Academia

Francis Kéré: el premiado arquitecto africano que sorprendió cuando vino a México

Leonardo Huerta Mendoza

El reconocimiento más importante de la arquitectura contemporánea es el Premio Pritzker, que año con año se otorga al arquitecto o arquitecta cuya obra haya producido “consistentes y significativas contribuciones a la humanidad a través del arte de la arquitectura”, de acuerdo con la organización que lo otorga, la Fundación Hyatt.

Desde 1979, año en que se entregó por primera vez el premio que se considera como el Nobel de Arquitectura, se ha otorgado en 44 ocasiones, de las cuales sólo en cinco ha ido a arquitectas, pero nunca se había entregado a un africano, hasta este año que se otorgó a Diébédo Francis Kéré, de Burkina Faso, país del occidente de África.

 

Foto: Astrid Eckert – Creative Commons

El ganador de 2022

En su arquitectura, Kéré ha desarrollado técnicas en las que se combinan materiales y técnicas de construcción tradicionales con la arquitectura moderna.

“Nosotros celebramos que se le haya dado el premio a Francis Kéré, un arquitecto que estuvo en México en 2017 durante el festival de arquitectura Mextrópoli”, dijo Juan Ignacio del Cueto, director de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

“A los que tuvimos la oportunidad de verlo nos dejó muy impactados porque nos mostró una arquitectura hecha para el lugar, con recursos mínimos, sobre todo, con una capacidad de proyección arquitectónica muy lógica y contundente a la vez, que aprovecha los materiales de los que se dispone en los lugares en los que se construye”.

Esta es la edición 44 de un premio que ha ido marcando los cambios que se han ido dando en la arquitectura con el enfoque de no sólo cómo hacer arquitectura sino cómo promocionarla o divulgarla.

Desde antes del Pritzker, la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), el organismo de arquitectura más importante en el mundo, ha entregado premios cada tres años en sus congresos, pero la estrategia mediática del Pritzker ha opacado a este premio, explica el académico.

“En el congreso celebrado en Londres en 1961 se otorgó el premio de la UIA a Félix Candela, un arquitecto hispano-mexicano que llegó con el exilio español, quien en el momento de su premiación era uno de los arquitectos más importantes del mundo. En 2008, la UIA le concedió el premio a otro arquitecto mexicano, a Teodoro González de León.

A diferencia del premio de la UIA, el Pritzker lo otorga un organismo empresarial que afortunadamente decidió otorgar estos premios anualmente.

Recibir el Pritzker, que forma parte del star system de la arquitectura, le da al arquitecto premiado una proyección internacional muy importante. Todos los que lo reciben se vuelven arquitectos muy famosos porque también son un escaparate para la arquitectura.

“Es muy significativo que en 1980, el segundo Pritzker que se otorgó haya sido para el arquitecto mexicano Luis Barragán, quien antes de obtenerlo, no era muy valorado pero la proyección internacional del premio y su magnífico discurso de recepción es un ejemplo de postura arquitectónica muy potente que le dio una importante proyección internacional”, dice el arquitecto Del Cueto.

“Durante su historia, el Premio Pritzker se ha otorgado a arquitectos muy importantes, pero después de 2009 empezó a cambiar su visión y se empezó a premiar a arquitectos menos reconocidos, como al suizo Peter Zumthor, autor de obras muy sensibles con el lugar, y partir de él lo recibieron japoneses, brasileños, portugueses, chinos…”.

Francis Kéré forma parte de un grupo de arquitectos con un perfil relativamente bajo pero con propuestas muy potentes que se empiezan a dar a conocer.

“Que Mextrópoli haya invitado a Francis Kéré en 2017 fue como una premonición de que este hombre estaba cambiando paradigmas en África sobre cómo construir con escasos recursos, con materiales del lugar; su arquitectura es muy adecuada a las necesidades del entorno, con pocos recursos económicos pero sabiendo cómo aprovechar los recursos materiales de la región, y construir con lo que tienes; hacer arquitectura vegetal. En ese sentido es muy importante este reconocimiento”, dijo el académico universitario.

Cambios en los galardonados

De alguna manera, el Premio Pritzker ha ido cambiado su visión de premiar sólo las obras espectaculares para empezar a premiar obras comprometidas con la sociedad.

