Debido a las altas concentraciones de contaminación en las grandes ciudades, cada vez es más común que las autoridades establezcan restricciones a la circulación de vehículos, razón por la cual especialistas en transporte urbano consideran necesario pasar del transporte con motor de combustión interna al transporte eléctrico.
La contaminación, la salud y, sobre todo, la dependencia de las gasolinas del extranjero, principalmente de Estados Unidos, colocan a México en una situación grave cada vez que aumenta el precio del barril de petróleo en los mercados internacionales.

Los especialistas consideran que frente a estos incrementos en el precio de los combustibles, México está en una situación de vulnerabilidad porque un porcentaje muy grande de sus gasolinas es importado, por lo que se debe acelerar la transición a la electromovilidad, especialmente en el transporte público de las grandes zonas urbanas.
Sin embargo, en la actualidad los autobuses son fundamentales en el transporte urbano porque movilizan a la mayor parte de los usuarios en las ciudades de todo el país. En el caso de la Ciudad de México, las combis, los autobuses, el Metrobús, y los trolebuses y el Metro y son utilizados todos los días por millones de pasajeros.
De acuerdo con investigaciones recientes de la UNAM, la electromovilidad no debe limitarse al automóvil particular. También debe llegar al transporte público, porque ahí es donde puede tener mayores beneficios sociales, económicos y ambientales.
En el Instituto de Ingeniería de la UNAM, por ejemplo, se desarrollan trabajos sobre evaluación de vehículos eléctricos, estaciones de recarga, rendimiento energético y movilidad eléctrica sostenible.
La electromovilidad y sus beneficios económicos
“Para la gente de bajos ingresos el transporte eléctrico tiene beneficios económicos porque las tarifas pueden ser más bajas”, explica David Bonilla Vargas, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM. “El transporte eléctrico, en el caso de los trolebuses, es más seguro y de mejor calidad”.
Otro beneficio serían viajes más cortos, cómodos y seguros, lo que daría lugar a una fuerza de trabajo mucho más productiva. El ahorro en el tiempo de traslado les permitiría dedicarlo a otras actividades de su vida diaria, como pasar más tiempo con la familia. Por supuesto, tendrían más horas de sueño y menos estrés.
“Si una persona deja su vehículo y utiliza el transporte público podría tener menos enfermedades cardiovasculares porque cuando uno se transporta en el auto los riesgos de un ataque al corazón son más altos”, señala el investigador.
Además de los beneficios para la salud, el transporte eléctrico puede reducir los costos de operación de las unidades, siempre y cuando haya una planeación adecuada, infraestructura de recarga y mantenimiento especializado. Por eso, para los investigadores universitarios, el cambio tecnológico debe ir acompañado de una reorganización del sistema de transporte.
En el libro Intercambio de baterías: elemento clave para una electromovilidad sustentable, publicado por el Instituto de Energías Renovables de la UNAM, se plantean las ventajas de la electromovilidad y se enfatizan sus beneficios en el transporte público eléctrico. Esta propuesta coincide con la necesidad de pensar en la transición energética no sólo desde el automóvil particular, sino también desde los sistemas colectivos que utilizan diariamente millones de personas.
Beneficios ambientales
Mucha gente no deja de utilizar su coche porque considera que el transporte público es de muy mala calidad y, dependiendo de la región de la ciudad, también lo percibe como peligroso. Para Bonilla Vargas, ese es uno de los puntos que se deben atender si se quiere que más personas dejen el automóvil y utilicen sistemas colectivos.
“Los metrobuses están muy saturados porque están llegando a su capacidad, razón por la cual es muy importante invertir para expandir la flota de metrobuses. Y tiene que ser eléctrica”, señala el investigador. “Ha habido inversión en metrobuses, pero necesitamos más y más velocidad en la introducción de Metrobús eléctrico”.
Ahora bien, se debe planear la generación de electricidad para que vaya de la mano con la introducción gradual de metrobuses eléctricos, porque eso no se puede hacer de la noche a la mañana, tiene que ser de forma paulatina.
En la ciudad, durante algunas décadas no se había introducido un medio de transporte novedoso; el más importante fue el Metro, hasta que en junio de 2005 empezó a funcionar el Metrobús.
A finales de 2019, el gobierno de la Ciudad de México introdujo los primeros trolebuses, en lo que fue un paso inicial hacia la electromovilidad. En años recientes se han abierto numerosas líneas de trolebuses, en especial en la zona oriente.
Para el investigador, esos avances son importantes, pero todavía falta ampliar la cobertura, mejorar la calidad del servicio e integrar mejor los distintos modos de transporte.
“Se necesita más inversión en el sector. Es bienvenido lo que se ha hecho, pero es insuficiente. La Ciudad de México debe tener una red de transporte integrada”.
Tiene que haber un transporte público atractivo para las clases medias, para los profesionistas, para que se bajen del coche y aborden el Metrobús o los trolebuses.
“Las clases trabajadoras no tienen auto y lo que están haciendo ahora es adquirir motocicletas en las que los tiempos de traslado son mucho más cortos, pero la fiebre por las motocicletas está causando nuevos problemas debido a los numerosos accidentes”.
Redes de transporte integradas
“Cuando hablo de una red integrada, me refiero, por ejemplo, a que las líneas del metro deberían estar alimentando a los otros medios para que cada red de transporte no se vaya ‘por la libre’, sin ninguna coordinación con las otras. Por ejemplo, en este momento no puedes subir tu bici al metrobús por lo que es necesario resolver el problema de la última milla”.
