- Arte, arquitectura y sensibilización en la UNAM

En la UNAM el agua no sólo circula por tuberías ni abastece únicamente laboratorios o fuentes: también nos interpela desde el arte, desde la arquitectura y desde los pequeños ecosistemas que convivimos en la vida cotidiana del campus. En este número de UNAM Internacional dedicado al agua, la sección “Enfoque” propone un recorrido por el patrimonio universitario, por su infraestructura y sus actividades culturales, para invitar a mirar —y también a sentir— el valor de este elemento esencial.

Parte de esa experiencia se construye desde la propia concepción de los espacios. En la UNAM, numerosos edificios han sido pensados como ejercicios de integración plástica, donde arquitectura y arte se entrelazan para producir significado. En este diálogo, figuras como Diego Rivera, Juan O’Gorman y Francisco Toledo incorporan elementos simbólicos —entre ellos el agua— para evocar flujos, naturaleza y vida. Basta levantar la vista hacia la Biblioteca Central para encontrar a Tláloc, deidad mexica de la lluvia, representado en el mural de O’Gorman. Su presencia no se limita a la fachada: en la parte posterior, una fuente lo reinterpreta y prolonga sus sentidos. De manera paralela, en el edificio del Posgrado de Economía, diseñado por el estudio Legorreta, un vitral de Francisco Toledo integra figuras de peces, camarones e insectos que evocan el mundo acuático y transforman las puertas del fondo del escenario —concebidas como un elemento versátil— en una experiencia estética y simbólica. Más que ornamento, estas obras activan una memoria profunda en la que el agua aparece como principio de vida, fertilidad y equilibrio.

Pero el agua universitaria también habita en territorios menos evidentes, aunque igualmente transformadores. En pasillos y espacios abiertos de distintas entidades académicas se han instalado humedales artificiales que depuran aguas grises mientras generan pequeños refugios de biodiversidad. A menudo pasamos junto a ellos sin advertirlo: son dispositivos discretos que condensan conocimiento en acción, donde convergen biología, ingeniería y sostenibilidad.

Algo similar ocurre con los sistemas de riego que utilizan agua tratada en áreas verdes y deportivas, así como con los bebederos de agua purificada distribuidos por el campus, que fomentan el consumo responsable y reducen el uso de plásticos desechables. Hacerlos visibles es también una forma de activar conciencia.
La dimensión cultural amplía este mapa hídrico. Diversas actividades artísticas, performativas y musicales abordan el agua como territorio simbólico, político y sensorial. A través de encuentros, diálogos interdisciplinarios, prácticas escénicas, conciertos, se cuestionan estructuras de poder, se recuperan saberes comunitarios y se enfatiza la gestión colectiva del recurso, explorando además sus dimensiones sonoras, corporales y mnémicas.

En este entramado las actividades de divulgación adquieren un sentido particular. Durante el Día Mundial del Agua, la UNAM despliega talleres, exposiciones y jornadas que no sólo conmemoran, sino que buscan involucrar activamente a su comunidad. Sin embargo, más allá de fechas específicas, el desafío permanece: traducir estas experiencias en una sensibilización cotidiana que permita reconocer el agua no como un recurso dado, sino como un patrimonio compartido que exige atención, cuidado y responsabilidad colectiva.
