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El pacto patriarcal sí existe y goza de buena salud en las más altas esferas políticas de México

Omar Páramo

El 17 de febrero, tras saberse que el partido en el poder lanzaría como candidato a la gubernatura de Guerrero a un hombre acusado de violación, se hizo viral el hashtag #PresidenteRompaElPacto, con la intención de que Palacio Nacional no diera su aval a una persona sobre la que pesan señalamientos tan graves. La respuesta del mandatario fue la de asegurar que él no sabía nada de eso. “¡Hasta pensé que me hablaban del Pacto por México!”, declaró.

Yolitzin Jaimes, vocera de la Colectiva Nacional Feminista Ningún Agresor en el Poder (Conafem) y una de las opositoras más visibles a la designación de Félix Salgado Macedonio, pide ser claros para evitar salidas así de tangenciales y elusivas. “Cuando hablamos de pacto nos referimos al pacto patriarcal, es decir, a la complicidad por omisión, a la violencia de Estado que se ejerce cuando un hombre poderoso protege a otro hombre con poder, lo respalda, lo solapa y lo deja cumplir sus ambiciones políticas con total impunidad”.

Sobre Salgado pesan cinco acusaciones de abuso sexual (una contra una menor de edad) y tres procesos de investigación en la Fiscalía de Guerrero (uno ya prescrito por datar de hace 22 años y otro susceptible de ser reactivado); sin embargo, esto no impidió que Morena decidiera poner al senador con licencia en las boletas, ni que al ventilarse estos casos y plantearse la necesidad de reponer el proceso selección, la Comisión de Honor del partido, en vez de inhabilitar al político bajo sospecha, le permitiera contender de nuevo.

Algunos analistas ya señalan que, como el tiempo legal para registrar candidaturas era el 1 de marzo y que como Salgado fue el único registrado antes de la fecha límite, él continuará como la única opción incluso si no sale victorioso de la encuesta, a menos que renuncie por voluntad propia, aunque columnistas como Julio Astillero ya adelantan que esta dilación es apenas una estrategia “para que la candidatura de Salgado Macedonio no parezca un hecho morenista consumado durante los actos feministas del próximo 8 de marzo”.

Para Yolitzin, el que se le allane de tal manera el camino a una persona con tantos cuestionamientos (“pues además de los de abuso sexual tiene otros”) sólo puede darse al amparo de la complicidad masculina, situación que le recuerda a la del intelectual Andrés Roemer, quien pese a las acusaciones en su contra por parte de más de 20 mujeres aún mantiene su programa en TV Azteca y, además, ha sido defendido públicamente por Ricardo Salinas Pliego.

Si esto no es evidencia de que el pacto patriarcal existe, ¿entonces qué es?, pregunta la activista, quien no puede dejar de manifestar su sorpresa de que el presidente de México —quien debería saber de todos los problemas del país— confunda esto con el Pacto por México firmado por el PRI, PAN y PRD. Por fortuna López Obrador le preguntó a su esposa de qué se trata el pacto; ella ya le explicó.

Pintando el país de violeta

El 24 de febrero, en Iguala durante una manifestación contra el candidato de Morena, Yolitzin Jaimes fue golpeada por un grupo de seguidores y familiares de Salgado Macedonio, hecho que repercutió globalmente debido a que ahí estaban los presidentes de México y Argentina. Fue así como se viralizó otro hashtag: #TodasConYolitzin.

Para la activista, esta agresión es una muestra más de cómo, desde el poder, se hace de todo para silenciar a cualquier voz que cuestione el pacto, de ahí que considere crucial el visibilizar tales hechos.

“Llegamos a manifestarnos muy de mañana y, al mediodía, nos incrustaron a gente de Salgado que tenía la consigna de ahogar con sus megáfonos nuestras demandas. Uno de esos altavoces me lo acercaban a todo volumen al rostro y cuando pedí que lo alejaran me golpearon con él, estrellándome los lentes y empapando mi cubrebocas de sangre. Ellas querían que devolviera el golpe para que los medios tomaran la foto y dijeran ‘¿ven cómo las feministas son muy violentas?’. Claro que no les respondí como deseaban, pero me puso muy triste saber que, quien me lastimó, era otra mujer”.

