La comprensión del impacto del asteroide de Chicxulub, ocurrido hace aproximadamente 66 millones de años al final del período Cretácico, representa uno de los mayores desafíos y, al mismo tiempo, uno de los temas más fascinantes de las ciencias de la Tierra.
Este evento marcó el límite entre el Cretácico y el Paleógeno y desencadenó una de las cinco grandes extinciones masivas en la historia del planeta, provocando la desaparición de cerca del 76 % de las especies, entre ellas los dinosaurios. Las consecuencias del impacto no se limitaron únicamente a la región donde cayó el asteroide, en la península de Yucatán, sino que alteraron de manera profunda los sistemas climáticos, oceánicos y biológicos a escala global.

A lo largo de décadas, numerosos estudios han buscado reconstruir qué ocurrió durante los minutos, horas y años posteriores al impacto. Sin embargo, entender con precisión la secuencia de eventos requiere encontrar registros geológicos excepcionalmente conservados, capaces de preservar las huellas físicas, químicas y biológicas del fenómeno.
En este contexto, México ocupa un lugar central debido a su cercanía con el cráter de Chicxulub. Particularmente, el estado de San Luis Potosí se ha convertido en una pieza clave para comprender los efectos inmediatos y regionales del impacto.
Mediante el estudio “Unraveling the Cretaceous-Paleogene boundary event across the Gulf of Mexico—High-resolution Rayon reef section, Valles-San Luis Potosí platform, Mexico”, los investigadores del Instituto de Geofísica (IGEF), el Dr. Jaime Urrutia Fucugauchi y la Dra. Ligia Pérez Cruz, junto con los investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, el Dr. Roberto Bartali, el Dr. José Ramón Torres Hernández y la maestra en Ingeniería Rosa Lina Tovar, destacan precisamente la relevancia de esta región.
A partir de un registro sedimentario de alta resolución en la plataforma de Valles, en San Luis Potosí, el trabajo permite reconstruir con gran detalle lo que ocurrió antes, durante y después del límite Cretácico-Paleógeno.
La dificultad de estudiar impactos celestes
A pesar de que los impactos de cuerpos celestes en la Tierra representan algunos de los fenómenos más energéticos del registro geológico, gran parte de sus evidencias ha desaparecido debido a procesos dinámicos del planeta, como la erosión, el vulcanismo y la tectónica de placas, mencionó el Dr. Jaime.
De acuerdo con la Base de Datos de Impactos Terrestres de la Universidad de New Brunswick, Canadá, actualmente se han confirmado alrededor de 190 estructuras de impacto en todo el mundo. Sin embargo, los especialistas estiman que el número real podría superar el millar, aunque muchos de esos registros no lograron preservarse geológicamente a lo largo del tiempo.
Aun cuando las huellas visibles de estos eventos pueden desaparecer, suelen permanecer residuos y señales indirectas en las rocas, como anomalías geoquímicas, minerales deformados, depósitos de eyección y materiales fundidos. A diferencia de procesos como la tectónica de placas o la formación de montañas, que ocurren durante millones de años, los impactos suceden en cuestión de segundos o minutos y liberan una cantidad de energía capaz de transformar extensas regiones de la superficie terrestre.
En el caso del impacto de Chicxulub, las consecuencias fueron globales y afectaron tanto a ecosistemas terrestres como marinos. La liberación de energía generó una onda de choque, mega-tsunamis, incendios forestales, expulsión de material hacia la atmósfera y alteraciones climáticas severas. El colapso de los ecosistemas fue inmediato en muchas regiones, seguido de cambios prolongados en la atmósfera y los océanos.
Qué aporta este nuevo estudio
En este contexto, el estudio representa un hallazgo particularmente relevante para comprender las consecuencias del impacto de Chicxulub. “A diferencia de otros sitios cercanos al cráter, donde los sedimentos fueron severamente alterados por tsunamis y procesos de alta energía, la plataforma Valles-San Luis Potosí conservó un registro sedimentario excepcionalmente bien preservado”, comentó Urrutia Fucugauchi.
El especialista del IGEF agregó que en las zonas más cercanas al Golfo de México predominan depósitos gruesos, caóticos y altamente perturbados por el colapso de plataformas carbonatadas y la acción de grandes olas. En cambio, en regiones más alejadas, el registro suele reducirse a delgadas capas de esférulas y arcillas.
