrumentos actuales no nos permiten determinarlo”.

Otra característica importante es la presencia de agua: su atmósfera debe permitir mantenerla en estado líquido para que pueda generarse la vida.

Actualmente se sabe que existen versiones de la Tierra mucho más grandes, llamadas “supertierras”, que podrían tener atmósferas de hidrógeno. Pero ¿qué pasa si su estrella presenta múltiples llamaradas?

Esas constantes explosiones estelares pueden ser un problema para la vida, porque calientan la atmósfera y generan altos niveles de radiación ultravioleta. Además, es necesario entender si el planeta tiene volcanes para conocer su interior y evaluar si posee las condiciones necesarias.