Fue en la noche del 28 de marzo de 1982 cuando el volcán Chichón, ubicado al noroeste de Chiapas, entre los municipios de Francisco León y Chapultenango, inició una serie de erupciones que se prolongaron hasta el sábado 3 de abril. Durante esos días, las columnas eruptivas se mantuvieron sostenidas y generaron flujos piroclásticos, además de una intensa caída de pómez y ceniza.
Para los zoques, que no habían presenciado un fenómeno semejante en su vida, el cielo se volvió irreconocible. Se transformó en un manto opaco donde apenas lograba filtrarse la luz entre las densas nubes de ceniza.
A medida que el evento volcánico llegaba a su fin, la magnitud de la catástrofe comenzaba a hacerse evidente. Se registraron innumerables pérdidas humanas y materiales; los daños económicos superaron los 117 millones de dólares (de ese entonces) y afectaron gravemente a una región entonces altamente productiva en actividades cafetaleras, ganaderas y agrícolas. Más de nueve pueblos y rancherías quedaron sepultados bajo los depósitos volcánicos, lo que ocasionó el desplazamiento forzado de miles de personas.
El impacto traspasó fronteras. La NASA informó que la erupción inyectó una enorme cantidad de material en la estratosfera, provocando una disminución global de la temperatura estimada en 0.5 °C.
Eventos que ponen en alerta
Con ese antecedente aún vivo en la memoria colectiva, autoridades y pobladores de las zonas aledañas al volcán entraron en alerta cuando, entre junio y agosto de 2025, se registró un incremento en la actividad sísmica del Chichón, también conocido como Chichonal. La noticia dio pie a encabezados alarmistas y desinformación sobre una posible erupción inminente.
Ante ello, especialistas del Servicio Sismológico Nacional (SSN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), junto con investigadores en geología, sismología, geoquímica, geodesia y protección civil de diversas instituciones nacionales, se desplazaron al lugar para evaluar la situación con base en mediciones y observaciones científicas.
Como parte del equipo de la UNAM, la Dra. Patricia Jácome Paz, del Instituto de Geofísica, ofreció la conferencia “El volcán Chichón: Dinámica y observaciones recientes”, en la que explicó el estado actual del volcán y atendió las principales dudas de la población. En términos generales, señaló que la actividad que presenta actualmente el Chichón es de tipo hidrotermal y está limitada al cráter, con la posibilidad de eventos freáticos menores, es decir, explosiones causadas por vapor de agua sobrecalentado.
Por ahora, no existe evidencia de que magma fresco esté ascendiendo hacia la superficie, por lo que la posibilidad de una erupción grande, como la de 1982, se considera mínima en este momento.
¿Qué está ocurriendo en el volcán?
El monitoreo físico y químico del volcán indica que se están produciendo cambios en la dinámica del agua y los gases dentro del cráter. Los niveles de cloruros —elementos conservativos en sistemas hidrotermales— muestran variaciones en su concentración, lo que permite inferir movimientos de solutos y gases en el sistema. Se ha detectado la presencia de H₂S (sulfuro de hidrógeno) y CO₂ (dióxido de carbono), cuyas concentraciones pueden resultar tóxicas en proximidad al cráter, pero que no representan peligro para las comunidades si se respetan las zonas de acceso restringido.
También se han observado tendencias en el comportamiento del agua que son consistentes con procesos hidrotermales activos y desgasificación difusa. Esto indica que el sistema se mantiene dinámico, aunque de forma lenta y amortiguada. En cuanto a la actividad sísmica, esta es superficial y no muestra evidencia clara de migración de magma desde mayores profundidades.
Prevención, siempre fundamental
A pesar de que el escenario actual no apunta hacia una erupción de gran magnitud, la Dra. Jácome Paz recalcó que ya no es posible descender al cráter con seguridad. El suelo alterado, la presencia de gases y las altas temperaturas representan riesgos directos. La exposición a estos gases puede provocar mareos, dolor de cabeza, pérdida de conciencia e incluso daño respiratorio, por lo que el acceso al cráter permanece estrictamente prohibido.
Actualmente, la Secretaría de Protección Civil de Chiapas mantiene comunicación constante con las comunidades locales, incluidos los guías turísticos, para reforzar las medidas de seguridad y difundir información clara y accesible sobre los peligros volcánicos.
En este contexto, la Dra. Patricia explicó que tanto la Secretaría como el Instituto de Geofísica de la UNAM desarrollaron la Lotería del Chichón, un material didáctico creado para fortalecer la divulgación científica entre las comunidades cercanas y fomentar la comprensión de los riesgos.
A futuro
Si bien en este momento no existe un escenario que sugiera una erupción volcánica inminente, las instituciones involucradas continúan trabajando de manera coordinada. Con base en los antecedentes del volcán, en caso de que el Chichón llegara a hacer erupción nuevamente, podría tratarse de un evento de tipo pliniano,un tipo de erupción volcánica muy explosiva, caracterizada por la formación de una columna de gases y ceniza que puede alcanzar alturas de hasta 20-30 kilómetros. Por eso, para mejorar la calidad del monitoreo, se han incorporado tecnologías como drones y sistemas de percepción remota.
Del mismo modo, se busca homologar la estructura del semáforo volcánico con la de otros volcanes activos, como el Popocatépetl, adaptando las acciones a la realidad local. Actualmente, el semáforo se encuentra en fase amarilla (fase 2).
Finalmente, la especialista señaló que el monitoreo integral del Chichón aún no está completamente consolidado. Por ello, los esfuerzos actuales están orientados a asegurar la continuidad de las observaciones, el mantenimiento de las estaciones y la actualización del equipo técnico, con el respaldo de recursos estatales, federales y académicos.
