Los bosques han sido tradicionalmente concebidos como sistemas estables y equilibrados; sin embargo, esta visión resulta limitada frente a la complejidad de los procesos ecológicos que los caracterizan. En realidad, son sistemas altamente dinámicos, donde la interacción entre organismos vivos y factores ambientales da lugar a procesos continuos de crecimiento, muerte, regeneración y sucesión.

En este contexto dinámico, los insectos herbívoros —y en particular los insectos descortezadores— desempeñan un papel ecológico fundamental, ya que contribuyen a regular las poblaciones arbóreas y favorecen la renovación natural del bosque.
No obstante, en las últimas décadas, el cambio climático ha modificado de manera significativa las condiciones ambientales bajo las cuales estos procesos ocurren. El aumento sostenido de la temperatura y la alteración de los patrones de precipitación han provocado desequilibrios en la interacción entre árboles e insectos descortezadores, transformando lo que históricamente fueron mecanismos naturales de regulación en plagas de gran magnitud.
Este fenómeno fue abordado en la conferencia “Las sequías más calientes: promotoras de brotes de insectos descortezadores en el contexto de cambio climático”, impartida por la Dra. Erika Gómez Pineda, del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental (CIGA) de la UNAM, quien ofreció una visión integral del papel ecológico de estos insectos y de cómo el cambio climático está alterando dichas relaciones, con impactos ecológicos, económicos y sociales relevantes.
El papel de los insectos herbívoros en la dinámica forestal
Entre los factores que contribuyen a la muerte natural de los árboles se encuentran los insectos herbívoros. Estos organismos suelen atacar árboles debilitados, sobremaduros o con la salud comprometida, facilitando su muerte y, en consecuencia, la apertura de claros en el bosque. En condiciones naturales, este proceso ocurre de manera controlada y cumple una función ecológica clave.
La investigadora del CIGA explicó que los insectos herbívoros se clasifican en ocho categorías, de acuerdo con la parte del árbol que consumen: conos y semillas; brotes y yemas; hojas (defoliadores); savia; agallas; floema y corteza; raíces; y madera muerta. Cada uno de estos grupos cumple un rol específico dentro del ecosistema forestal, contribuyendo a su equilibrio y diversidad estructural.
Los insectos descortezadores: características y ciclo de vida
Dentro de esta diversidad de herbívoros, los insectos descortezadores destacan por su estrecha relación con el floema y la corteza de los árboles. Su nombre proviene de que su ciclo de vida, alimentación y reproducción ocurren bajo la corteza, en el espacio comprendido entre esta y la madera.
El proceso de ataque inicia cuando una hembra detecta un árbol susceptible, generalmente debilitado por estrés ambiental o envejecimiento. Una vez establecida, libera feromonas que atraen a otros individuos. Al ingresar, los insectos enfrentan las defensas del árbol, principalmente la producción de resina; sin embargo, cuando el número de atacantes es elevado, estas defensas resultan insuficientes.
Tras la colonización, la hembra construye una galería central donde deposita sus huevos. Las larvas emergentes se alimentan del floema y forman galerías perpendiculares. A lo largo de su desarrollo, los insectos pasan por los estadios de huevo, larva y pupa, hasta convertirse en adultos que emergen para colonizar nuevos árboles. Este proceso interrumpe el transporte de nutrientes y, eventualmente, conduce a la muerte del árbol.
Síntomas y fases del ataque de descortezadores
El ataque de los descortezadores puede identificarse en campo mediante diversos síntomas visibles, que suelen agruparse en tres fases. En la primera, el árbol conserva su coloración verde, aunque muestra signos de debilitamiento. En la segunda, el follaje adquiere un tono amarillento, reflejo de un deterioro fisiológico avanzado. Finalmente, en la tercera fase, el árbol presenta una coloración rojiza, indicativa de su muerte.
Otros signos comunes incluyen grumos de resina en el tronco —producto del intento defensivo del árbol— y la presencia de galerías bajo la corteza. En casos severos, la corteza puede desprenderse con facilidad, dejando expuestos insectos en diferentes etapas de desarrollo.
