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Resistencia creativa: arte indígena tras la Conquista de México

La Conquista de la Nueva España marcó un punto de ruptura para los pueblos originarios, pero el arte indígena no desapareció: se transformó, resistió y se reinventó. Esta evolución no solo permitió la supervivencia de símbolos y técnicas ancestrales, sino que dio origen a expresiones híbridas que hoy forman parte del patrimonio cultural e identidad nacional mexicana.

Estrategias de resistencia y adaptación cultural

Frente a la imposición de modelos europeos, los artistas indígenas integraron elementos cristianos sin renunciar a su cosmovisión. Los códices coloniales mezclaron escritura náhuatl con iconografía cristiana, convirtiéndose en espacios de negociación simbólica.

En la conferencia “El florecimiento del arte indígena durante el periodo de su extinción”, el Dr. Pablo Escalante Gonzalbo, investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM, subrayó que la historiografía colonial los consideraba meras “intromisiones”, pero hoy se entienden como resultado de la interacción creativa entre las tradiciones mesoamericana y mediterránea.

“El arte indígena evolucionó gracias a una estética que no desapareció con la evangelización, sino que se adaptó a nuevos formatos”,
—Dr. Pablo Escalante Gonzalbo, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

¿Cómo evolucionó el arte indígena tras la Conquista?

La herencia prehispánica persistió en la arquitectura, la escultura, la pintura mural y los objetos litúrgicos. Incluso influyó en el barroco criollo y en la construcción simbólica de la nación mexicana.

Aunque se destruyeron altares, códices y cultos públicos, las técnicas comunitarias y símbolos locales sobrevivieron transformados. El Templo y exconvento de Todos los Santos en Zempoala, Hidalgo, es un ejemplo de esta yuxtaposición: una obra europea levantada por manos indígenas.

Oficios y expresiones artísticas en transformación

La orfebrería y la plumaria encontraron nuevas formas en el arte litúrgico. Cruces procesionales con plumas de quetzal, esculturas con rasgos prehispánicos y cruces atriales que remiten al árbol ritual indígena muestran cómo las tradiciones no se extinguieron, sino que se resignificaron.

La escultura en piedra, aunque menos abundante, mantuvo elementos tradicionales en conventos y atrios.

Entre el rechazo y la integración

Durante la evangelización surgieron tensiones. Fray Juan de Zumárraga defendió una postura rígida: censuró danzas, voladores y cruces altas —a las que llamó “mástiles”—, e incluso justificó su eliminación con supersticiones sobre rayos.

En contraste, Fray Pedro de Gante aplicó un sincretismo que permitió conservar ornamentos indígenas.

“Este enfoque se manifestó en el uso de mantos ceremoniales, instrumentos musicales como el teponaztli, y ornamentos tradicionales como las plumas de quetzal y las flores”,
—Dr. Pablo Escalante Gonzalbo, Instituto de Investigaciones Estéticas, UNAM.

El virrey Antonio de Mendoza reconoció el valor de la jerarquía indígena y creó una “orden” cristiana para los tecuhtlis, fusionando símbolos imperiales españoles con iconografía indígena.

Festividades y continuidad del ritual

Las celebraciones indígenas conservaron su carácter festivo y comunitario. Los nobles indígenas organizaban danzas con escudos (chimallis) y mantenían el cuicacalli, donde se enseñaban canto, danza y ritual.

Fray Pedro de Gante introdujo símbolos cristianos en los cantares indígenas, visibles en los Cantares mexicanos recopilados por Fray Bernardino de Sahagún.

“Las expresiones eran esenciales para mantener el liderazgo y la autoridad ritual de los nobles indígenas dentro de las nuevas estructuras sociales coloniales”,
—Dr. Pablo Escalante Gonzalbo, UNAM.

Legado vivo del arte indígena

El arte indígena no se extinguió: sobrevivió en formas híbridas, en símbolos y en fiestas que integraron lo prehispánico con lo cristiano. Más que una cultura vencida, es una historia de creatividad y resistencia.