Cultura

El Museo de la Luz cumple 20 años

Omar Páramo

A 20 años de su creación, el Museo de la Luz ha tenido dos casas y ya se apresta a mudarse a la tercera. Abrió sus puertas el 18 de noviembre de 1996 en el Templo del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo —donde alguna vez estuvo la Hemeroteca Nacional— para luego trasladarse a su sede actual (el 1 de octubre de 2010): el Patio Chico del Colegio de San Ildefonso.

La próxima parada de su recorrido será Ciudad Universitaria donde ocupará un edificio de inspiración prehispánica —erigido entre Avenida del Imán y el Universum— especialmente diseñado para albergar sus diversas muestras y contenidos.

A fin de celebrar sus dos décadas como referente de la divulgación, además de poner a la venta un boleto conmemorativo, el Sistema de Transporte Colectivo Metro montó la exposición Más allá de la luz en el Túnel de la Ciencia, considerada la galería con mayor afluencia del mundo, pues por este pasillo de la estación La Raza transitan más de mil 600 millones de usuarios al año (cantidad 20 por ciento mayor al número de habitantes en China).

Por su parte, el museo realizó una serie de eventos que culminarán el 18 de noviembre con la conferencia magistral Luz y medicina, a cargo del doctor Julio Sotelo Morales, y una mesa conmemorativa en la que participarán la titular del recinto, Ana María Cetto; el director general de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, José Franco, y Luis de la Peña, del Instituto de Física, entre otros.

Ambas actividades tendrán lugar en el auditorio Fósforo, palabra que por una afortunada coincidencia etimológica significa ‘portador de luz’, aunque en realidad fue bautizado así por el pseudónimo compartido por Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán al firmar sus críticas cinematográficas.

¡Luz, más luz!

El 22 de marzo de 1832, Goethe pronunció sus últimas palabras: “Luz, más luz” —Licht, mehr licht—, frase que podría inscribirse a la entrada de este museo dedicado a esta radiación electromagnética y su impacto en la vida cotidiana, la óptica, el arte, la física y la biología.

Con este fin, el recinto imparte los talleres Anamorfismo, El Disco de Newton, Caleidoscopio, Muralismo, El Principio de la Fotografía, Reloj Solar, El Perico Mágico, El Círculo Cromático, La Cocinita Solar, El Columpio Electromagnético y Vitralismo, entre otros, así como diversas conferencias y charlas cada jueves y viernes.

Además, alberga una centena de aparatos, como el concentrador y el horno solar, un columpio electromagnético y la “ecoesfera”, una pecera sellada herméticamente que permite la supervivencia de camarones, caracoles y algas a través de la luz.

Como cualquier organismo vivo, el museo ha crecido en estas dos décadas, al grado de que ha debido abandonar cada sede en cuanto comienza a quedarle chica: primero dejó los mil metros cuadrados del Templo del Colegio Máximo de San Pedro y San Pablo para ocupar los más de mil 500 del Patio Chico de San Ildefonso; ahora se trasladará a CU, donde dispondrá de nueve mil 740.

En este gran espacio dispondrá de seis áreas de exhibición, un foro de exposiciones temporales, demarcaciones para muestras al aire libre, un centro de información y documentación, un laboratorio experimental, un auditorio, salón de usos múltiples, zona de talleres, restaurante, tienda y, sobre todo, la posibilidad de expandirse según se lo exijan las circunstancias.

Así es como el recinto universitario —que recibe a más de 100 mil visitantes al año— celebra sus dos primeras décadas: con un boleto de metro, diversas actividades, foros, conferencias y un nuevo recinto que, en palabras de Goethe, le permitirá albergar “luz, más luz”.

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