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Caballos, historia y ciencia detrás del Año Nuevo chino

En 2026, el calendario tradicional chino marca el Año del Caballo, un animal que no sólo es símbolo de fuerza y libertad, sino también protagonista de una historia evolutiva sorprendente.

De acuerdo con Alejandra Alvarado Zink, especialista académica de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia el caballo tiene su origen en el continente americano, al igual que el maíz, el tomate, el frijol y el cacao, pero vivió un viaje evolutivo fantástico que lo regresó a su hogar.

Su historia evolutiva

El caballo es, orgullosamente, americano. Hace 55 millones de años nació en nuestras selvas tropicales; era un animal pequeño que tenía varios dedos, una adaptación perfecta para caminar sin hundirse en el lodo del suelo selvático. Con el paso del tiempo, el clima cambió y las selvas dieron paso a los pastizales.

El caballo evolucionó para sobrevivir en espacios abiertos: aumentó su tamaño y sus dedos se fusionaron en una sola pezuña, una pieza de alta ingeniería biológica diseñada para correr a toda velocidad. Las glaciaciones fueron su «boleto de salida».

Hace unos 2.5 millones de años, el descenso del nivel del mar dejó al descubierto un puente terrestre hacia Asia: el Estrecho de Bering. Los caballos cruzaron este paso para conquistar el mundo.

Irónicamente, mientras triunfaban en otros continentes, en América se extinguieron hace unos 10 mil años, al final de la Edad de Hielo, desapareciendo junto a gigantes como los mamuts y los lobos terribles del Pleistoceno.

Miles de años después, durante la Conquista, los caballos regresaron a América transformados por su evolución en Eurasia. Al volver, se reencontraron con los vastos pastizales que alguna vez fueron su hogar, un entorno que favoreció su rápida readaptación. Mientras muchos quedaron al servicio de la humanidad, otros recuperaron su libertad, originando las poblaciones de caballos salvajes que aún habitan diversas regiones del continente.

¿Cómo sabemos que es americano?

Se han encontrado diversos fósiles en Mexico. Entre ellos, el Equus conversidens (El caballo mexicano), que era una especie robusta de talla mediana, adaptada a zonas de altura y climas frescos. Sus restos en el Valle de México (Tequixquiac) y San Luis Potosí confirman que convivió con la megafauna icónica: mamuts y perezosos gigantes.

Equus mexicanus: El gigante de las praderas. Con dimensiones similares a un percherón moderno, su presencia en el centro del país habla de la alta calidad nutricional de los pastizales mexicanos de aquel entonces.

Los “Caballos de tres dedos”; (Hipparionines): Ancestros que habitaban Sonora, Chihuahua y Puebla. Lo más fascinante es que aún conservaban vestigios de tres dedos, permitiéndonos documentar la “reducción digital”.

Este proceso no fue un retroceso, sino una especialización biomecánica: al

concentrar el peso en un solo eje, transformaron sus patas en resortes biológicos de alta eficiencia.

Su anatomía

Todo lo que corresponde a su anatomía es toda una ingeniería, porque al tener patas tan cortas y sobrevivir a las inclemencias de los pastizales son máquinas de supervivencia.

“El caballo tiene los ojos colocados de forma lateral, lo que le permite tener

una visión que llega a los 350 grados, es un panorama increíble. Solo no pueden ver hacia atrás de la nuca ni la punta de su nariz”.

Tienen una visión nocturna buena y por eso pueden adaptar sus ojos a la intensidad de la luz. Además, sus rodillas son muy robustas, lo que les permite correr y desplazarse.

Podría decirse que tienen un segundo corazón en la base de sus patas ya que dentro de los cascos, tienen una estructura en forma de «V» llamada ranilla que al caminar o galopar, funciona como una bomba hidráulica que empuja la sangre de regreso al corazón.

Duermen parados, y tienen un ritmo cicardiano que les permite permanecer alertas. Si durante el sueño tienen alguna amenaza, despiertan y pueden correr rápidamente. “Todo esto les ha permitido cuidarse de los depredadores como son los lobos, o los cazadores humanos, entre otros”.

Otra de sus curiosidades es la comunicación que tienen entre ellos, la realizan a través de señas con sus orejas y así se indican que pasa a su alrededor.

¿Por qué el año chino tiene importancia?

El Año Chino del Caballo comienza el 17 de febrero de 2026, y es la ocasión perfecta para celebrar a estos animales, que son un símbolo de fuerza y libertad. Se trata de una tradición que une cultura, ciencia, y recuerda la importancia del caballo a lo largo de los siglos.

El calendario chino tiene más de 4 mil años de antigüedad y se originó como un sistema agrícola para registrar los ciclos de siembra y cosecha. Está basado en los movimientos del sol y la luna, combinando meses lunares con años solares, es lunisolar.

Cada año se asocia con un animal del zodiaco —como la rata, el buey, el

tigre o el caballo— y un elemento natural. La selección de estos animales tiene raíces en la cultura y la mitología china: se cree que reflejan características humanas y valores sociales, y según la leyenda, los animales fueron elegidos por el Emperador de Jade en una carrera que determinó su orden en el zodiaco. Así, el calendario no solo mide el tiempo, sino que también transmite enseñanzas culturales sobre personalidad, fortuna y armonía con la naturaleza.