Por ello, destacó que la sección estudiada en San Luis Potosí ocupa una posición intermedia excepcional, ya que preserva tanto las señales directas del impacto como una secuencia sedimentaria suficientemente ordenada para reconstruir la cronología de los procesos. Esta posición geográfica permite conectar los registros proximales, muy cercanos al cráter, con los registros distales observados en otras partes del planeta, ayudando a entender cómo evolucionaron los efectos del impacto conforme se alejaban del sitio de colisión.
Además, los investigadores pudieron identificar depósitos de eyección, esférulas formadas por material fundido expulsado a la atmósfera, capas de arcilla oscura ricas en polvo sedimentado tras el impacto y anomalías geoquímicas relacionadas con elementos provenientes del asteroide. También se reconocieron depósitos asociados a mega-tsunamis y otros procesos de alta energía desencadenados en el Golfo de México.
El estudio también documentó variaciones abruptas en el tamaño de los sedimentos y en la composición mineralógica de las capas analizadas, lo que permitió identificar distintos pulsos de energía asociados al impacto y sus secuelas inmediatas.
Por otro lado, la Dra. Ligia compartió que el registro fósil hallado en la región aporta información fundamental sobre el colapso ecológico provocado por el evento. Antes del impacto, los mares de la zona estaban dominados por arrecifes formados por rudistas, moluscos bivalvos característicos de ambientes cálidos y someros con alta productividad biológica.
En el afloramiento se distinguen claramente tres unidades principales: una capa inferior rica en fósiles y asociada al ambiente arrecifal previo al impacto; una capa intermedia de arcilla oscura que concentra las principales evidencias del evento; y una unidad superior donde aparecen restos fragmentados y una biodiversidad notablemente reducida. Esta transición permite observar directamente el paso de un ecosistema marino altamente diverso hacia un escenario de recuperación biológica mucho más limitado y empobrecido.
¿Qué técnicas se utilizaron para llegar a esos resultados?
Para reconstruir el evento, los investigadores combinaron distintas técnicas analíticas, entre ellas descripción sedimentológica detallada, microscopía electrónica de barrido, difracción de rayos X, espectroscopía de energía dispersiva, análisis geoquímicos y estudios de propiedades físicas como magnetismo y granulometría.
Estas herramientas permitieron identificar cambios en la composición química, mineralógica y biológica de los sedimentos, así como inferir la energía del ambiente en cada etapa. Asimismo, ayudaron a detectar partículas microscópicas alteradas por altas temperaturas y minerales deformados por presiones extremas, considerados indicadores característicos de grandes impactos cósmicos.
¿Por qué es necesario seguir estudiando el evento de Chicxulub?
El interés científico por este evento radica no solamente en comprender el pasado, sino también en entender cómo funcionan los sistemas terrestres cuando son sometidos a perturbaciones extremas y repentinas. Los investigadores explicaron que el impacto de Chicxulub representa un caso excepcional porque produjo cambios ambientales globales en cuestión de horas, días o semanas, algo muy distinto a otros procesos naturales que suelen desarrollarse durante miles o millones de años.
De acuerdo con los especialistas, gran parte de la extinción ocurrió inmediatamente después del impacto. Cuando el asteroide chocó contra la Tierra, enormes cantidades de material fragmentado fueron expulsadas hacia la atmósfera. Entre este material había polvo muy fino, hollín y partículas microscópicas capaces de bloquear la radiación solar. Como consecuencia, el planeta experimentó una oscuridad casi total y un enfriamiento extremadamente rápido. La reducción de la luz solar afectó de manera inmediata la fotosíntesis, alterando las cadenas alimenticias tanto terrestres como marinas.

A este fenómeno se sumó otro efecto devastador: el retorno de materiales expulsados durante el impacto. Parte de estos fragmentos reingresaron a la atmósfera y generaron un intenso pulso térmico conocido como “bola de fuego”. Las temperaturas en la superficie pudieron alcanzar alrededor de 500 grados Celsius, similares a las de un horno doméstico. Esto provocó incendios forestales a escala global y una destrucción masiva de la vegetación.