En otros países uno se puede llevar su bicicleta en un metrobús o en un tren, de tal manera que se pueden hacer viajes combinados. Como la saturación del Metrobús no permite que entre una bicicleta, se tienen que rediseñar, explica Bonilla Vargas. En Canadá, por ejemplo, uno puede colocar la bicicleta en la parte trasera del metrobús, por fuera. Y en otros países se puede meter por una puerta especial.
“Me llama la atención que aquí se les olvide que hay otros modos de transporte y que se pueden combinar para hacer viajes combinados”, señala el investigador. “A veces uno puede hacer un viaje en metrobús con la bicicleta, bajar y seguir por otra ruta, o dejar el coche en un estacionamiento fuera de la ciudad, donde lo cuiden, y abordar el metrobús. Debe haber facilidades para hacer viajes combinados”.
Los domingos y días festivos, en el Metro de la Ciudad de México se puede viajar con bicicleta, o de lunes a sábado en horario nocturno. En el caso de las bicis plegables se permiten todos los días sin restricciones de horario. “Eso lo hubieran hecho hace 20 o 30 años, pero qué bueno que lo hacen ahora porque así se pueden hacer viajes combinados”.
En algunos trolebuses también pueden subir una bicicleta. “Pero yo creo que ahí se tiene que trabajar más”.
El metrobús eléctrico sólo resuelve una parte del problema porque se tienen que resolver los viajes cortos, en los que los autobuses y camionetas tienen una ventaja espacial, porque ellos pueden hacer viajes muy cortos.
Otra opción en los viajes cortos es lo que se conoce como la micromovilidad, que tampoco está muy bien organizada en la ciudad porque en viajes relativamente cortos algunas personas utilizan el patín eléctrico. En ese caso, también puede haber muchos accidentes.
“Necesitamos un transporte seguro, eficiente, limpio y que también cuide a las mujeres para que se sientan seguras. Y para eso se necesita mucha inversión”.
El problema del financiamiento
Para Bonilla Vargas, se deben explorar distintas formas de obtener recursos para mejorar el transporte público, reducir la congestión y acelerar la transición hacia tecnologías menos contaminantes.
Si no aumentan los ingresos públicos, entonces se tiene que buscar cómo fortalecer las arcas del gobierno local para financiar un mejor sistema de transporte. Una reforma fiscal le daría más libertad para que pueda tener su propia recaudación. Pero se necesita más crecimiento económico para que aumente la recaudación y se pueda invertir.
Inversión privada en el transporte público local
En México la mayor parte de la inversión es privada, la inversión pública es apenas de alrededor de veinte por ciento. Una solución sería acercarse al sector privado y ver cómo gobierno local puede hacer una asociación con ellos como y buscar fórmulas financieras.
“Pero se tiene que buscar una solución porque el problema del transporte público no se va a resolver, la ciudad sigue creciendo, la población sigue creciendo y la gente sigue comprando motocicletas o automóviles”.
El transporte público concesionado
Muchas empresas privadas son dueñas de los peseros, y tradicionalmente han sido parte de sindicatos y de otros grupos, sobre todo en el Estado de México.
“En el Estado de México hay intereses políticos locales, pero se tiene que negociar con ellos, atraerlos para ver cómo se pueden integrar sus intereses con los intereses de la sociedad, aunque es complejo”, señala el investigador.
Para Bonilla Vargas, uno de los retos es encontrar mecanismos de negociación que permitan integrar a concesionarios, trabajadores y empresas a esquemas de transporte más ordenados, con mejores unidades y con posibilidades de financiamiento para la transición eléctrica.
Ahora bien, el problema del transporte va más allá de un problema tecnológico, porque también requiere acuerdos, financiamiento y una mejor coordinación entre los distintos actores que participan en la movilidad urbana.
En la Ciudad de México se han incorporado avances en transporte eléctrico; sin embargo, desde una perspectiva técnica todavía hay retos importantes, porque buena parte de los usuarios dependen del pesero, que pertenece a empresas privadas.
Se debe dar incentivos a esas empresas para que se vayan integrando a un sistema de transporte público, pero tendría que haber un acuerdo financiero para que adquieran un vehículo eléctrico.
En el problema del transporte hay retos de gobernanza, coordinación e integración de distintos intereses. Para el investigador, no basta con introducir vehículos eléctricos, también se necesita mejorar la regulación, la coordinación de rutas, la operación del transporte concesionado y la manera en que se organiza el espacio vial.
Incentivos económicos para cambiar a tecnologías limpias
“Una de las dificultades es que el precio de la gasolina es relativamente bajo. En el momento en que la gasolina sea muy cara, por ejemplo, que el precio del barril de petróleo llegue a 150 dólares, en ese momento se le va a dar incentivos al sector privado y al sector público para cambiar sus inversiones a las tecnologías verdes. Pero mientras sea barato contaminar, ¿por qué voy a invertir en un auto eléctrico?”.
“Se necesitan mejor financiamiento y mejor gobernanza, pero mientras el precio de gasolina sea relativamente bajo, no va a haber un incentivo para invertir en un auto eléctrico. Con el precio de gasolina alto, la inversión en un auto eléctrico se va a recuperar mucho más rápido”, finalizó David Bonilla Vargas.
