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¿Estaremos listos cuando termine el confinamiento?

Fabiola Méndez/Damián Mendoza

¿Has pensado qué harás o cómo será tu vida cuando haya que retomarla después de la pandemia por la COVID-19?

A un año de haber sido declarada como crisis sanitaria mundial e iniciado el confinamiento en todo el mundo, en medios de comunicación se habla mucho del síndrome de la cabaña, es decir, ese miedo por salir a la calle,  a contactar con otras personas, realizar actividades que antes eran cotidianas como trabajar fuera de casa, tomar el transporte público o relacionarnos con otras personas conocidas.

De acuerdo con Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, el síndrome de la cabaña no existe, “es muy peligroso decir que hay un aumento de suicidios por esta causa, es un error porque para generar estos datos se tienen que hacer investigaciones de más de un año”.

Explicó que no hay datos fehacientes para hacer afirmaciones del tipo: “cuando salgamos nos encontraremos con una sociedad diferente, vamos a tener dificultades para poder relacionarnos”.

Las jornadas han sido agotadoras en muchos sentidos, y no solo por el confinamiento, ya que hubo mucha gente que no se pudo quedar confinada porque no tenían un trabajo estable y los que sí, tuvieron que quedarse a “sufrir en su casa”.

Esta situación debió llevarnos a la reflexión y a practicar la empatía, en trabajar para generar trabajo colectivo y comunitario, “porque si seguimos en nuestro mundo individualista, cuando acabe la pandemia por la COVID-19 van a aparecer otros eventos y no vamos a sacar algo positivo de esto”.

Es falso asegurar que se viene la tercera ola de la enfermedad por la COVID-19, la correspondiente a la enfermedad mental, “son sólo afirmaciones que se hacen sin mucho sustento pensando que el ser humano es una especie de máquina que tiene que evitar emociones negativas”.

No hay emociones negativas o positivas, en la historia de la humanidad el hombre ha enfrentado catástrofes. Creemos que debemos de eliminar la tristeza, el miedo, la ansiedad, pero “si alguien está triste no hay que evitarlo. Es normal que estemos agotados, cansados, tristes y si queremos evitar esas emociones lo que haremos es profundizarlas. Lo que hay que hacer es no evitar esas emociones, hay que aceptarlas y trabajar para ir saliendo de ellas”.

Para lograrlo, recomienda hablar en voz alta para exteriorizar los pensamientos, acercarse a los apoyos  familiares y comunitarios y si eso no es suficiente acudir por apoyo a las instituciones.

Hay que dejar de lado la visión individualista del ser humano, ver a la sociedad como una comunidad, la fortalece. Y no hay que preocuparnos porque generaremos nuevos códigos para saludarnos, para salir y relacionarnos.

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