En un contexto en el que las ciudades enfrentan los efectos cada vez más visibles del cambio climático, la arquitectura y el urbanismo tienen el reto de diseñar espacios capaces de adaptarse a nuevas condiciones ambientales sin perder de vista el bienestar de las personas.
Bajo esa premisa, dos estudiantes de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrollaron una propuesta para transformar los llamados parques hundidos de Mérida en infraestructura verde capaz de mejorar el manejo del agua, reducir el calor urbano y fortalecer la convivencia comunitaria.
Se trata de “AKALCHÉ y Red de Parques”, proyecto desarrollado por Rodrigo Moctezuma González y Carlos Lozano González, ganador del concurso “Nodos de Innovación para la Resiliencia Urbana Sostenible”, organizado por la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU).
A través de esta convocatoria se buscó acercar a estudiantes y jóvenes profesionales de disciplinas como la arquitectura, el urbanismo, la geografía y áreas afines al análisis territorial y al diseño de soluciones innovadoras para problemáticas urbanas reales. Dentro de las distintas categorías, Rodrigo y Carlos participaron en la modalidad de intervención urbana y resiliencia, donde debían plantear una propuesta para uno de los llamados parques hundidos de la ciudad de Mérida.
El problema de los parques hundidos
Carlos Lozano explicó que los parques hundidos son espacios públicos construidos sobre antiguas sascaberas, es decir, minas a cielo abierto de piedra caliza que dejaron de explotarse y posteriormente fueron acondicionadas como áreas recreativas.
La presencia de estas grandes depresiones artificiales genera condiciones poco comunes en la región. Durante la temporada de lluvias, los espacios acumulan grandes cantidades de agua que permanecen estancadas durante meses. Como consecuencia, se producen malos olores, proliferan los mosquitos, aumenta la contaminación ambiental y disminuye el uso de estos lugares por parte de la población.
Además del impacto ambiental, estas condiciones tienen repercusiones sociales. La percepción de inseguridad aumenta, los espacios públicos pierden atractivo y las comunidades terminan desaprovechando áreas que podrían convertirse en importantes puntos de encuentro, recreación y convivencia.
Ante este escenario, el concurso propuso intervenir cuatro parques hundidos específicos. Los participantes debían seleccionar uno de ellos y desarrollar una solución capaz de responder a las necesidades ambientales y sociales del sitio.
Recuperar el agua en lugar de combatirla
En el ámbito ambiental, la propuesta plantea transformar la antigua excavación minera en un humedal artificial de flujo superficial.
Lejos de intentar eliminar la presencia del agua, el proyecto parte de reconocerla como una condición inherente del lugar y convertirla en una oportunidad. El objetivo es mantener un cuerpo de agua permanente bajo un sistema diseñado para filtrarla, depurarla y reincorporarla al entorno de forma segura.
De esta manera, un problema recurrente de inundación y estancamiento se transforma en un elemento capaz de generar beneficios ecológicos y paisajísticos para la comunidad.
Saberes mayas para enfrentar retos contemporáneos
Como parte de esta estrategia, los arquitectos retomaron conocimientos hidráulicos desarrollados por la civilización maya. Entre ellos destacan los chultunes, estructuras subterráneas utilizadas históricamente para captar y almacenar agua de lluvia. Adaptados al contexto actual, estos sistemas permitirían recolectar agua pluvial, filtrarla y almacenarla para distintos usos dentro del parque.
La propuesta busca demostrar que el conocimiento tradicional puede dialogar con las necesidades urbanas contemporáneas y ofrecer soluciones eficaces ante los desafíos ambientales actuales.
El regreso de las veletas
Durante la investigación, otro hallazgo llamó la atención de los estudiantes: la importancia histórica de las veletas o molinos eólicos en el paisaje urbano de Mérida. Durante décadas, estas estructuras fueron utilizadas para extraer agua del subsuelo y llegaron a ser tan comunes que la ciudad fue conocida como la “ciudad de las veletas”.

