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Más que libros: las bibliotecas como corazón cultural de las comunidades

Las bibliotecas son mucho más que depósitos de libros: son espacios vivos donde la memoria, la cultura y la educación convergen. En México y el mundo, su importancia sigue vigente pese al auge digital. Este artículo explora qué son, quiénes las impulsan, dónde surgieron, cómo evolucionaron y por qué siguen siendo esenciales para preservar el conocimiento y fortalecer la identidad de las comunidades.

En la actualidad, vivimos en una época dominada por la digitalización y la tecnología, en la que muchas personas han dejado de asistir a las bibliotecas físicas. Sin embargo, estas siguen siendo espacios fundamentales, ya que resguardan documentos únicos, preservan la memoria cultural de los pueblos y nos ayudan a mantener viva nuestra identidad. Conservarlas es, por tanto, una manera de conservar nuestra historia.

Las bibliotecas son el refugio del saber y la memoria colectiva.

Los orígenes de las bibliotecas en la Antigüedad

La palabra biblioteca proviene del griego biblion, que significa ‘libro’, y theke, que significa ‘caja’; es decir, ‘caja de libros’. En sus orígenes, las bibliotecas no eran como las conocemos hoy.

“Se trataba de pequeños salones dentro de palacios o templos a los que solo tenían acceso los reyes o personas de alto rango. Con el paso del tiempo, estas instituciones fueron evolucionando junto con la sociedad y el conocimiento humano”.
 — Lic. Katy Fonseca Salcedo, coordinadora de la Biblioteca Jesús Romo Armería del Instituto de Química de la UNAM.

Las primeras bibliotecas surgieron en la antigua Mesopotamia. En ellas se guardaban tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, es decir, marcas en forma de cuña, que registraban información sobre religión, economía, política y administración. Estos documentos se almacenaban en templos y solo podían ser consultados por los reyes o los escribas, ya que pocas personas sabían leer.

“Por otro lado, en el antiguo Egipto existieron dos tipos principales de bibliotecas: la Casa de los Libros y la Casa de la Vida. La primera funcionaba como archivo de documentos administrativos y económicos, mientras que la segunda era un centro de estudios donde trabajaban los escribas, personas eruditas encargadas de recopilar, copiar y conservar los saberes de la época. Gracias a ellos, gran parte del conocimiento del Egipto antiguo pudo preservarse”, explicó Fonseca Salcedo.

La expansión y transformación de las bibliotecas

En Grecia, las bibliotecas alcanzaron un desarrollo más estructurado. Se organizaron los textos por temas y se empezó a formar una figura clave: el bibliotecario, encargado de ordenar los registros y custodiar los documentos. Sin embargo, seguían siendo accesibles solo para la élite.

“Durante el periodo helenístico surgieron grandes bibliotecas que marcaron la historia, como la Biblioteca de Alejandría y la de Pérgamo. La segunda fue la cuna del pergamino, un nuevo material para escribir creado ante la falta de papel proveniente de Alejandría”.
 — Lic. Katy Fonseca Salcedo, coordinadora de la Biblioteca Jesús Romo Armería, UNAM.

Posteriormente, en Roma, Cayo Asinio Polión fundó la primera biblioteca pública, conocida como la Biblioteca Octaviana. También surgieron otras bibliotecas importantes, como la Palatina, junto al templo de Apolo.

Aunque estas bibliotecas contribuyeron a conservar el conocimiento, el acceso seguía siendo restringido: sólo nobles y religiosos podían consultar ciertos textos, mientras que la literatura profana o los libros prohibidos eran inaccesibles para el pueblo.

¿Cómo se abrieron las bibliotecas al conocimiento público?

A lo largo de la Plena Edad Media, entre los siglos XI y XIII, surgieron las primeras universidades y con ellas las bibliotecas universitarias. Este cambio marcó una etapa de apertura del saber hacia un público más amplio.

La imprenta revolucionó las bibliotecas al multiplicar el conocimiento y democratizarlo.

De igual manera, en el mundo árabe las primeras bibliotecas surgieron dentro de las mezquitas y eran conocidas como Casas de Sabiduría. Estos espacios estaban abiertos al público, aunque solo podían aprovecharlos quienes contaban con los conocimientos necesarios para interpretar los textos.

“En el transcurso del Renacimiento, las bibliotecas experimentaron un notable crecimiento impulsado por la explosión de nuevas ideas, el desarrollo de la educación y el aumento de la alfabetización. En este periodo surgieron las primeras bibliotecas públicas, aunque el concepto moderno de biblioteca abierta al público se consolidó recién en el siglo XIX. Las bibliotecas renacentistas eran todavía de acceso restringido: los libros solo podían ser consultados a través del bibliotecario”, indicó Fonseca Salcedo.

De la actualidad a los desafíos de las bibliotecas modernas

El siglo XIX marcó el nacimiento de las bibliotecas públicas tal como las conocemos hoy. Surgieron espacios abiertos a toda la población, algunos con estanterías abiertas y otros con estanterías cerradas.

“En las últimas décadas muchas bibliotecas públicas han desaparecido por falta de uso y apoyo, siendo sustituidas por otros espacios recreativos. Aun así, algunas continúan activas ofreciendo servicios comunitarios, ludotecas y actividades culturales”.
 — Lic. Katy Fonseca Salcedo, coordinadora de la Biblioteca Jesús Romo Armería, UNAM.

En la época moderna, el desarrollo de la tecnología y la digitalización ha transformado el modo de acceder a la información. Las personas recurren con mayor frecuencia a dispositivos electrónicos, lo que ha reducido la asistencia a las bibliotecas físicas. Sin embargo, estas siguen siendo fundamentales, especialmente en universidades e instituciones de investigación, ya que conservan materiales que no se encuentran digitalizados.

Su importancia en la actualidad

Las bibliotecas físicas, además de ser centros de consulta, se han convertido en espacios de aprendizaje, colaboración y socialización. Son lugares donde los ciudadanos pueden leer, estudiar, trabajar en grupo y participar en actividades culturales.

Las bibliotecas son hoy el punto de encuentro entre tradición y modernidad.

Otro de sus aportes fundamentales es el fomento de la lectura. En países como México, donde los índices de lectura son bajos —alrededor de seis libros por persona al año—, las bibliotecas representan una oportunidad para recuperar el hábito lector y fortalecer la educación. Además, ofrecen acceso a una diversidad de materiales en distintos formatos, desde libros impresos y enciclopedias hasta discos compactos o documentos antiguos que ya no pueden reproducirse fácilmente en casa.

Guardianas del conocimiento y la identidad

A lo largo de la historia, las bibliotecas han acompañado el desarrollo del conocimiento humano transformándose conforme cambian las necesidades educativas, culturales y tecnológicas de la sociedad. Por ello, conservarlas es una tarea esencial. Ellas no solo guardan libros, sino también el legado de nuestra civilización y la posibilidad de seguir construyendo identidad y cultura.