“Los últimos diez o doce premios que se han entregado son ejemplo de una mayor sensibilidad hacia arquitectos que sin tantos recursos hacen propuestas arquitectónicas muy adecuadas y muy potentes. En este caso, se reconoció a una arquitectura de la periferia más ligada a lo rural que a lo urbano.

”Se entendió que la arquitectura nace de la tierra y tiene que ver con el lugar donde se construye; no se puede construir lo mismo en esa región africana que en una región de Asia o de Europa o en las regiones tropicales. Lo importante es cómo la arquitectura responde a su contexto natural. Y Francis Kéré es un ejemplo de eso”, dijo Juan Ignacio del Cueto.

Después de terminar su carrera de arquitectura, Kéré construyó una escuela en Gando, su pueblo natal en Burkina Faso. Esa escuela le hizo ganar en 2001 el prestigioso premio Aga Khan, que es la contraparte de los Pritzker.

“Con el Aga Khan se reconoce el compromiso ético de la profesión, que en este caso se otorgó por la construcción de una escuela primaria”, dice Emilio Canek Fernández Herrera, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

“Es una escuela primaria, lo cual es muy interesante porque los edificios que se reconocen en los Pritzker son los “edificios de autor”, de equipamientos culturales, de grandes museos, pero en este caso es un edificio muy sencillo, muy básico, que marca la preocupación de la práctica profesional del arquitecto en otra orientación”.

“En el caso de Francis Kéré me parece una metáfora interesante recordar su segundo nombre: Diébédo, El que ha venido a mejorar las cosas, dice Emilio Canek Fernández. “Y viene bien el Premio Pritzker porque posiciona un discurso sobre la necesidad de orientar la arquitectura a atender las necesidades sociales del sur global”.

“Esa escuela da cuenta de que se puede hacer buena arquitectura con los recursos mínimos, lo que quizá eso se haya visto reforzado con la educación universitaria que recibió en la Universidad Técnica de Berlín, donde concilió la mirada pragmática del recurso técnico con la idea del lugar y sus recursos elementales”, dice el integrante del Colegio Académico de la Facultad de Arquitectura.

Agrega que a pesar de que Kéré está dentro del mainstream arquitectónico, su obra mantiene el rigor de su época más temprana en la que la belleza de lo elemental sigue apareciendo.

“Algo que habría que resaltar de su vocación es el interés en la participación comunitaria de los proyectos que realiza. No es difícil ver a los usuarios de sus proyectos formar parte del diseño o de la construcción, situación que facilita su inserción en problemáticas específicas”.

Los Pritzker premian una arquitectura hegemónica, un tipo de arquitectura que acentúa las condiciones de lo visual, de la imagen, del efecto de las narrativas occidentales, y debemos entenderlo desde el grupo que promueve un premio que plantea una narrativa que obedece sus propios intereses.

“Me parece que en las últimas ediciones, el Pritzker trata de limpiar su imagen premiando a sectores o tipos de arquitecturas que no siguen la postura mucho más hegemónica del premio. Que ahora aparezca Francis Kéré en esta premiación obedece a esa línea que está visibilizando la periferia”.

Obviamente la visión de Kéré pasa por el tamiz occidental mediante su formación como arquitecto en la Universidad Técnica de Berlín. Entre sus críticos se le reconoce como un arquitecto burkinés y berlinés. “Es decir, no deja de lado su origen, mantiene ese compromiso social con su país pero también abreva de lo que ha adquirido de la cultura alemana a través de la universidad que lo formó y refuerza la condición de pragmatismo técnico que vemos en su producción”.

Mantener no sólo la forma básica o convencional de producir la arquitectura sino que involucra a los actores sociales que forman parte de los proyectos es otra de las condiciones que se deben reconocer en su obra porque le ha dado la posibilidad de que quienes participan en sus proyectos se apropien de ellos para darles otra connotación de apropiación del proceso del diseño y de la construcción.

“Lo anterior tiene que ver con una lógica de producción muy económica en la que los materiales de la zona, las lógicas climáticas, la manera de resolver los espacios hablan de esa sensatez en la que el dinero es un problema y donde hay que reconocer la manera más económica, factible y posible de hacer las cosas”, dice Emilio Canek.

Entre los numerosos reconocimientos a Francis Kéré destacan el Global Award for Sustainable Architecture, el BSI Swiss Architectural Award, el Marcus Prize, el Global Holcim Gold Award y el Schelling Architecture Award.

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