Salud Sociedad

El 8 de Agosto y el placer femenino

Por: Dení Ojeda (FFYL)

Nota original de la Coordinación para la Igualdad de Género UNAM
https://coordinaciongenero.unam.mx/2022/08/el-8-de-agosto-y-el-placer-femenino/

Cada 8 de Agosto se celebra el Día Internacional del Orgasmo Femenino, fecha que nos otorga la posibilidad de desmantelar prejuicios y tabúes alrededor del placer femenino y la educación sexual de las mujeres.

Esta celebración se originó en el municipio brasileño de Esperantina, donde el concejal José Arimateia Dantas Lacerda decidió hacer un llamado público al reconocimiento de la disparidad de géneros cuando se trata del placer.

Una encuesta realizada por alumnos de la Universidad Federal de Piauí, detectó que el 28% de las mujeres de la región tenían problemas para llegar al orgasmo.

Dantas Lacerda reconoció al orgasmo femenino como una cuestión de salud pública. Señaló lo difícil que es lograr una educación sexual libre de tabúes en regiones como la que presidía. En sus palabras, “en el interior del Nordeste (brasileño), es difícil abrir la cabeza de una mujer para que ella luche por su placer”. Con esta celebración, se esperaba fomentar la discusión de temas como el placer femenino, pero también temas más amplios sobre sexualidad, como la eyaculación precoz, la frigidez, la sexualidad en la adolescencia y la sexualidad durante la tercera edad.

Esta fecha se consolidó a lo largo de varios años, con conferencias y pláticas de especialistas que acudían a la región (salvo su cancelación en 2011 por cuestión política y económica), y su importancia no sólo se mantuvo en el terreno de salud, puesto que Dantas Lacerda ha declarado que “el orgasmo libera y lleva a las personas a un lado más solidario, que puede entrar en conflicto con el sistema”, uniendo así sus esfuerzos a toda una corriente de pensamiento que postula al orgasmo femenino como un ejercicio revolucionario.

¿Por qué en 2022 sigue siendo necesaria la labor de reivindicar el placer femenino como un ejercicio revolucionario a nivel político y social?

Más allá del servicio a la salud que conlleva el difundir información sobre el autoconocimiento, (sobre)vivir en países con una cultura machista y falocentrista, como lo son los países latinoamericanos, implica que todxs crecemos bajo constructos ideológicos orientados a sostener la masculinidad como perspectiva universal, y para ello, es necesario que el sistema sociocultural y las infraestructuras que éste crea, mantengan como tabú todos aquellos temas que le puedan dar liberación a la mujer o a las disidencias sexogenéricas.

Hablar libremente del placer femenino, de la sexualidad sin complejos, del autoconocimiento a través de la masturbación, o de la autogestión de nuestras corporalidades, entre muchos otros temas, sigue siendo visto con morbo, lo que da pie a pánicos morales injustificados.

La male gaze en el orgasmo femenino

La male gaze (traducida literalmente como “mirada masculina”) impregna nuestros medios de comunicación y a los productos culturales que éstos crean. Es gracias a ella que cuando se hace uso del placer como concepto dentro del proceso de creación artística, usualmente se le define a través de hábitos y prácticas relacionados con el placer masculino, pues es éste el que los medios y contenidos eróticos se enfocan en obtener.

Tan sólo en 2021, el grupo de investigación comisionado por una de las páginas de contenido pornográfico más visitadas en la red, determinó que en su listado anual de “categorías más populares”, los primeros 7 sitios son ocupados por términos que reducen a las mujeres a ser vistas a través de descriptores objetivizantes o que perpetúan la violencia contra la mujer (ya sea a nivel discursivo o a nivel gráfico) mientras que la categoría “popular para mujeres” ocupó el noveno puesto y el término “orgasmo femenino” apenas llegó al puesto número 13. La lista se compone de únicamente 20 lugares.

En el segundo lugar de esa lista se encuentra la etiqueta de “sexo lésbico” (con un aumento del 170% en la cantidad de mujeres que consumen este contenido), pero lo que en apariencia podría considerarse como una reivindicación de la sexualidad femenina, una aceptación de las relaciones sáficas por parte de la sociedad, o la valorización apropiada del trabajo sexual ejercido por mujeres para mujeres; en realidad es una categoría que, en su mayoría, consiste de contenido que ha sido creado con un enfoque al voyeurismo de la male gaze.

El orgasmo femenino se ha promovido por décadas como objeto de consumo masculino, no como un ejercicio de autoafirmación de las individuas ni como una reivindicación de la propia sexualidad de las mujeres. 

 Este hecho no sólo desvaloriza la labor de las mujeres que trabajan en la industria pornográfica, sino que además, podría llegar a perpetuar creencias machistas en torno a la sexualidad femenina e incluso puede llegar a normalizar las violencias en contra de las mujeres.

A pesar de que en años recientes, la cantidad de mujeres que consumen y apoyan este tipo de contenido ha aumentado. La industria por sí misma no ha cambiado sus prácticas de creación ni parece haber replanteado de forma sustancial la forma en que piensa en torno al orgasmo femenino. El contenido más consumido por las audiencias sigue presentando una visión sesgada de la sexualidad femenina, ya que tiene por principio, el ser apetecible para el consumo masivo a través de la mirada masculina.

Contrapropuestas

Contrarrestar estas perspectivas en el discurso dominante es posible a partir de la difusión de fechas como el Día del Orgasmo Femenino, pues es a través de campañas de conciencia sobre la reivindicación y resignificación del placer femenino que las mujeres pueden cambiar los parámetros de cómo se conceptualiza el placer en general.

El orgasmo femenino no como objeto de consumo, sino como la reafirmación de las mujeres como individuas con el pleno derecho a disfrutar y definir para sí mismas qué significa el placer.

Reafirmar el orgasmo femenino como placer por y para las mujeres, también implica que, a la larga, se desmantelan tabúes. Así podemos establecer nuevos paradigmas de creación de contenidos (tanto eróticos como educativos), para redimensionar una multitud de temas en torno al Yo femenino y su sexualidad, desde una perspectiva de respeto, y sobre todo, desde la no-violencia.

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