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El vínculo que moldea al caballo: cómo la relación madre-cría influye en su bienestar

El caballo (Equus ferus caballus) ha acompañado al ser humano durante milenios, desempeñando un papel central en actividades bélicas, deportivas, terapéuticas, recreativas y como animales de trabajo. En este contexto, comprender los mecanismos que regulan su desarrollo y bienestar resulta fundamental, ya que ello no sólo tiene implicaciones éticas, sino también consecuencias prácticas en términos de manejo, salud y seguridad tanto para el caballo como para el humano.

No obstante, muchas prácticas de manejo equino, especialmente en contextos productivos, se apartan de las condiciones biológicas a nivel social e individual bajo las cuales evolucionó la especie. Las prácticas bajo ambientes domésticos intensivos, se ha demostrado que generan disminución en el nivel de bienestar de los caballos tanto a corto como largo plazo por efecto de mantenerse bajo estrés prolongado.

En este escenario científico, el desarrollo de técnicas avanzadas de imagenología ha permitido explorar con mayor detalle procesos neurobiológicos y fisiológicos que antes sólo podían inferirse a partir de la conducta observable.

Bajo esta perspectiva, el estudio “Affiliative behaviours regulate allostasis development and shape biobehavioural trajectories in horses” constituye una aportación relevante, al analizar cómo las conductas afiliativas tempranas de la vida —en particular el tiempo en el que el potro se mantiene en contacto y cuidado directo de su madre— repercuten en la madurez neuroanatómica y neurofisiológicamente en áreas cerebrales encargadas de facilitar la regulación y adaptación al medio ambiente físico y social en la vida futura del potro, influyendo en su capacidad de adaptación al entorno y en la calidad de sus interacciones posteriores con el ser humano.

La importancia del vínculo social en el desarrollo del potro

Antes de analizar el estudio, la Dra. Lucía Pérez Manríque, académica de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, explicó que los caballos son animales altamente sociales, tanto en condiciones naturales como en sistemas domésticos. En libertad, viven en grupos relativamente estables conformados por varias yeguas, uno o hasta cinco garañones (machos reproductivamente activos) y otros individuos juveniles, donde el aprendizaje social, la regulación emocional y la exploración del entorno ocurren en un contexto de interacción constante.

En este escenario, el primer y más relevante vínculo social que establece el potro es con su madre, relación que suele mantenerse de forma progresiva hasta aproximadamente el primer año de vida o incluso más, momento en el cual el destete ocurre de manera gradual.

«Desde el cuarto mes de vida, el potro deja de depender nutricionalmente de la leche materna y se convierte en 100% herbívoro, pero es un proceso gradual que termina alrededor del año de edad, pues implica cambios metabólicos que se dan de la mano con procesos conductuales (interacciones con otros potros y adultos, exploración, imitación de adultos, etc.)», apuntó la especialista de la FMVZ.

En contraste, en numerosos sistemas de manejo humano el destete se realiza de forma temprana y abrupta, comúnmente entre los cuatro y seis meses de edad. Esta práctica responde a la idea de que «ya no dependen de la nutrición materna y nutricionalmente ya se las pueden arreglar solos, pero es como si a un bebé humano lo separan de su mamá al año de edad porque ya no depende nutricionalmente de ella». Sin embargo, desde una perspectiva biológica, dicha separación ocurre en un periodo crítico del desarrollo y madurez del sistema nervioso y de los mecanismos de regulación necesarios para la vida futura fisiológica y conductualmente del potro.

Diseño del estudio y metodología

Con base en este contexto, la académica destacó que el estudio evaluó el impacto de la permanencia o interrupción temprana del vínculo materno en el desarrollo. Para ello, se conformaron dos grupos experimentales de potros: uno destetado a los seis meses de edad y otro que permaneció en contacto continuo con su madre hasta los trece meses de edad, un periodo más cercano al destete natural observado en poblaciones ferales.

“A lo largo del estudio, ambos grupos fueron sometidos a evaluaciones longitudinales que incluyeron técnicas de imagenología cerebral, mediciones fisiológicas relacionadas con el metabolismo y la inflamación a partir de muestras sanguíneas, así como pruebas conductuales estandarizadas. Enfocadas a evaluar la respuesta a estímulos novedosos, la exploración de objetos desconocidos y la respuesta social ante otros caballos del mismo grupo”, comentó.

