Ejercicio y deporte en adolescentes: claves para su desarrollo físico y emocional
La adolescencia es una de las etapas más significativas del desarrollo humano. Se caracteriza por profundos cambios físicos, emocionales, psicológicos y sociales. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), este periodo abarca de los 10 a los 19 años y representa la transición entre la niñez y la vida adulta. Aunque la edad puede variar en cada persona, lo que permanece constante es la complejidad de los procesos que se viven: transformaciones corporales aceleradas, ajustes hormonales, construcción de la identidad personal, búsqueda de pertenencia y una intensa montaña rusa emocional.

En este contexto, el ejercicio y la práctica deportiva adquieren un papel fundamental. Así lo plantea un episodio del podcast Deporte UNAM, producido por la Dirección General del Deporte Universitario, en el que especialistas y entrenadores reflexionan sobre la importancia de la actividad física como una herramienta clave para el desarrollo integral durante la adolescencia.
Una pieza clave para el bienestar físico y mental
Antes de abordar los beneficios del ejercicio y el deporte en esta etapa, Claudia Becerril Rivera, entrenadora de atletismo y psicóloga deportiva de la UNAM, explicó la diferencia entre ambos conceptos. La actividad física se refiere al movimiento corporal orientado al bienestar y la salud, sin un objetivo competitivo; en cambio, el deporte implica una práctica más organizada, sistemática y estructurada, generalmente con fines competitivos.
Ambas modalidades son valiosas. Comprender esta distinción permite reconocer que no todos los adolescentes necesitan competir para beneficiarse del ejercicio: moverse, activarse y cuidar el cuerpo ya representa un gran avance hacia una vida más saludable.
Desde el punto de vista fisiológico, tanto la actividad física como el deporte contribuyen al fortalecimiento de los sistemas cardiovascular, respiratorio y muscular, además de influir positivamente en el sistema hormonal. Estos cambios no solo mejoran la condición física, sino que también sientan las bases para una vida adulta más saludable. La práctica constante favorece el desarrollo de la fuerza, la resistencia, la coordinación y la adopción de hábitos que pueden mantenerse a lo largo del tiempo.
Los beneficios, sin embargo, no se limitan al ámbito corporal. María José Martínez Lozano, psicóloga especializada en adolescentes y adultos, egresada de la FES Zaragoza, destacó que la adolescencia suele estar marcada por cambios bruscos en el estado de ánimo: momentos de euforia pueden alternarse con enojo, tristeza o frustración. En este sentido, la actividad física funciona como un regulador emocional, al favorecer el bienestar psicológico. Practicar deporte fortalece la autoestima, la confianza personal y la resiliencia emocional, entendida como la capacidad de enfrentar las dificultades, aprender de ellas y seguir adelante.
Cuando el deporte se practica en equipo, los beneficios sociales se amplifican. “El sentido de pertenencia, la construcción de vínculos y la experiencia de formar parte de un grupo ofrecen al adolescente un espacio de contención y protección”, agregó la especialista.
Asimismo, diversos estudios —como los realizados por el Instituto del Cerebro de París o publicados en la revista Nature— han demostrado que el ejercicio regular mejora funciones cognitivas como la atención, la memoria, la planificación y la toma de decisiones. Estas habilidades son fundamentales no solo para el rendimiento académico, sino también para la vida cotidiana. Un adolescente físicamente activo suele desarrollar mayor organización personal, hábitos más saludables y una mejor capacidad para comprender y retener información.

“Al existir reglas, valores y objetivos claros, los jóvenes encuentran una guía que les permite ordenar sus emociones y conductas”, señaló Consuelo Velázquez García, entrenadora en jefe de Natación Artística de la UNAM.
Una actividad que trasciende
Especialistas y entrenadores coinciden en que el deporte debe entenderse no sólo como una práctica competitiva, sino como un recurso preventivo y formativo. La disciplina, la organización del tiempo y el compromiso son aprendizajes que trascienden la cancha o la alberca. Además, practicar deporte durante la adolescencia puede contribuir a la prevención de enfermedades en la adultez y a evitar conductas de riesgo, como el consumo temprano de alcohol, tabaco o drogas.
¡A practicar para vivir mejor!
La adolescencia es, en esencia, una etapa de descubrimiento y construcción de la identidad. Aprender a cuidar el cuerpo y la mente, reconocer las emociones y aceptar que los cambios forman parte del proceso puede dar como resultado adultos más equilibrados, conscientes y con un proyecto de vida sólido. En este camino, el ejercicio y el deporte se consolidan como aliados fundamentales.

No importa si se es o no un gran atleta: el verdadero valor del deporte radica en todo lo que enseña para la vida. Practicarlo es una de las mejores decisiones que un adolescente puede tomar para su presente y su futuro.
