Explora unam global tv
Explora unam global tv
explorar
Explora por categoría
regresar

El chile en México: identidad cultural, gastronomía y lenguaje popular

Se dice que los mexicanos le ponen chile a todo, incluso a las frases. Por ejemplo, es “chiquito pero picoso”, “háblame al chile”, “anda bien enchilado” o incluso como dice la canción de Chavela Vargas: “yo soy como el chile verde, picante pero sabroso”. Pero ¿de dónde surgió toda esta tradición?

“El chile no solo se come, sino que también se dice”, comentó en entrevista para UNAM Global Idanely Mora Peralta, del Centro de Lingüística Hispánica del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, al iniciar esta picante aventura lingüística.

El chile es uno de los elementos más icónicos de nuestra cultura, porque está impregnado de un gran simbolismo popular, nutricional y cultural. No sólo es un condimento que da sabor a la gastronomía mexicana: “sabemos por documentos arqueológicos que el frijol, el maíz y el chile han sido la base nutricional desde tiempos atrás”.

Un diccionario picoso de expresiones

El chile se convirtió en parte de la identidad cultural de los mexicanos y ha quedado documentado en la historia a través de los textos novohispanos como las crónicas y los códices. Se ha caracterizado por evocar el fuego, la fuerza, la virilidad y la resistencia, entre otros aspectos. En él se entretejen ardor, calor, picor, sabor y tradición, destacó la investigadora.

Este fruto no solo ha moldeado la gastronomía, sino también el habla. Los hablantes lo utilizan como un recurso lingüístico para crear expresiones en las que la connotación juega un rol fundamental: el significado resulta figurado, contextual y subjetivo.

Muchas de estas expresiones son coloquiales y algunas poseen connotaciones humorísticas o de doble sentido —incluso sexuales— que forman parte del ingenio popular. Su análisis permite comprender cómo la cultura mexicana resignifica un mismo elemento (el chile) en ámbitos tan diversos como la gastronomía, el lenguaje y la cosmovisión.

Por ejemplo:

  • Echarle más chile al taco: aumentar la intensidad de algo o exagerar. Similar a “echarle más crema a los tacos”.
  • Ningún chile te embona: ninguna cosa u opción es del agrado.
  • Le falta chile al guiso: falta de carácter o intensidad.
  • Pica más que el chile habanero: se dice de una persona muy intensa o conflictiva.
  • Tener buen chile: expresión coloquial alusiva a la virilidad o atractivo sexual masculino.
  • ¿A qué chile le arrimas el taco?: pregunta de doble sentido, usada en contextos informales para aludir a la preferencia afectiva o sexual.
  • Ese chile ya no pica: metáfora empleada para referirse, de manera humorística, a la pérdida de vigor o energía con el paso del tiempo.
  • Anda bien enchilado: persona muy enojada o exageradamente molesta.
  • Chingaquedito pero picoso: describe a alguien que aparenta ser inofensivo pero puede resultar dañino.
  • Ni que fuera chile para caerle bien a todos: indica que nadie puede agradar a todas las personas.
  • Se enchila hasta con agua: persona extremadamente sensible o conflictiva.
  • El que no arriesga, no pica chile: equivalente a “el que no se atreve no gana”.
  • Le dieron con los tres chiles: cuando alguien recibió un castigo o humillación severa; también puede tener un tono humorístico o sexual según el contexto.
  • No saber ni a qué chile arrimarse: expresa indecisión ante una situación.
  • Andar a medios chiles: persona no completamente ebria.
  • Háblame al chile: pedir con exigencia que se hable con la verdad.
  • Enchílame otra: indica que algo no es tan sencillo como parece; puede implicar reto, ironía o imposibilidad.
  • Es más bravo que el chile piquín: persona muy enojona, de carácter agresivo.
  • Es un cuentachiles: alude a alguien extremadamente tacaño o controlador de los gastos.

“En México no solo se come con chile, sino que también se habla con chile. Nuestro lenguaje está lleno de picor y doble sentido”. Así, el chile no solo es un ingrediente, sino también una forma de interpretar el mundo.

Además de ser imagen y símbolo de la cocina mexicana, es una herramienta de estudio para la lingüística, añadió la académica universitaria.

En la historia

La palabra chile es de origen náhuatl chilli, nombre que después se castellanizó. Su existencia en México se pudo documentar gracias a restos arqueobotánicos hallados en la cueva de Coxcatlán, en Tehuacán, Puebla, junto con maíz, frijol y otras plantas domesticadas. Estos materiales se encuentran en niveles preclásicos tempranos, lo que evidencia su temprana domesticación en Mesoamérica.

Investigaciones etnobotánicas reconocen que el chile posee compuestos con efectos antimicrobianos y antioxidantes que ayudaban a prolongar la conservación de los alimentos, lo cual resultaba especialmente valioso para grupos nómadas y recolectores.

El chile, presente en la cosmovisión mesoamericana, aparece documentado en códices como el Mendocino, el Florentino, el de Yanhuitlán y el Lienzo de Citlaltépec. En el Códice Mendoza se registran tres aspectos de suma importancia: la referencia a su color rojo, la descripción de su forma física y su empleo en prácticas sociales, incluyendo el castigo infantil. En este se representa a dos niños aspirando humo de chiles quemados como forma de corrección.

También fue recurrente en la toponimia: nombres como Chilapan o Chilapa (“río de los chiles”), Chilacachan (“sobre el agua de Chilacáxitl”, en Guerrero) o Chiltecpictlan (“chilar de chiltepiquines”, en Puebla).

En el Lienzo de Citlaltépec, que narra sucesos del señorío mixteco de Citlaltépec-Metlatónoc, aparece el jeroglífico de Chilixtlahuaca (“el llano de chile”), ubicado en la Montaña entre Guerrero y Oaxaca.

El chile también fue tributo para las autoridades, pago para artistas, producto de intercambio en mercados y parte de las festividades, como las ofrendas a Chicomecóatl, diosa de la agricultura, vegetación y maíz.

En el siglo XVI, los españoles usaron la voz taína ají, pero no prosperó. Cristóbal Colón lo llamó “pimiento de Indias” al compararlo con la pimienta.

Desde entonces, el chile se volvió parte de la identidad cultural de los mexicanos y los hablantes comenzaron a escribir su segunda historia, ahora no centrada en el origen del nombre o en su función ritual, sino en la creatividad lingüística que dio lugar a frases, refranes y expresiones populares.

¿De dónde vienen estas frases?

Estas expresiones no nacen en los libros, sino en la interacción verbal cotidiana, difundidas a través de la oralidad. Muchas veces los hablantes ni siquiera recuerdan quién las dijo por primera vez, simplemente las usan y las transmiten de generación en generación.

El chile, más allá de su función culinaria, ha trascendido como símbolo cultural, recurso lingüístico y referente identitario. Su presencia en códices, toponimia, refranes y expresiones populares evidencia cómo un fruto puede articular memoria histórica, práctica cotidiana y creatividad verbal. En México, hablar “con chile” es también una forma de entender y narrar el mundo.