La influencia del vínculo materno temprano

Las evaluaciones permitieron identificar diferencias en el tamaño y función de estructuras vinculadas con centros de regulación emocional y cognitiva. Algunas de estas áreas forman parte de la red neuronal por defecto, que es responsable del control conductual y emocional.

«Se ha visto que las áreas cerebradas analizadas en el estudio y que mostraron cambios entre ambos grupos de potros, tienen mucho que ver con cuestiones ejecutivas, toma de decisiones, control de impulsos, aprendizaje, memoria cognitiva y emocional. El contacto afiliativo y cuidado dado por la madre, estimula (sobre todo) centros con actividad dopaminérgica, entre otros neurotransmisores, que están asociados con placer, facilitación de aprendizaje y regulación emocional», expresó Pérez Manríque.

Y agregó: “desde el punto de vista conductual, los potros que permanecieron con sus madres mostraron patrones conductuales más estables y adaptativos. Estos animales tendieron a responder de manera menos reactiva ante estímulos nuevos, exhibiendo conductas exploratorias más marcadas y una mayor disposición a interactuar tanto con objetos como con otros caballos. En contraste, los potros destetados tempranamente presentaron respuestas más intensas ante la novedad, así como menos habilidades sociales».

A nivel fisiológico, el estudio también evaluó parámetros asociados con la regulación del estrés, incluyendo indicadores inflamatorios y metabólicos. Los resultados sugieren que los potros que permanecieron en un entorno social estable, bajo el cuidado e interacción permanente con su madre hasta los 13 meses de edad, presentaron una regulación del estrés más eficiente y perfiles metabólicos más estables.

“Además, el entorno social temprano puede influir en procesos neurobiológicos relacionados con el aprendizaje, la cognición y la regulación emocional”, añadió.

¿Cómo aplicar estos hallazgos para procurar el bienestar animal?

Desde un punto de vista ético, estos hallazgos subrayan la necesidad de revisar ciertas prácticas de manejo equino que erróneamente se han normalizado en la mayoría de los usos zootécnicos del caballo.

«Obviamente repercuten en el nivel de bienestar de los animales, pero también en el humano: animales más reactivos son menos seguros para los manejadores; animales estresados permanentemente rinden menos en materia atlética, se enferman más y todo esto repercute en el bolsillo de los tutores así como en la seguridad durante el manejo de animales de más de 300 kg», comentó la Dra. Lucía.

Aunque algunos sistemas han normalizado procedimientos que pueden limitar el bienestar de los potros, es fundamental que criadores, entrenadores y veterinarios reconozcan las implicaciones científicas de sus decisiones.

Esto no sólo mejora la calidad de vida de los animales, sino que también puede traducirse en beneficios prácticos, como menor incidencia de problemas conductuales, mejor desempeño y mayor seguridad durante el manejo.

No obstante, Pérez Manríque reconoció que implementar estas recomendaciones requiere considerar la realidad socioeconómica y cultural de cada contexto. Las intervenciones basadas en evidencia deben adaptarse a las condiciones locales para ser efectivas y sostenibles.

Evidencia complementaria sobre el estrés temprano

Esta línea de investigación no surge de manera aislada. En el estudio “Repeatable individual differences in behaviour and physiology in juvenile horses from an early age”, Pérez Manríque junto a un grupo de investigadores demostraron que las diferencias individuales en la respuesta al estrés pueden detectarse desde etapas muy tempranas del desarrollo.

En dichas investigaciones, los potros sometidos a pruebas repetidas de separación social mostraron patrones conductuales y fisiológicos consistentes —como variaciones en la actividad motora, vocalizaciones y variabilidad de la frecuencia cardiaca— que se mantuvieron a lo largo del primer año de vida.

Estos hallazgos indican que la forma en que el potro experimenta y regula el estrés desde edades tempranas contribuye a la consolidación de trayectorias bioconductuales relativamente estables.

A tomar en cuenta

La evidencia científica muestra que el vínculo materno temprano es un componente central en el desarrollo neurobiológico, fisiológico y conductual del caballo. Lejos de ser un aspecto secundario del manejo, las interacciones sociales iniciales —en particular la relación entre la yegua y su potro— desempeñan un papel relevante en la regulación del estrés y centros de regulación emocional que sí existen en animales., la adaptación al entorno y la consolidación de patrones conductuales más estables.

Comprender al caballo como un animal social con necesidades emocionales y neurobiológicas específicas no sólo contribuye a mejorar su bienestar, sino que también tiene implicaciones directas en la seguridad, el rendimiento y la calidad de la relación humano-animal.