A partir de este antecedente, el proyecto plantea reinstalar molinos dentro del humedal para aprovechar la energía del viento en la circulación y oxigenación del agua. Con ello se reduce la dependencia de sistemas mecánicos complejos o de fuentes externas de energía, al tiempo que se recupera un elemento representativo del patrimonio histórico y cultural de la ciudad.
Aunque el agua captada no estaría destinada al consumo humano, sí podría utilizarse para el mantenimiento de áreas verdes, la limpieza de espacios públicos y el riego durante la temporada de sequía. Esto permitiría optimizar el aprovechamiento del recurso hídrico y fortalecer la autosuficiencia ambiental del parque.
Desde el punto de vista económico, la propuesta aprovecha la infraestructura y las condiciones ya existentes en el sitio, lo que reduce los costos de intervención y mantenimiento frente a proyectos que requieren construir sistemas completamente nuevos.
Una red de parques para toda la ciudad
Aunque el humedal constituye el núcleo de la propuesta, sus autores entendieron que la solución no debía limitarse a un solo espacio. Por ello desarrollaron un segundo componente denominado “Red de Parques”, cuyo objetivo es conectar distintos espacios verdes de Mérida mediante corredores ecológicos y peatonales.
La propuesta, destacó Rodrigo, aprovecha camellones arbolados, áreas verdes existentes y franjas de servidumbre ubicadas bajo líneas de alta tensión, donde no es posible desarrollar infraestructura convencional. Estas conexiones permitirían recorrer varios kilómetros de la ciudad caminando o en bicicleta, con menor interacción con el tráfico vehicular.
Diseñar ciudades para un clima cambiante
Además de mejorar la conectividad ecológica, la Red de Parques busca atender uno de los principales desafíos ambientales de Mérida: el fenómeno de isla de calor urbana.
Las superficies de concreto y asfalto absorben grandes cantidades de radiación solar y elevan significativamente la temperatura de las ciudades, un efecto especialmente intenso en regiones cálidas como la capital yucateca.

Al incrementar la cobertura vegetal y conectar las áreas verdes existentes, se generan corredores con mayor sombra, humedad y ventilación natural. Esto mejora el confort térmico de los habitantes y fomenta formas de movilidad más sostenibles.
El valor del dibujo a mano en la era de la inteligencia artificial
Más allá de las soluciones urbanas planteadas, otro elemento distintivo del proyecto fue la forma en que fue representado visualmente. Gran parte de las ilustraciones y representaciones gráficas fueron realizadas a mano por Moctezuma González, quien consideró que esta técnica le permitió expresar sus ideas con mayor autenticidad.
Asimismo, destacó que el dibujo manual implica un nivel de comprensión espacial profundo, ya que obliga al diseñador a entender plenamente aquello que representa.
Desde su perspectiva, las herramientas digitales y la inteligencia artificial no deben verse como sustitutos del trabajo manual, sino como recursos complementarios dentro del proceso creativo. Sin embargo, considera que el dibujo artesanal continúa aportando una riqueza expresiva y conceptual difícil de reemplazar.

La UNAM y una formación con compromiso social
Ambos arquitectos coinciden en que el reconocimiento obtenido no puede entenderse sin la influencia que tuvo la UNAM en su formación profesional. Más allá de los conocimientos técnicos, consideran que la universidad les brindó una visión crítica de los problemas urbanos y una comprensión de la arquitectura vinculada al bienestar colectivo.
“La institución fomenta una comprensión más amplia de los problemas urbanos, orientada al bienestar colectivo, la justicia espacial y la sostenibilidad. Si bien la educación en universidades públicas y privadas es muy buena, la UNAM mantiene una fuerte tradición de compromiso social que influye directamente en la manera de abordar proyectos urbanos y arquitectónicos”, señaló Carlos.
Del problema a la oportunidad
Los jóvenes arquitectos consideran que gran parte de las estrategias desarrolladas en AKALCHÉ podrían adaptarse a otros contextos urbanos. La Red de Parques, por ejemplo, podría implementarse en ciudades que enfrentan problemas asociados al calentamiento urbano y la fragmentación de sus espacios verdes.
De igual manera, la restauración ecológica mediante humedales y soluciones basadas en la naturaleza puede aplicarse a minas abandonadas, cuerpos de agua contaminados o áreas urbanas degradadas. Para sus autores, la clave está en comprender las características específicas de cada territorio y trabajar con especies y estrategias adaptadas a las condiciones locales.
Un proyecto para beneficiar a la población
A través de soluciones basadas en la recuperación ecológica, el aprovechamiento del agua y la conexión de espacios verdes, AKALCHÉ plantea una alternativa para transformar áreas degradadas en infraestructura urbana capaz de generar beneficios ambientales, sociales y culturales.

Más allá del reconocimiento obtenido en el concurso, el proyecto demuestra cómo la arquitectura puede contribuir a enfrentar desafíos cada vez más urgentes, como el cambio climático, la escasez de agua y el aumento de las temperaturas urbanas. Para sus autores, la clave está en observar las características propias de cada territorio, recuperar conocimientos locales y diseñar soluciones que permitan a las ciudades adaptarse sin perder su identidad.
Con esa visión, los parques hundidos de Mérida dejan de ser un problema urbano para convertirse en una oportunidad de innovación, resiliencia y transformación colectiva.