Hoy, Yolitzin Jaimes es una de las figuras más visibles del feminismo no sólo de Guerrero, sino de México, y para ella esta transformación de burócrata en luchadora social y figura pública empezó aquel domingo 24 de abril de 2016, cuando era directora del Instituto Municipal de la Mujer en Taxco de Alarcón, y decidió participar en la Movilización Contra las Violencias Machistas.

“Mis jefes se enteraron de eso que hice en mi día de descanso, montaron en cólera y me despidieron sin derecho a finiquito. Lo injusto de ese hecho me hizo abrazar con más convencimiento esta causa y comencé a recorrer el estado para tejer redes, para llevar el feminismo teórico a donde no se hablaba de esto, para acompañar a víctimas de violencia y para muchas otras cosas de las que debería encargarse el gobierno, pero que terminamos haciendo en lo individual porque, las mujeres, sólo nos tenemos a nosotras mismas”.

Debido a llevar tanto tiempo abriendo brechas, a Yolitzin le causa extrañeza que el presidente de México llame a sus exigencias un mero producto de la temporada electoral, a su movimiento una moda extranjerizante y que se dedique a observar mil y un defectos en las feministas, pero que no se detenga un segundo para ver lo que significa el respaldar a un hombre como el que desea para Guerrero.

“A las mujeres nos cuesta mucho más luchar porque nos cuestionan todo, porque siempre se cree que hay alguien detrás de nosotras jalando los hilos y jamás se considera que lo que nos mueve es la empatía y el acuerpamiento de las víctimas”, dice la activista, quien pese a estos obstáculos está convencida que esta lucha cambiará las estructuras sociales para siempre. Hoy en la fachada del CEN de Morena, en una de tantas pintas en repudio a Salgado Macedonio que hay, aún puede leerse: “No somos histéricas, somos históricas”.

Construyendo una oposición legítima

El 1 de marzo, la directora de la Revista de la Universidad de México, Guadalupe Nettel, publicó en The New York Times una columna desde donde advierte: “Avalar la candidatura de un agresor (…) implica refrendar los abusos ahí donde más urge erradicarlos. Si Salgado resultara electo gozaría además de los privilegios del fuero y las acusaciones que hoy pesan sobre él no podrán investigarse”.

Pocos párrafos después la escritora agrega: “Pero las mujeres seguiremos en pie de lucha y lo haremos como lo hemos hecho siempre: solas y desprovistas de protección del gobierno. Nuestra responsabilidad es seguir impulsando cambios sociales de fondo respecto a la violencia y la desigualdad de género, sin importar quién esté en el poder y hasta dónde llegue su entendimiento”.

Como una votante de la 4T, Yolitzin Jaimes se dice muy decepcionada del giro que están tomando las cosas y no sólo por ella, sino por las militantes al interior de Morena que han objetado la candidatura, juntado firmas para detenerla e incluso amenazado con dejar el partido (como Estefanía Veloz) si este hecho se consuma.

En su columna del NYT, Guadalupe Nettel planteaba necesario “no volver a proteger a ningún individuo acusado de violación. Esto es lo que significa romper el pacto y esto es lo que estamos pidiendo”.

Yolitzin Jaimes dice ser de la misma opinión que la directora de la Revista de la Universidad, pues considera que todas sus demandas bien caben en esa frase entrecomillada, aunque confiesa que luchar contra dicho pacto es una tarea tan desgastante que sólo sigue en ella porque tiene una certeza que le aligera el camino.

“Ya creímos en los partidos y nos defraudaron, y esto me hace caer en cuenta de que somos la oposición más legítima contra un gobierno que ignora a las víctimas. Y es que nosotras somos una oposición crítica que hunde sus raíces en un movimiento de siglos al que ya nadie detiene, porque a diferencia de ellos, que los mantiene su búsqueda del poder por el poder, a nosotras nos sostiene algo mucho más fuerte y que siempre estará ahí: la solidaridad entre mujeres”.

 

 

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