En el arrecife de Rayón, por ejemplo, los científicos encontraron material vegetal quemado dentro de una capa negra asociada directamente al impacto, lo que constituye evidencia de esos incendios ocurridos hace aproximadamente 66 millones de años. Además, la presencia de carbón y residuos orgánicos alterados fortalece la hipótesis de que los incendios ocurrieron de manera prácticamente simultánea en distintas regiones del planeta tras el pulso térmico generado por el impacto.
Más allá de reconstruir una extinción ocurrida hace millones de años, los investigadores consideran que Chicxulub ofrece una oportunidad única para entender cómo responde el planeta ante alteraciones atmosféricas abruptas.
Además del calor extremo y la oscuridad global, la Dra. Ligia destacó que el impacto alteró profundamente la química atmosférica.
“Enormes cantidades de dióxido de carbono, azufre y otros compuestos fueron liberados a la atmósfera, generando lluvia ácida y cambios severos en la circulación atmosférica y oceánica. Estas alteraciones afectaron la hidrosfera, la atmósfera y los ecosistemas continentales al mismo tiempo. Las especies marinas sufrieron por cambios en la temperatura y la química de los océanos, mientras que en tierra firme desaparecieron numerosos grupos de grandes reptiles y otras formas de vida”, explicó.
Debido a todos estos cambios, y considerando la relación que el planeta mantiene hoy con el cambio climático, comprender lo ocurrido tras el impacto de Chicxulub representa también una lección del pasado. Aunque las transformaciones actuales no son tan inmediatas ni violentas como las provocadas por el asteroide, sí implican alteraciones aceleradas en la química de la atmósfera a causa de la emisión de gases de efecto invernadero.
En este sentido, el estudio del impacto permite entender cómo responde el sistema climático frente a perturbaciones rápidas y de gran escala. Los científicos señalan que, en la actualidad, la humanidad está modificando la atmósfera mediante la liberación de dióxido de carbono y otros gases contaminantes, lo que incrementa la temperatura promedio del planeta.
Analizar eventos del pasado como Chicxulub ayuda a anticipar las posibles consecuencias ecológicas y climáticas de estos cambios, además de subrayar la importancia de tomar medidas para mitigar sus efectos.
Futuras investigaciones
El descubrimiento de la plataforma Valles-San Luis Potosí es apenas una pieza del rompecabezas para comprender detalladamente lo que sucedió después del evento de Chicxulub. Por ello, los investigadores comenzarán a desarrollar nuevos trabajos, incluidos modelos numéricos y simulaciones que ayuden a cuantificar los efectos ambientales del impacto.
Con ello, buscan determinar, por ejemplo, si la cantidad de azufre liberada fue tan grande como se pensaba originalmente o si, en realidad, fue menor. Esta información es fundamental para comprender qué mecanismos desencadenaron la extinción masiva y cuál fue el peso relativo de factores como el enfriamiento global, los incendios o el efecto invernadero posterior.
Otra línea importante de investigación consiste en estudiar los microfósiles presentes en los sedimentos marinos. A través del análisis de organismos microscópicos como los foraminíferos planctónicos, será posible reconstruir qué tan rápida fue la recuperación de la vida marina después del impacto y comparar diferentes regiones afectadas.
Finalmente, también se plantea ampliar el análisis hacia otras plataformas carbonatadas del Golfo de México con el objetivo de construir una cronología regional más precisa de los efectos del impacto y entender cómo variaron las condiciones ambientales entre distintas zonas cercanas al cráter de Chicxulub.
Chicxulub: una advertencia escrita en piedra
A más de 66 millones de años del impacto, el evento de Chicxulub sigue ofreciendo nuevas respuestas sobre la fragilidad de los ecosistemas terrestres frente a cambios extremos y repentinos.
El registro preservado en San Luis Potosí no solo permite reconstruir con mayor precisión cómo ocurrió una de las mayores extinciones masivas de la historia, sino también entender cómo reaccionan la atmósfera, los océanos y la vida ante perturbaciones globales. Para los investigadores, estudiar estas huellas del pasado no consiste únicamente en explicar la desaparición de los dinosaurios, sino en comprender mejor los riesgos ambientales que enfrenta hoy el planeta.
