En junio de 2026, las autoridades del estado de Michigan, Estados Unidos, detectaron un brote de ciclosporiasis, una enfermedad intestinal causada por Cyclospora cayetanensis, un parásito microscópico.

En comparación con infecciones más comunes, como la salmonelosis, la campilobacteriosis, la shigelosis y las causadas por algunas cepas de Escherichia coli, la ciclosporiasis, como se conoce a esta enfermedad, cursa con diarrea acuosa y frecuente, en ocasiones explosiva. Si bien no suele ser mortal, algunos pacientes pueden requerir hospitalización debido a la deshidratación u otras complicaciones.
La infección se adquiere principalmente por el consumo de agua, verduras o frutas frescas contaminadas con el parásito. El lavado adecuado puede reducir el riesgo, pero no garantiza la eliminación completa de Cyclospora.
A mediados de julio, las autoridades sanitarias de Estados Unidos relacionaron uno de los brotes con el consumo de lechuga iceberg procedente del centro de México. Con corte al 13 de agosto, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades y la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos habían registrado 9481 casos confirmados, 398 hospitalizaciones y dos defunciones, distribuidos en 17 estados.
Aunque el resultado inicialmente positivo de una muestra de lechuga fue reclasificado como falso positivo y no se han informado muestras positivas confirmadas, las autoridades estadounidenses mantienen la asociación con base en las entrevistas epidemiológicas y los estudios de trazabilidad.
A raíz de lo anterior, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de México emitió un aviso preventivo de viaje. La Secretaría de Salud informó que, hasta el 31 de julio, se habían confirmado 33 casos en 13 entidades, pero aclaró que no existía un brote activo ni se habían registrado defunciones en el país. Por su parte, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios informó que las muestras de lechuga y las obtenidas posteriormente en hoteles de la Riviera Maya resultaron negativas.
“Es importante aclarar que Cyclospora cayetanensis no es una bacteria, sino un parásito microscópico, es decir, es tan pequeño que solo se puede observar con un microscopio adecuado para identificarlo”, explica la doctora en Ciencias de la Salud Guadalupe Soto Estrada.
A diferencia de muchas bacterias, agrega, contra las que se emplean desinfectantes como el cloro y otros productos químicos en verduras, frutas y hierbas, este parásito no es eliminado de manera confiable por los métodos habituales de desinfección. Utilizar concentraciones mayores tampoco sería una alternativa, pues podría tener efectos tóxicos para los consumidores.
“Pero la ‘ventaja’ es que no se transmite de persona a persona”, señala la académica de la Facultad de Medicina de la UNAM.
En términos biológicos, la transmisión directa se considera improbable porque los ooquistes eliminados en las heces no son infectantes de inmediato. Deben permanecer al menos una o dos semanas en el ambiente para que esporulen y se vuelvan infectantes.
Primeros brotes en Norteamérica
Cabe mencionar que este parásito no es de aparición reciente, sino que se conoce desde hace varias décadas y tiene una distribución mundial, sobre todo en zonas tropicales y subtropicales, donde causa diarreas todos los años, aunque rara vez provoca la muerte.
El actual brote de Cyclospora no es el primero del que se tiene noticia en Estados Unidos. Los primeros casos conocidos de infección humana se diagnosticaron en 1977 y el parásito fue caracterizado a principios de los años noventa. El primer brote notificado en Estados Unidos ocurrió en 1995. Sin embargo, el primer brote de gran magnitud ocurrió en 1996 en Estados Unidos y Canadá y se relacionó con frambuesas importadas.
El brote actual de ciclosporiasis encendió las alertas sanitarias en Estados Unidos y México. El análisis genético del parásito puede ayudar a identificar grupos de casos relacionados, pero, para determinar si provienen de un mismo alimento, se necesita combinar esa información con entrevistas epidemiológicas y estudios de trazabilidad.
En la ciclosporiasis puede haber deshidratación, como ocurre con otras infecciones gastrointestinales. En los dos casos fatales registrados hasta el 13 de agosto, las personas tenían enfermedades subyacentes importantes que pudieron verse agravadas por la ciclosporiasis y la deshidratación. Las autoridades estadounidenses no han informado cuáles eran esas enfermedades, por lo que no es posible atribuir las defunciones a una comorbilidad específica.
Las personas con el sistema inmunitario debilitado o con enfermedades crónicas que favorezcan la deshidratación y otras complicaciones pueden ser más susceptibles a presentar cuadros graves o prolongados.
Conglomerados de casos
Es importante determinar si en nuestro país existen conglomerados de casos. En epidemiología, un conglomerado es una agrupación de personas enfermas relacionadas por tiempo y lugar, cuyo número parece mayor de lo esperado, aunque inicialmente se desconozca cuál debería ser la frecuencia habitual.
En Estados Unidos se identificaron distintos conglomerados de casos, pero la investigación no terminó ahí. Las autoridades analizaron si realmente formaban parte de un brote, si las personas afectadas tenían una fuente común de infección y qué medidas preventivas debían implementarse.
