Cifras del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México revelan que el bullying sigue en aumento. De acuerdo con los datos proporcionados por esta organización, desde 2019 el acoso escolar ha crecido un 205 %. Este alarmante incremento no solo refleja una mayor visibilidad del problema, sino también una preocupante normalización de la violencia entre pares, tanto dentro como fuera de las escuelas.
Estas cifras subrayan la urgencia de adoptar un enfoque preventivo integral que involucre a toda la comunidad educativa, a las familias y a los profesionales de la salud mental. Más allá de atender las consecuencias del bullying, es necesario actuar sobre sus causas profundas: la falta de empatía, la violencia en el hogar, la escasa regulación emocional y la carencia de habilidades sociales.
Prevención del bullying desde casa: ¿por qué es tan vital?
La Dra. María Fayne Esquivel Ancona, de la Facultad de Psicología de la UNAM, señaló que uno de los aspectos fundamentales en la prevención del bullying es el papel de la familia. Los niños aprenden en casa cómo relacionarse con los demás, cómo manejar sus emociones y cómo resolver conflictos. Por ello, la crianza que reciben influye directamente tanto en quienes ejercen el bullying como en quienes lo sufren.
Por ejemplo, en muchas dinámicas familiares existen comportamientos agresivos que pasan desapercibidos para los adultos. Frases como “el que pega primero, pega dos veces” o actitudes como ridiculizar, ignorar, comparar negativamente o castigar con dinero refuerzan el uso de la violencia como una forma válida de relación. Por otro lado, la sobreprotección, al limitar la autonomía del niño, puede generar inseguridad o dependencia emocional, haciéndolo más vulnerable al acoso.

A esto se suman otros factores que también influyen en la aparición del bullying: la falta de comunicación efectiva en el hogar, la ausencia de límites claros, la exposición a violencia o el abandono emocional. Estas condiciones afectan el desarrollo emocional de los niños y pueden fomentar entornos propensos a la agresión o a la sumisión.
“Es responsabilidad de los adultos —padres, madres, docentes y profesionales— intervenir activamente en la promoción de relaciones basadas en el respeto, la empatía y el reconocimiento del otro. Solo con un enfoque integral, preventivo y colaborativo se podrá construir una cultura que rechace la violencia en todas sus formas”, comentó Esquivel Ancona.
Consejos clave para prevenir el bullying desde el hogar
Dada la importancia que tiene el entorno familiar, la profesora de la Facultad de Psicología ofreció una serie de recomendaciones para prevenir el bullying desde casa. En primer lugar, destacó la necesidad de cambiar la cultura familiar que pone más atención en lo negativo que en lo positivo. A menudo, los adultos se enfocan en lo que los niños hacen mal y en lo que otros hacen bien, dejando de lado sus propios logros y esfuerzos, lo que puede generar resentimiento.
“Cambiar esta perspectiva y aprender a reconocer lo positivo fortalece la autoestima y crea un ambiente más sano. Valorar las pequeñas acciones correctas es tan importante como corregir las conductas inadecuadas”, resaltó la experta universitaria.
Asimismo, enfatizó la importancia de fomentar una comunicación efectiva en el hogar, establecer límites claros y reducir la exposición a la violencia, ya que todas estas condiciones impactan directamente en el bienestar emocional infantil. La indiferencia, el control excesivo, la permisividad absoluta o la humillación disfrazada de “juego” son prácticas que deben evitarse. Estos ambientes pueden generar inseguridad, resentimiento o agresividad, facilitando la aparición del bullying.

Otro aspecto relevante es que los adultos aprendan a validar las emociones de los niños sin juzgarlas ni minimizarlas. Frases como “eso no es para tanto” o “tienes que ser fuerte” no ayudan; en cambio, reconocer cómo se sienten, escuchar sin interrupciones y ofrecer herramientas para manejar sus emociones marca una gran diferencia.
Finalmente, Esquivel Ancona destacó que es necesario cultivar la empatía, enseñando a los menores a ponerse en el lugar del otro y a entender que nuestras acciones tienen impacto en los demás.
Todas estas acciones preventivas son esenciales como parte de la educación emocional que debe iniciarse en el hogar y reforzarse en la escuela.
Una responsabilidad compartida: ¿quién más puede ayudar?
La prevención del bullying no solo es tarea de los padres. Hermanos mayores, primos, maestros y otras figuras cercanas pueden convertirse en pilares emocionales importantes para los niños. Lo esencial es generar un espacio de confianza, validación emocional y escucha. La cercanía afectiva puede hacer una gran diferencia en cómo un niño enfrenta una situación difícil.
Enfoque preventivo y psicología positiva contra el bullying
Actualmente, la psicología busca ir más allá del enfoque tradicional centrado en corregir problemas una vez que ya han causado daño. En lugar de actuar solo desde la clínica, se propone un enfoque preventivo que fomente habilidades socioemocionales desde etapas tempranas. Una herramienta clave para esto es la psicología positiva, que promueve el desarrollo de la empatía, el reconocimiento del otro, la resolución pacífica de conflictos y el fortalecimiento de la autoestima.
Por otro lado, aunque usualmente se piensa que solo las víctimas deben recibir apoyo psicológico, este se debe extender a los agresores.
“No se trata únicamente de castigar a quien agrede, sino de comprender el entorno que favorece ese comportamiento y transformarlo. Por eso, es indispensable trabajar con toda la familia, ya que los cambios en el niño solo serán sostenibles si se modifican también las dinámicas del hogar. Lo mismo aplica a los docentes, quienes requieren formación y conciencia sobre su impacto en los estudiantes”, comentó Esquivel Ancona.
Hacia una cultura de prevención y respeto: ¿cómo lograrlo?
El aumento del bullying en México es una llamada de atención que no puede ignorarse. Frente a este fenómeno complejo, es indispensable que la sociedad en su conjunto —familias, escuelas, profesionales y autoridades— asuma un rol activo en la prevención. Fomentar relaciones basadas en el respeto, la empatía y la comunicación efectiva desde edades tempranas es clave para formar entornos más seguros y humanos.