Diversidad de insectos descortezadores en México
En México existe una alta diversidad de insectos descortezadores pertenecientes a varios géneros, entre ellos Dendroctonus, Ips, Scolytus, Phloeosinus, Pityophthorus y Pseudoleucanus. Estos pueden identificarse mediante características morfológicas como la forma del declive elitral y las antenas.
Cada género muestra afinidad por distintos tipos de árboles. Dendroctonus e Ips atacan principalmente especies de pino, mientras que otros géneros se asocian con oyameles, encinos y cedros. En algunos casos, la muerte del árbol ocurre cuando varias especies atacan simultáneamente distintas partes del tronco y la copa, intensificando el daño.
Función ecológica de los descortezadores en condiciones naturales
Bajo condiciones ambientales normales, los insectos descortezadores cumplen funciones ecológicas esenciales. Actúan como reguladores naturales al eliminar árboles débiles o enfermos, forman parte de la cadena trófica y contribuyen al reciclaje de nutrientes al facilitar la descomposición de la madera.
Además, la muerte de árboles maduros favorece la sucesión vegetal y mantiene la heterogeneidad estructural del bosque. A largo plazo, estos procesos influyen incluso en la evolución de las especies arbóreas, promoviendo la persistencia de genotipos más resistentes.
“En condiciones naturales, los descortezadores mantienen el equilibrio del bosque”,
Dra. Erika Gómez Pineda, investigadora, CIGA-UNAM
Brotes epidémicos de descortezadores y sus consecuencias
Este equilibrio, sin embargo, se ha visto profundamente alterado por el cambio climático. La Dra. Gómez Pineda destacó que el aumento global de la temperatura y la modificación de los patrones de precipitación —con lluvias intensas en algunas regiones y sequías prolongadas en otras— son factores clave en este proceso.
Las altas temperaturas aceleran el ciclo de vida de los insectos, permitiendo más generaciones por año y aumentando su fecundidad y supervivencia. Asimismo, los inviernos más cálidos reducen la mortalidad natural de las poblaciones. En condiciones históricas, temperaturas cercanas a –12 °C disminuían significativamente su abundancia; sin embargo, estos eventos extremos son cada vez menos frecuentes.
A ello se suma el efecto del tamaño del árbol hospedero. Los árboles grandes, con un floema bien desarrollado, ofrecen una protección térmica adicional, funcionando como un amortiguador que incrementa la supervivencia de los insectos durante el invierno.
Por otro lado, la disponibilidad de agua es un factor determinante. La sequía provoca estrés hídrico, reduce la fotosíntesis y limita la producción de resina, debilitando las defensas del árbol. La combinación de poblaciones de insectos en aumento y árboles debilitados crea las condiciones ideales para brotes epidémicos, que pueden afectar extensas superficies forestales.

Un ejemplo emblemático ocurrió en Columbia Británica, Canadá, donde Dendroctonus ponderosae eliminó más del 70 % de Pinus contorta, con graves consecuencias ecológicas y económicas.
El escenario de México
Estos procesos no son ajenos al territorio mexicano. Aunque hasta 2009 no se habían documentado formalmente brotes de gran escala, estudios recientes han registrado múltiples casos asociados tanto a descortezadores como a enfermedades forestales.
Entre los más relevantes se encuentran los brotes en Pinus greggii en Querétaro y en Abies religiosa en la Reserva de la Biosfera Mariposa Monarca. En este último caso, en 2021 fue necesaria la extracción de aproximadamente 7,500 árboles en una superficie de 138 hectáreas.
Situaciones similares se han documentado en el Parque Nacional El Chico, así como en Chihuahua y Oaxaca, lo que confirma que se trata de un problema de alcance nacional, estrechamente vinculado al aumento de la temperatura y la intensificación de las sequías.
Necesario el equilibrio
Los insectos descortezadores han sido históricamente parte fundamental de la dinámica forestal y del mantenimiento del equilibrio ecológico de los bosques. Sin embargo, el cambio climático está transformando este equilibrio, convirtiendo procesos naturales de regulación en disturbios de gran escala.
Comprender la interacción entre clima, dinámica forestal e insectos descortezadores resulta esencial para diseñar estrategias de manejo y conservación que permitan mitigar los efectos de estos brotes y preservar la funcionalidad de los ecosistemas forestales en un contexto de cambio ambiental global.