La coincidencia de casos durante un mismo periodo, su concentración en una zona geográfica o el antecedente de haber consumido alimentos procedentes de un mismo lugar son elementos que pueden justificar una investigación epidemiológica.
No es necesario que haya miles de casos. En las investigaciones de enfermedades transmitidas por alimentos, dos o más personas que no viven en el mismo hogar y que comieron en el mismo establecimiento, asistieron al mismo evento o adquirieron alimentos en un mismo lugar pueden constituir un conglomerado que amerite investigación. Sin embargo, el número de casos por sí solo no permite afirmar que exista un brote: es necesario determinar si las personas afectadas están epidemiológicamente relacionadas, por ejemplo, por una exposición o una fuente común.
“Hay conglomerados de casos que, como epidemióloga, yo optaría por investigar para ver si están asociados, porque, si no los investigo, no puedo decir en este momento que hay un brote, pues no tengo manera de saberlo”.
Efecto de arrastre
Es necesario implementar medidas de prevención frente a este microorganismo, pues Cyclospora presenta resistencia a algunos de los métodos habituales de desinfección.
Soto Estrada explica que, frente a Cyclospora, el cloro y la plata coloidal no garantizan la eliminación del parásito, por lo que es importante recurrir también a otros mecanismos preventivos, como lavar las frutas y verduras bajo el chorro de agua potable. De esta manera se produce un mecanismo de arrastre que ayuda a reducir la contaminación presente en la superficie. «Es un mecanismo mecánico más que químico».
Las autoridades sanitarias de Estados Unidos recomiendan lavar cuidadosamente las frutas y verduras bajo el chorro de agua potable y utilizar un cepillo limpio únicamente en productos de superficie firme, como melones y pepinos. En alimentos delicados, como las hojas de lechuga, las fresas y las moras, el lavado debe realizarse con cuidado para evitar dañarlos. Este mecanismo puede disminuir la contaminación superficial, pero no garantiza la eliminación completa de Cyclospora.
Soto Estrada insiste en la importancia de ser cuidadosos con el lavado y el manejo de los alimentos. La dosis infectiva de Cyclospora cayetanensis no se ha determinado con precisión, por lo que la recomendación es reducir al máximo las posibilidades de contaminación.
«Aunque no es una enfermedad mortal, es molesta porque hay diarrea explosiva y malestar general», señala la investigadora.
Esto no significa que deban abandonarse las prácticas habituales de lavado y desinfección de frutas y verduras. En México, la NOM-251-SSA1-2009 establece, para los establecimientos de servicios de alimentos o bebidas, que los vegetales y las frutas deben lavarse y desinfectarse con cloro u otro desinfectante de uso alimenticio, de acuerdo con las instrucciones del fabricante.
La diferencia está en el caso específico de Cyclospora: las medidas habituales de lavado y desinfección pueden ayudar a reducir riesgos, pero no debe afirmarse que garanticen la eliminación del parásito.
Diarrea explosiva
Las infecciones gastrointestinales pueden alterar la absorción de agua y nutrientes, principalmente en el intestino delgado.
En el caso de Cyclospora, el parásito invade células del epitelio del intestino delgado y puede lesionar la mucosa intestinal. Esta alteración reduce la absorción de agua y nutrientes y causa una diarrea acuosa que puede provocar deshidratación.
La infección también puede ocasionar distensión abdominal y aumento de gases. Sin embargo, los gases no son la causa directa de que la diarrea sea explosiva. Esta expresión describe una evacuación súbita, abundante y difícil de contener.
El tratamiento de elección para la ciclosporiasis es la combinación de trimetoprima con sulfametoxazol. Su administración debe ser indicada por un profesional de la salud, pues requiere consideraciones especiales en personas alérgicas o intolerantes a las sulfamidas, durante el embarazo y la lactancia, así como en menores de dos meses. Hasta ahora no se ha identificado una alternativa igualmente eficaz para quienes no pueden recibir este medicamento.
Por el momento, para evitar la infección por Cyclospora, lo mejor es tener precaución y evitar las verduras crudas cuando no sea posible comprobar que fueron preparadas con agua potable y bajo condiciones adecuadas de higiene. La contaminación puede ocurrir durante el cultivo, el riego, el procesamiento, la distribución o la preparación de los alimentos.
También es necesario lavarse las manos con agua y jabón antes de preparar o consumir alimentos y después de ir al baño, así como procurar que las personas que manejan los alimentos mantengan una higiene adecuada.
“Algunas personas que tienen alguna enfermedad de base o crónica se tienen que cuidar el doble o triple porque son más susceptibles a complicarse con enfermedades como la ciclosporiasis”, advierte Soto Estrada.
Esta precaución es especialmente importante para las personas con el sistema inmunitario debilitado o con enfermedades que aumenten el riesgo de deshidratación y otras complicaciones.
“Como no hay una vacuna con la que podamos evitar la infección, tenemos que actuar desde nuestro ámbito y tratar de tener higiene al comer. Como los alimentos que nos llevamos a la boca tienen cierto riesgo, debemos disminuirlo al máximo y cuidarnos”, finaliza la especialista en Epidemiología Aplicada.
